
El acceso y uso de servicios financieros por parte de toda la población es económicamente deseable, indispensable, para que los agentes económicos realicen el mayor volumen de compras y ventas.
Crear las condiciones para que cada vez más familias y empresas de todo tamaño puedan contar con los préstamos, depósitos o seguros que necesitan, es necesario, pero no suficiente para elevar sus ingresos. Las iniciativas de inclusión financiera brindan esas condiciones siempre que sean parte de políticas orientadas a fortalecer y diversificar sostenidamente la actividad productiva, el empleo y los ingresos.
Usualmente recibimos ingresos en un periodo, que gastamos poco a poco; en ese lapso tenemos más liquidez que la que gastamos. Guardamos cuidadosamente ese saldo, pequeño o grande, sea bajo el colchón en casa, encargándolo a personas de confianza o depositándolo en una institución financiera, para ir retirando esa liquidez según nuestras preferencias o necesidades, y seguir comprando día a día.
Otras veces tenemos oportunidades atractivas para comprar inmediatamente, pero no contamos con la liquidez; entonces buscamos un préstamo, sea de amigos, parientes, un prestamista conocido, de una organización o de una institución financiera.
Solo si obtenemos el crédito podremos comprar hoy y pagar luego. Por eso los servicios financieros son importantes para las diversas empresas y personas. Aun las poblaciones más alejadas y pobres del país han resuelto sus requerimientos de ahorros y créditos desde siempre, fuera del sistema financiero, aunque con limitada expansión.
En términos conceptuales, los que acceden al sistema financiero pueden utilizar servicios de depósitos, créditos, seguros, etcétera, para elevar su producción o consumo. Ello supone intermediarios financieros que ofrecen productos adecuados, acercando sus servicios a quienes lo requieren, incluso a quienes aún no los utilizan.
A nivel agregado, más transacciones financieras adecuadas, seguras, sostenidas, pueden llevar a mayor crecimiento y menor desigualdad, siempre que los consumidores tengan más ingresos y las empresas realicen sus proyectos para producir más y generar empleos sostenidamente.
La inclusión financiera en el Perú es aún baja (casi 30% tiene una cuenta de ahorro), pero tenemos el mejor ambiente para el desarrollo de microfinanzas y de inclusión financiera. Hay múltiples iniciativas públicas y privadas para expandirla.
Desde el Ejecutivo, una comisión multisectorial impulsa la Estrategia Nacional de Inclusión Financiera que propone mayor uso de pagos electrónicos, depósitos, créditos y seguros y protección al consumidor; la educación financiera es la acción clave, focalizada en grupos vulnerables.
Desde el sector privado, varias instituciones impulsan el Modelo Perú para usar dinero electrónico a través de teléfonos móviles, focalizado en microempresas y poblaciones pobres.
La inclusión financiera permite a empresas y familias realizar más transacciones con sus proyectos económicamente viables, dado que la viabilidad no se alcanza con recursos financieros.
Y permite a las instituciones financieras expandir sus servicios rentables y adecuados. La inclusión financiera debe ser parte de políticas que fortalecen la actividad productiva y mejoran los ingresos sostenidamente, con énfasis en poblaciones pobres y microempresas rurales y urbanas financieramente excluidas.
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