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1 / 3 FOTO 1 | 1. CUIDA LAS HISTORIAS QUE TE CUENTAS DE TI MISMO A veces, sin darnos cuenta, somos nosotros uno de los principales generadores de estrés en nuestra vida. La historia que repetimos una y otra vez acerca de nosotros mismos es inevitablemente subjetiva y obedece a una interpretación que hemos hecho de una situación determinada. En estos relatos solemos ponernos como víctimas: el mundo conspira en nuestra contra. Los clientes, los jefes y los dueños de las empresas son los villanos que buscan complicarnos las cosas. Ellos son los que nos estresan.

2 / 3 FOTO 2 | 2. NO AL ESTRÉS AUTOIMPUESTO ¿Cuántas veces has respondido que estás estresado cuando alguien te pregunta cómo te va? Aunque hacerlo no resuelva nada, utilizas la frase una y otra vez. Tú mismo te juzgas y te sentencias: “Estoy estresado”. Al verbalizarlo conviertes al estrés en tu realidad y terminas por agobiarte incluso en momentos en los que deberías de estar relajado (¿alguien dijo domingo por la tarde?). Aunque no te des cuenta, las palabras tienen un poder inmenso para contribuir a la creación de la realidad en la que vives. La próxima vez que te descubras diciendo o pensando que estás estresado, intenta describir mejor lo que te pasa: “Me siento inseguro porque mañana es lunes y no hemos terminado el proyecto. Tengo miedo de la reacción de mi jefe”. Hacerlo así te ayudará a romper el círculo vicioso de sentirte eternamente estresado. A ubicar una inseguridad para trabajar en ella, a entender exactamente cuáles son los pendientes que debes resolver para dejar de sentirte tan agobiado.

3 / 3 FOTO 3 | 3. DATE TU TIEMPO Aunque suene como una obviedad, es muy difícil darte tiempo para ti mismo cuando existes perpetuamente estresado. Lo más dramático es que resulta absolutamente indispensable hacerlo: necesitas de tu propio tiempo. Cada día. Ese instante para escalar tu montaña, tomar tu fotografía, escribir tu novela, leer ese libro, escuchar esa canción. Hablar contigo mismo. Ese momento en el que eres solo tú. Oblígate a hacerlo parte de tu rutina y jamás permitas que el estrés laboral te lo quite. 30 minutos cada día pueden suficientes para estar bien contigo mismo, con lo que eres, con lo que sueñas; suficientes para darte cuenta de que olvidaste ese objeto oscuro, pesado y circular en el cajón de tu oficina.


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