
A estas alturas del año, con apenas una semana desde que empezó, es habitual que muchas personas se animen a hacer públicas sus “predicciones” sobre lo que traerán los siguientes meses. De hecho, es común ver en los noticieros a individuos que, llenos de confianza, se lanzan a vaticinar el resultado de las elecciones, al ganador del mundial de fútbol o a presagiar desastres naturales o tragedias de todo tipo.
Pero la realidad nos ha enseñado –sobre todo en los últimos años– que, lejos que tratar de adivinar un futuro incierto, lo más conveniente es mantenerse al tanto del presente. Y rastrear las tendencias y eventos que pueden, no solo definir el desenlace de nuestras inversiones y negocios, sino también darle forma al Perú y al mundo en el largo plazo. En ese sentido, empezar el 2026 con algunas preguntas clave sobre temas importantes, para ir revelando con el paso de los meses las respuestas, puede ser bastante útil.
En el caso de nuestro país, por ejemplo, más que preguntarnos desde ya quiénes ganarán las elecciones y pasarán a gobernarnos y a legislar por los siguientes cinco años –pues sabemos que definir esto es un ejercicio complicado a estas alturas de la contienda–, puede ser más productivo preguntarnos qué es lo que están poniendo los candidatos sobre la mesa: ¿Hasta qué punto se están abordando problemas como la informalidad y la inseguridad ciudadana? ¿Se están planteando medidas razonables para reforzar la institucionalidad, fortalecer la confianza y atraer mayor inversión privada? ¿Lo que se propone es viable, constitucional y técnicamente?
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Desde el primer momento, dependerá de nosotros estudiar y estar atentos a cómo los postulantes plantean abordar todos estos temas. Pero esa es apenas una parte de la debida diligencia que debemos poner en práctica y que acompaña a otra tanda de preguntas sumamente importantes que debemos empezar a hacernos: ¿Quiénes acompañan al candidato a la presidencia? ¿Existe un equipo experto capaz de convertir las promesas en hechos? ¿Qué cuestionamientos tiene este potencial diputado o senador?
Asimismo, a lo largo del año será importante pensar sobre el futuro de algunas tendencias clave, como la inteligencia artificial. En el 2026, de hecho, se cumplirán cuatro años desde que ChatGPT cambió la forma en la que entendemos e interactuamos con esta tecnología, dando inicio a un ‘boom’ que se ha traducido en más de US$400 mil millones de inversión de empresas estadounidenses en centros de datos y otra infraestructura necesaria para su desarrollo. Algunas estimaciones apuntan a que, hacia el cierre de la década, la inversión acumulada en esta industria superará los US$7 billones. Sin embargo, frente a retornos anuales relativamente pequeños –alrededor de US$50 mil millones, según The Economist–, la conversación sobre una posible “burbuja” se ha hecho popular en los últimos meses.
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Así las cosas, las preguntas que debemos empezar a hacernos son claras: ¿será el 2026 el año en el que nuestra capacidad de aprovechar la IA finalmente se alinee con la magnitud de la inversión que se está haciendo en ella? Y, teniendo claro lo que puede hacer ¿qué tan bien será capaz de hacerlo en la práctica en los sectores donde ya se está utilizando –como la medicina, las finanzas o la logística–? Además ¿cómo evolucionará la regulación de esta herramienta alrededor del mundo? ¿Qué habilidades esta exigirá del mercado laboral?
Todo esto se alinea con otra área que demandará mucha atención: el comercio internacional. En el último año, los ajustes en este campo han sido notables, impulsados por mayores fricciones entre los principales mercados del mundo, por cambios relevantes en los costos y condiciones para exportar hacia Estados Unidos y por la forma en que las tensiones geopolíticas han venido condicionando acuerdos comerciales, cadenas de suministro y decisiones de inversión. Y es casi inevitable que en el 2026 haya más movimientos en ese sentido. En esa línea, algunas preguntas a tener presentes son: ¿Qué rol tendrá el proteccionismo en el comercio en los próximos meses? ¿Cómo se adaptarán el Perú y el nuevo Gobierno a lo que se viene? ¿Estamos preparados para seguir aprovechando el precio de los metales? ¿Qué posición –si es que alguna– tomaremos ante las disputas entre los grandes mercados mundiales?
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Y hay muchas otras áreas que debemos seguir de cerca. Lo importante, como decía, es no asumir que lo que se viene estará escrito en piedra o que podremos saberlo desde ya. La clave está en mantenerse informado, preparado y en saber aprovechar las oportunidades y mitigar los riesgos que puedan presentarse.








