
Escribe: Jorge Beingolea, director de Soluciones de Portafolio de Credicorp Capital Asset Management
El 2025 fue nuevamente un año bueno para la renta fija global (que rindió 9.3% en el año) y uno excelente para la renta variable (22.3% de rentabilidad anual). Ya con el 2025 en el retrovisor y empezando el 2026, es un buen momento para hacer un repaso de nuestros aciertos y errores en términos de estrategia de inversión global para el año que acabó y actualizar nuestras expectativas para el año que comienza.
Empezando con los aciertos, predijimos correctamente que la economía estadounidense seguiría funcionando de manera robusta, dada la buena salud financiera del consumidor, el estímulo fiscal venidero y el auge de la inversión en capital fijo para el desarrollo de la inteligencia artificial; el crecimiento final para 2025 probablemente terminará siendo cercano a 2.1%, lo cual está levemente por encima del crecimiento potencial estimado para EE. UU. Asimismo, la inflación siguió acercándose lentamente a la meta de 2% de la Reserva Federal; la cifra para diciembre 2025 fue de 2.7%. En este contexto, pronosticamos correctamente que la Fed continuaría reduciendo moderadamente su tasa de referencia durante 2025; efectivamente, la autoridad monetaria de EE. UU. redujo dicha tasa en 75 puntos básicos durante la segunda mitad del año. De esta manera, nuestro posicionamiento recomendado -el cual sobreponderaba renta variable y subponderaba renta fija y caja- resultó agregando valor en los portafolios que gestionamos. También resultó siendo apropiada nuestra recomendación de manejar tácticamente la duración en la renta fija, teniendo en cuenta que las tasas de largo plazo se movieron dentro de un rango relativamente acotado durante el año.
En cuanto a predicciones que resultaron no tan acertadas, quizás la más relevante fue la de la prolongación del liderazgo global de la bolsa de EE. UU. Si bien el S&P 500 tuvo otro muy buen año (rindió 17.3%), impulsado nuevamente por las acciones a grandes rasgos clasificadas como tecnológicas, las demás bolsas regionales lo superaron significativamente. Este hecho se debió, entre otras causas, a la debilidad del dólar y fortaleza de los metales preciosos -lo cual benefició notablemente a la bolsa latinoamericana- en un entorno de reconfiguración de reservas internacionales de los principales bancos centrales del mundo. Asimismo, luego de un largo periodo marcado por política fiscal tenue, la Unión Europea tomó medidas asertivas para estimular su economía, lo cual fue bien recibido por los mercados. Finalmente, la adaptación de las cadenas de suministro chinas ante la política arancelaria implementada por EE. UU. favoreció a las economías de Asia emergente.
Para terminar, creemos que el 2026 el contexto fundamental de la economía global debería seguir siendo saludable: la actividad se seguirá sosteniendo de forma robusta, la inflación continuará su lenta convergencia hacia la meta de los principales bancos centrales y estos – en particular, la Fed- podrán mantener la senda de gradual normalización monetaria. En principio, esto augura un buen resultado para las acciones, por lo cual seguimos recomendando una leve sobreponderación en esta clase de activo, financiada con caja. Sin embargo, hay que tener en cuenta que existen riesgos de cola relevantes: las altas valorizaciones incorporan ya muchas buenas noticias y dejan vulnerables a los activos de riesgo, particularmente los de EE. UU., los cuales son susceptibles a decepciones en el desarrollo de la infraestructura para sostener la industria de inteligencia artificial. Por ende, seguimos recomendando sesgar los portafolios de renta variable hacia mercados emergentes, los cuales deberían seguirse beneficiando de materias primas al alza y valorizaciones relativamente más atractivas.







