
OPINIÓNCarlos CasasECONOMISTA – UNIVERSIDAD del pacífico
Ya es un hecho aceptado que el PBI peruano crecerá alrededor del 5% este año. Ello implica una desaceleración con respecto a la velocidad de crucero que observábamos en los años previos. Eso ha desatado la discusión sobre si la tasa de crecimiento de largo plazo de la economía peruana está en la cifra a observar este año o a niveles más altos. Esta discusión acerca del PBI potencial es un debate que dependerá de muchos factores, tanto metodológicos como de reformas que se hagan en el futuro. En el largo plazo, el crecimiento dependerá de reformas estructurales que se introduzcan de tal manera que se logre incrementar el nivel de productividad de la economía. Este nivel de productividad ha crecido en los últimos años, pero aún es insuficiente si queremos entrar a las grandes ligas. Desde el punto de vista conceptual, se reconoce que factores que pueden contribuir a generar un mayor crecimiento son la inversión privada, el capital humano, infraestructura pública y la innovación tecnológica. Estos factores se retroalimentan y no es posible crecer basándonos solamente en algunos pilares. La inversión privada ha venido creciendo fuertemente y ha alcanzado cifras por encima del 25% del PBI. Asimismo, la inversión pública ha crecido en los últimos años de manera significativa. Sin embargo, si no mejoramos en los dos factores adicionales se pueden convertir en limitantes para el crecimiento. El debate sobre la calidad de la educación y el pobre sistema de investigación y desarrollo que tenemos en el país así lo demuestran.Esta es la perspectiva de largo plazo que nunca debe perderse de vista. Sin embargo, la discusión que tienen todos los agentes está referida a cómo será el siguiente año. Y la respuesta típica es: depende. ¿De qué depende? De las condiciones internacionales e internas. En el ámbito externo, las expectativas son favorables, dado que se ven signos de recuperación de las economías más desarrolladas. Cifras como las de crecimiento de Estados Unidos y signos de recuperación de España y otras economías europeas así lo sugieren, aunque en este último caso la incertidumbre es mayor. Por el lado de los países emergentes, el más importante es China, que se ha acomodado a una tasa de crecimiento de un dígito, pero de manera ordenada. Esta mejor perspectiva del entorno internacional lleva a que las proyecciones de crecimiento estén en un rango de 5.5% a 6% para el próximo año.Lo anterior se hace bajo el supuesto de que las condiciones internas se van a mantener. Se supone que la demanda interna seguirá creciendo a las tasas actuales. Sin embargo, no debemos bajar la guardia porque en economía nada está dado. Para mantener el dinamismo de la demanda interna se debe evitar choques adversos de expectativas como los ocurridos este año. Creo que el Gobierno ha aprendido de ello y cada vez son más las señales de apoyo a la inversión privada y el esquema económico actual. Pero a ello deben sumarse dos elementos importantes. Por un lado, favorecer el entorno para la inversión, simplificando trámites y mejorando la eficiencia del Estado y, por el otro, impulsar de manera más decidida proyectos emblemáticos de inversión privada y asociaciones público-privadas, de tal manera que se vea un mayor compromiso del Estado. La inversión privada es como un animal huidizo que donde se siente seguro se queda. Esto último es obligación de las autoridades económicas.
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