
Australia no quiere que la relación con Perú termine cuando el estudiante regresa a casa. Ahora apunta a que ese vínculo también abra espacio para capacitación, investigación y conocimiento aplicado a las empresas peruanas, aprovechando las industrias que ambos mercados comparten. ¿Qué modelo busca desarrollar Austrade?
El mercado peruano llevó alrededor de 3,020 estudiantes a Australia durante 2025, según Jorge López Palma, gerente de Educación de la Comisión Australiana de Comercio e Inversión (Austrade). Desde 2022, este flujo habría crecido alrededor de 6% anual y la entidad espera superar nuevamente los 3,000 estudiantes durante 2026.
El interés peruano también pisa el acelerador: a junio, 2,300 peruanos habían sido reclutados para estudiar en Australia.
Pero el dato que interesa a Austrade no es solo cuántos peruanos viajan, sino qué buscan estudiar. Cerca de un tercio opta por educación superior —pregrado, maestrías y doctorados—; otro tercio se concentra en educación técnica, cursos o diplomas, y el restante en idiomas.
La distribución, explicó López Palma, está relacionada con las similitudes entre las industrias de Australia y Perú y con la demanda de profesionales en esas actividades.
“El match entre la gente que va a Australia para algo que luego a su regreso al Perú le ayude en su carrera laboral es muy bueno”, señaló a Gestión.
Y aquí está el giro que permite llevar la historia al terreno empresarial: la cooperación no se queda en el intercambio de estudiantes. El Tratado de Libre Comercio entre Perú y Australia incluye un capítulo específico de educación que contempla el desarrollo de servicios educativos australianos en Perú, además de modalidades como educación en línea, reconocimiento de grados y la posibilidad de establecer campus.

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¿Cómo busca Australia convertir su experiencia educativa en negocio en Perú?
Austrade busca que universidades, institutos de educación técnica y escuelas de entrenamiento peruanas puedan asociarse con instituciones australianas para ofrecer programas desarrollados bajo currícula y estándares de ese país.
La propuesta no parte de cero. Actualmente existen 20 memorandos de entendimiento —MoUs, por sus siglas en inglés— entre universidades australianas y peruanas, según López Palma. Algunos fueron suscritos a nivel institucional y otros entre facultades, lo que permite acuerdos más específicos, desde intercambios y descuentos hasta becas e investigación conjunta.
El espacio que todavía está por desarrollar es la ejecución en Perú de una malla curricular australiana bajo este esquema. A diferencia de los acuerdos de intercambio y dobles grados que ya existen, Austrade señala que aún no hay una experiencia de este tipo.
Tampoco existe una estimación del tamaño potencial. “El tamaño del negocio depende de qué tan agresivo sea el modelo propuesto y aceptado por ambas partes”, explicó López Palma. Por ahora, el siguiente paso es identificar a las instituciones peruanas interesadas y definir el alcance de las alianzas.
La oferta que Australia busca conectar con este mercado va más allá de una carrera universitaria tradicional. El país viene actualizando sus currículas para responder a industrias estratégicas, con mayor presencia de tecnología, inteligencia artificial y competencias STEM —ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas—.
López Palma explicó que este proceso sigue una lógica de triple hélice, en la que academia, industria y Gobierno participan en la definición de las capacidades que requerirá el mercado hacia 2050. En ese mapa aparecen las energías limpias, tecnología e inteligencia artificial, ciberseguridad, manufactura avanzada, salud y biotecnología, economía circular, recursos críticos y agricultura de valor agregado.
Son sectores que Australia vincula con los empleos del futuro y que también tienen puntos de contacto con actividades peruanas como minería, agroindustria y energía. “Son las industrias del futuro que generan los trabajos del futuro”, explicó López Palma.
El modelo también incorpora upskilling —actualización de habilidades— y reskilling —adquisición de nuevas capacidades para una reconversión laboral—. La oferta contempla desde cursos cortos y certificaciones hasta especializaciones, maestrías y doctorados, además de educación técnica y programas de capacitación. Este último segmento representa alrededor de un tercio de los estudiantes peruanos que viajan a Australia.

La conexión con el mercado peruano ya tiene algunos ejemplos. López Palma citó un proyecto de agricultura de valor agregado en el que una universidad australiana trabajó con el sistema satelital peruano y empresas agrícolas para monitorear cultivos mediante imágenes térmicas. La tecnología permitió detectar señales de estrés en las plantas y determinar cuándo un fruto estaba listo para ser cosechado.
“Te da productividad, te da competitividad, no desperdicias la fuerza laboral, haces mucho en poco tiempo y está automatizado”, explicó.
Otro caso se encuentra en minería. López Palma mencionó un proyecto entre una universidad australiana y la Universidad Nacional Mayor de San Marcos para capacitar a ronderos en la toma de muestras de suelo, agua y plantas alrededor de operaciones mineras. El objetivo era que los resultados pudieran sustentarse con evidencia científica, tanto para cuestionar una operación como para respaldar técnicamente que sus actividades se desarrollaban de manera adecuada.
Más que exportar aulas o programas, Australia busca que su conocimiento termine convertido en capacidades, tecnología y soluciones aplicables a las industrias que hoy mueven —y las que moverán— la economía peruana.
¿Qué espera Australia del mercado peruano en los próximos años?
El crecimiento del flujo de estudiantes es una parte del interés australiano en Perú, pero no la única. Para Austrade, también se trata de formar profesionales que regresen al país y mantengan conexiones con el conocimiento, la tecnología y los servicios desarrollados en Australia. En esa línea, López Palma destaca el mayor peso que viene adquiriendo la educación superior dentro del flujo peruano hacia ese mercado.
Durante 2025, alrededor de 3,020 peruanos estudiaron en Australia, según el representante de Austrade. A junio de 2026, otros 2,300 habían sido reclutados y la entidad espera superar nuevamente los 3,000 estudiantes al cierre del año.
“Yo espero que sí superemos los 3,000 estudiantes este año”, señaló López Palma.
El flujo no se concentra únicamente en quienes pueden financiar directamente una formación en el exterior. Australia también mantiene una relación con Pronabec y, según López Palma, es el país de habla inglesa que concentra el mayor número de becarios peruanos. En la entrevista mencionó que históricamente alrededor de 320 estudiantes peruanos han llegado mediante este programa.
El posgrado también ocupa un lugar relevante. A ello se suma una alternativa de financiamiento desarrollada por Austrade junto con BCP para maestrías en Australia, con una tasa única, hasta 30 meses de gracia y sin hipoteca o garantía prendaria, según detalló López Palma.
Los costos varían según la carrera y la ciudad elegida. Frente a ello, también existen becas y descuentos. Para programas de doctorado, López Palma mencionó oportunidades que pueden alcanzar descuentos de hasta 65%, dependiendo del programa y la institución.
La ecuación también considera la experiencia laboral durante los estudios. La visa de estudiante permite trabajar bajo determinadas condiciones y, según López Palma, los estudiantes pueden trabajar hasta 48 horas por quincena durante el periodo académico y a tiempo completo durante las vacaciones. A ello se suma un salario mínimo australiano de alrededor de AUD 25 por hora, que, según explicó, permite complementar los ingresos durante la estadía.
A la movilidad educativa se suma el programa Work and Holiday, que permite intercambios temporales de jóvenes entre ambos países y amplía el flujo más allá de quienes llegan a Australia para cursar una carrera o un posgrado.
Pero el interés de Austrade no termina cuando el estudiante obtiene su título y regresa al Perú. La expectativa es que esos profesionales mantengan conexiones con empresas, tecnología y servicios australianos desde sus nuevos puestos de trabajo.
López Palma pone como ejemplo la minería. Un profesional formado en Australia puede incorporarse posteriormente a una compañía minera peruana y mantener contacto con proveedores australianos de tecnología y servicios. “La idea es que sigan buscando Australia”, explicó.
La relación puede extenderse incluso a soluciones especializadas. López Palma señaló que alrededor de 60% del software minero en el mundo sería australiano, según el dato que compartió durante la entrevista. Bajo esa lógica, un profesional que haya estudiado en Australia y luego trabaje en una minera peruana podría convertirse en un punto de conexión para la adopción de tecnologías, bienes y servicios de empresas de ese país.
El mismo esquema puede trasladarse a otras industrias en las que Australia cuenta con proveedores especializados. El profesional que pasa por su sistema educativo no solo adquiere conocimientos: también puede regresar al Perú con experiencia laboral, contactos y familiaridad con soluciones desarrolladas por compañías australianas.
Así, para Austrade, la relación educativa puede convertirse en un canal de largo plazo: empieza con un estudiante peruano en Australia y puede terminar conectando a una empresa peruana con conocimiento, tecnología y proveedores de ese país.







