En 1998, con la mayoría de los equipos ahogados en deudas, el Congreso firmó una ley presentada por el ex gran jugador de fútbol y entonces ministro de Deportes Edson Arantes do Nascimento, o Pelé, para obligar a los clubes exentos de impuestos y con pérdidas de dinero a convertirse en negocios con fines de lucro.
En 1998, con la mayoría de los equipos ahogados en deudas, el Congreso firmó una ley presentada por el ex gran jugador de fútbol y entonces ministro de Deportes Edson Arantes do Nascimento, o Pelé, para obligar a los clubes exentos de impuestos y con pérdidas de dinero a convertirse en negocios con fines de lucro.

Si el fútbol es una religión en Brasil, podría necesitarse una plegaria. Una conspiración de errores e infracciones por parte de la élite que maneja el fútbol profesional ha malgastado el talento y ha dejado a la apreciada institución nacional en el caos. En consecuencia, el deporte insignia de Brasil ha sufrido una escasez de trofeos (el último título de la copa mundo de Brasil fue en el 2002), graderías vacías y estadios abandonados, por no mencionar la temida “fuga de pies” que envía a los jugadores más prometedores al extranjero en su mejor momento.

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