
Alejandro DeustuaINTERNACIONALISTA
América Latina es percibida genéricamente como una región cuya estabilidad económica tiene los fundamentos adecuados para confrontar un agravamiento de la crisis externa. La inestabilidad política que se abre paso en ella puede, sin embargo, modificar esa percepción. En efecto, la interacción entre conflictividad social concentrada en sectores estratégicos de la economía y el conflicto político que erosiona el orden democrático puede adquirir una masa crítica que es necesario controlar.
Aunque la diversidad política y social del área no permite generalizaciones, sí es posible distinguir ciertos denominadores comunes si se toman como ejemplos específicos el conflicto en el sector minero peruano, la destitución del presidente del Paraguay y las imputaciones de fraude en la elección mexicana.
En el caso peruano es evidente que las expectativas insatisfechas de sectores de la población pueden ser fácilmente organizadas bajo ideologías de circunstancias que encuentran en el ambientalismo político un arma de choque antisistémico. La dimensión transnacional de los legítimos defensores del medio ambiente encuentra acá operadores concretos que aprovechan experiencias ya probadas en Bolivia y Ecuador con el resultado de un cambio radical del orden interno.
En el caso mexicano, se produce un fenómeno inverso: un retorno de representantes del "viejo orden" que promete seguridad y progreso como alternativa a un gobierno liberal al que la violencia del narcotráfico y la crisis económica han impedido una mejor gestión.
Lo extraordinario es que no es este el único caso: más allá de los métodos, en Paraguay, otro partido "tradicional" (el partido Blanco) se ha hecho del poder sin especial protesta ciudadana ni inestabilidad económica y con mucha oposición del ALBA.
El problema es que esos retornos se producen de manera cuestionable: una acusación de fraude en México y un juicio político sumario en Paraguay. Si el primer caso puede generar alteraciones desestabilizadoras locales (quizá pasajeras), el segundo ha confirmado la pérdida de consenso democrático en el área dividiendo más al sistema interamericano (que no ha suspendido a Paraguay) del suramericano (que sí lo ha hecho).El Perú debe contribuir responsablemente a retraer este escenario de inestabilidad creciente.
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