Por más de 2000 años, la ruta de la seda ha transportado infinidad de herramientas, desde la seda misma, hasta religiones, pasando por enfermedades.

En el siglo II a.C., era la conexión entre el Imperio Romano y , pues la demanda de seda caía a pelo con las ganas de venderla de los chinos.

Pero esta red de 6,400 kilómetros, con temperaturas desde los -40° hasta los 50°, que trepa montañas, estepa y desierto, no solo compartía tejidos.

En los dos años que tardaba el viaje pasaban innumerables eventos, se cruzaban muchas caravanas, y se transportaban especias, barniz, pieles y porcelana (de ida); así como oro, piedras preciosas o vidrio (de vuelta).

El comercio tuvo consecuencias afortunadas. Se compartió tecnología, como el papel y la pólvora. Pero también trajo infortunio, como la peste bubónica y otras enfermedades desde Asia.

El auge culminó con el mayor uso de las rutas marítimas, que eran más rápidas y seguras. Ahora, China planea instalar una nueva ruta de la seda, que costará más de US$ 1,000 millones.

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