
Escribe: Patricio Valderrama-Murillo, experto en fenómenos naturales
Enero de 2026 trae una foto clara del Pacífico: La Niña se debilita y el escenario base hasta marzo es neutral. El Centro de Predicción Climática de la NOAA indica una transición a condiciones neutras durante enero–marzo con probabilidades que rondan el 65–75%, lo que, en la práctica, significa un verano sin el “forzante” típico de El Niño o La Niña y, por tanto, con lluvias más gobernadas por la estacionalidad que por una señal oceánica dominante. Para la gestión —pública y privada— esto es una buena noticia de corto plazo: menos volatilidad “importada” desde el océano y más responsabilidad local sobre drenajes, taludes, operación eléctrica y logística diaria.

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Pero neutral no es sinónimo de relajarse. Los análisis multimodelo del IRI (Universidad de Columbia) muestran algo que conviene mirar desde ahora: si bien El Niño es poco probable antes de que termine el verano austral, la probabilidad de un calentamiento sostenido aumenta gradualmente en el año y trepa hacia 26–38% entre mayo–julio y julio–septiembre de 2026. No es un pronóstico cerrado —la “barrera de la primavera” reduce la habilidad de los modelos—, pero sí una señal suficiente para que las empresas y los gobiernos locales planifiquen un segundo semestre con escenario Niño como caso de riesgo. Quien espere a junio para ajustar abastecimiento, contratos de energía o campañas de prevención llegará tarde.
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En la costa peruana, la Comisión Multisectorial ENFEN mantiene su sistema de alerta para Niño/La Niña costeros en “No Activo”, con predominio de condición neutra para el verano y, a la vez, con la advertencia de que desde abril podría consolidarse un calentamiento débil si la atmósfera acompaña. Traducido al terreno: enero–marzo se opera como verano neutral —drenaje urbano, conservación vial por niveles de servicio, riego eficiente y sanidad de cultivos—, mientras se va preparando el “plan B” para un posible Niño en la segunda parte del año.
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La lectura económica es directa. logística y comercio incorporan el pronóstico diario para evitar calles anegadas y mantener las entregas a tiempo, el efecto en ventas y costos equivale al de una buena promoción; si el riesgo Niño se materializa después del verano, habrá que asegurar inventarios críticos y rutas alternas con antelación. En energía, la operación prudente de embalses y respaldos reduce interrupciones ahora y deja margen si cambian los patrones de demanda en un escenario cálido más adelante. En agro, la ventana neutral se aprovecha con siembras y cosechas escalonadas y drenaje parcelario, pero conviene ya presupuestar medidas ante exceso de lluvia y deslizamientos si la señal cálida se afianza en el 3T. El mensaje es simple: neutral hoy, alerta mañana. El océano aún no decide, pero nuestros contratos, cronogramas y presupuestos sí pueden decidir cómo nos encontrará un posible El Niño posverano.








