Alexander Vargas entró a trabajar como aprendiz en la fábrica de cueros de Renzo Costa cuando tenía 21 años. Era su primer trabajo. Sin embargo, poco a poco, fue desarrollándose y hoy, a pesar de que forma parte del 12% de colaboradores no oyentes, lidera parte del equipo de diseño gráfico y fotografía, a través del programa "Renzo Costa piensa en mí".

La iniciativa funciona desde hace siete años y se enfoca en contratar a gente sorda y ciega.

"Primero, los preparamos como mano de obra dentro de la fábrica, para que trabajen en la etapa más primaria de trabajo con el cuero que no exige mayor conocimiento. Así, empiezan como aprendices de mano de obra y luego van calificándose dependiendo de sus habilidades", explica Marina Bustamante, fundadora de .

Confiesa que, al contrario de lo que podría pensar el promedio, el periodo de entrenamiento para la persona sorda es bastante rápido. "Ellos se entregan mucho al trabajo porque les cuesta mucho conseguir uno. Cuando lo consiguen, tratan de aprender lo más pronto posible. Son personas muy leales y trabajadoras", afirma.

Los primeros pasos"Renzo Costa piensa en mí" empezó de pura casualidad. "Conocimos a una joven en un evento, era no oyente y noté que las personas que les falta un sentido, suelen desarrollar otros", cuenta la fundadora de la marca de moda. Considerando que el trabajo con el cuero es 80% manual y exige concentración, notó en ese instante que sería una gran oportunidad. La persona que conoció en dicho evento rápidamente se unió a su equipo.

La gran cuestión cae por su propio peso: ¿cómo generar integración en un equipo de trabajo formado por personas oyentes y no oyentes? El equipo de capital humano de Renzo Costa encontró la respuesta y decidió enseñarle lenguaje de señas al resto de sus colaboradores: alrededor de 300 personas en planta y 200 colaboradores en el área administrativa y de ventas hablan con las manos.

"Todos hemos llevado y llevamos cursos de lenguajes de señas. Hemos aprendido también la importancia de mirarnos a la cara para comunicarnos. Leen nuestros labios por lo que hay que hablar lento. El lenguaje de señas es fácil de aprender y simplificado", indica.

En síntesis, todos los jefes de área, el mismo equipo de planta, el equipo de capital humano y el equipo médico manejan el lenguaje de señas.

Hace siete años, sabían que contar con colaboradores sordos era una experiencia retadora repleta de aprendizajes. Por eso, para recibirlos prepararon al resto de sus colaboradores con un psicólogo para cuidar cualquier tipo de sobreprotección y generar un ambiente inclusivo para sus nuevos miembros.

Además, sabían que para generar un programa más completo no podían dejar a los familiares de los colaboradores no oyentes de lado. "Se trabajó en conjunto con sus familiares, hay reuniones cada cierto tiempo para ver cómo van las cosas dentro del hogar", explica Bustamante.