
OPINIÓNJorge GonzálezIzquierdoECONOMISTAuniv. del pacífico
Una discusión que se creía superada ha vuelto a resurgir en los últimos tiempos a raíz de la Gran Crisis 2008-2009: sobre la conveniencia del régimen monetario-cambiario para un país. Algunos estudios empíricos recientes señalan que las diferencias en comportamiento de variables como volatilidad de la producción, empleo, inflación, son mínimas cuando se comparan países con tipo de cambio realmente fijo y aquellos con tipo flexible e "inflation targeting". Sin embargo, considero que la superioridad del tipo de cambio flexible es clara para economías suficientemente abiertas al mundo y que presentan rigideces en el comportamiento de precios, sobre todo de salarios, como está claramente demostrado por la crisis que el mundo está viviendo. En vez de usar argumentos sofisticados para demostrarlo, vamos a emplear un método simple, pero por demás claro.Supongamos que en el Perú existe un productor de zapatos con la siguiente ecuación de formación de precios:Costo de producción: 200 soles.Margen: 20%. Precio venta público: 240 soles.Después de un tiempo el productor desea exportar los zapatos que produce. En este caso lo que importa es el precio en dólares con lo que entra en escena el tipo de cambio nominal y real (TC).Supongamos que el TC inicial es de 1 sol = 1 dólar. El precio en dólares del par de zapatos será de 240 dólares, precio con el que saldrá al extranjero a vender.Pero más tarde se produce una devaluación y el precio del dólar se vuelve 1 dólar = 2 soles. Ahora el precio en dólares de los zapatos será ¡120 dólares! Se ha vuelto más competitivo. ¿ Debido a qué? Quizá a que redujo sus costos (mayor eficiencia). No. ¿Redujo su margen? Tampoco. ¿Entonces? A que el TC nominal y real subió. Es el "milagro" de la devaluación.Pero un país con tipo de cambio realmente fijo, como los países de la periferia de la Eurozona, no puede recurrir a la devaluación. Si estos quieren exportar más como alternativa a su mercado interno deprimido y llegar, por ejemplo, a los 120 dólares, tendrán que reducir su costo de producción y/o su margen en el corto plazo. Para ello deberán reducir salarios, con lo que tendrá que producirse gran cantidad de desempleo, como lo están exponiendo ahora Grecia, España, etc. Ello supone un apreciable costo social. Si los salarios son lentos en ajustarse, tendrán que pasar varios años para que gradualmente se alcance la competitividad y el ajuste deseado. Si el tipo de cambio fuera flexible, el ajuste sería más rápido y a menor costo social.El caso de EE.UU. es igualmente esclarecedor. Se tiene temor de que China deje de comprar (venda) los stocks de bonos de largo plazo del Gobierno de EE.UU. Si se produce, es probable que las tasas de interés de largo plazo suban, con lo que comprometerían su recuperación. Pero al mismo tiempo también es probable que se produzca una devaluación del dólar frente al resto de monedas, con lo que estimulará a la economía. Al primer efecto la FED podría darle solución adecuada, con lo que quedaría solo el efecto expansivo. El tipo de cambio flexible vuelve a mostrar sus bondades. Felizmente que en los años 90 no escuchamos aquí los cantos de sirena para dolarizarnos por completo.
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