
DE MAL EN PEOR. Venezuela viene padeciendo la agudización de una escasez de productos básicos y alimentarios, y donde hasta el papel higiénico hace falta.
El Gobierno de Nicolás Maduro ha tenido que sincerar en parte la situación de la economía venezolana, la cual fue embalsada por su antecesor, con la finalidad de lograr la reelección.
Así, en Venezuela se ha devaluado al bolívar, aunque no lo suficiente, y recientemente se decretó un aumento del precio de algunos alimentos, en medio de fuerte escasez de hasta medicinas. Como suele ocurrir, el Gobierno culpa a los empresarios de un sabotaje para derrocarlo, pero la escasez no es más que una consecuencia de los diversos controles, intervencionismo y expropiaciones que se han registrado en la economía llanera.
El elevado e insostenible gasto fiscal con fines electorales llevó al Gobierno incluso a descuidar el aparato productivo de petróleo, lo cual se evidencia al convertirse Venezuela en un importador neto de combustibles, pese a ser una potencia petrolera y disfrutar de elevados precios internacionales.
Pero en medio de esta crisis, parece estar percibiéndose un cambio. Maduro se ha reunido con diversos exportadores en su afán por incrementar los envíos al extranjero, que actualmente son básicamente barriles de petróleo. Además, en una reciente reunión de Maduro con el empresario Lorenzo Mendoza, se ha intentado superar las tensiones. Esa supuesta apertura a negociar con el dueño de la mayor productora de alimentos en Venezuela, inexistente en el anterior mandatario, puede ser el camino para poder sacar poco a poco a Venezuela de la actual crisis que padece. Pero estará en el sector empresarial el creerle o no a un Gobierno que tiene como bandera la confrontación y la expropiación en un reciente pasado.
Pero, al margen de estos acercamientos, cuesta creer que tras desastrosas experiencias en la región, de la que también fuimos testigos, aún se siga concibiendo a los controles permanentes del tipo de cambio y de precios como una solución contra la inflación o la fuga de capitales. Ahora es el turno de sufrir las consecuencias a los venezolanos, y los argentinos parecen no estar lejos de seguir pronto el mismo camino.
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