La ética empresarial

Alonso Núñez del Prado ABOGADO

Lo comentado en la reciente CADE por diversos líderes gremiales y expositores debería ser motivo de reflexión para todos los empresarios, especialmente para aquellos que durante la década de los noventa llegaron a afirmar que la actividad empresarial no tenía nada que ver con la ética.

He conocido y conozco a quienes sostienen que a la hora de la labor empresarial es necesario olvidar la ética y los principios morales.

Lo peor de todo es que con frecuencia especialmente en nuestro país sobran los ejemplos de los "exitosos" cuyas fortunas son de origen "cuestionable".

La "business ethics" (ética de los negocios) se recuperó en los Estados Unidos en los años setenta y ochenta a raíz de la caída de las empresas que se vieron vinculadas con escándalos de corrupción, como el caso de Watergate.

La conocida filósofa española Adela Cortina muestra cómo los empresarios norteamericanos tuvieron que aceptar, finalmente, algo que ya era conocido, "que la confianza y credibilidad 'venden', que la calidad es la mejor propaganda" y que lo contrario termina por defraudar al cliente y hundir a la empresa proveedora.

Resulta que en el mundo de los negocios, los ciudadanos no se dejan engañar tan fácilmente como en política. Se puede engañar una o dos veces, pero al final el consumidor optará por la calidad. En Europa se traduce "business ethics" por "ética de la empresa", porque la empresa no es solo simplemente lucrar, sino más bien un grupo humano que tiene un líder y persigue un proyecto por un plazo más largo.

Y algo que se ha aprendido, últimamente, es que la cultura del conflicto, en la que los empresarios se enfrentan a los sindicatos, es más costosa que la de la cooperación.

Así resulta más a cuenta la participación y corresponsabilidad, que las relaciones de jerarquía dura. "Resulta más económico entusiasmar con un proyecto, transmitido de forma transparente, que mantener día a día un despótico régimen de terror", dice Cortina.

Desafortunadamente, esto todavía no lo han entendido un buen número de empresarios, quienes en la búsqueda del máximo beneficio olvidan el viejo refrán que dice que "la avaricia rompe el saco".

Otro de los errores que con frecuencia se comete es el de malentender la palabra competitividad, la que no significa, como algunos creen, guerra abierta y competencia despiadada entre las empresas, sino una relación razonable entre la calidad y el precio, de manera que el producto o servicio interese al consumidor. Así, si el precio es alto para la calidad que ofrece este, no es competitivo.

La experiencia les ha enseñado a las grandes corporaciones internacionales que "lo más barato y seguro es conseguir la competitividad desde la armonía, de lo que han venido a llamarse los 'stakeholders´, los distintos grupos de interés".

Cortina recuerda a los críticos de la "ética de la empresa", que en realidad esta no se ha puesto de moda, sino que "está de actualidad", lo que es muy diferente. No es algo momentáneo, sino que ha emergido de lo más profundo de nuestro ser de personas.

Aunque haya quien afirme que son dos términos irreconciliables (ética y empresa), la realidad es que la empresarial es una actividad humana y, en consecuencia, puede ser moral o inmoral.

Hay dos extremos en la crítica a la business ethics. La conservadora sostiene que solo las personas, que son las que tienen conciencia, pueden ser morales o inmorales.

La de la izquierda, por así llamarla, tiene al mundo empresarial por irremediablemente inmoral, lo que implica que no hay unas más y otras menos, sino que todas están en el mismo canasto de la inmoralidad, cuando la verdad es que en estos 'más' y 'menos' nos jugamos nuestra propia humanidad.

Resumiendo, tenemos que reconocer que las empresas son grupos humanos que se orientan por valores, y que optar por los que humanizan nos conviene a todos. El verdadero fin de la empresa no es lucrar, sino satisfacer las necesidades humanas con calidad, creando riqueza.

Nota: Las citas han sido tomadas del artículo "Ética de la empresa", de Adela Cortina.

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