El mundo pensaba que el cine no era una expresión artística. Durante mucho tiempo, especialmente en Inglaterra a inicios del siglo XX, las películas eran vistas con desdén y tal como afirmó Alfred Hitchcock.
Las personas que entraban a las salas de cine eran percibidos como individuos mediocres por preferir una creación superficial en vez del arte tradicional.

Eventualmente ese pensamiento cambió y se aceptó que ese tipo de creaciones, al igual que la danza o el teatro, eran "arte de las artes", por incluir en sus producciones la participación e integración de múltiples elementos que van desde el sonido, diseño, hasta la arquitectura.

Años después, los videojuegos llegaron y con ellos comenzó a discutirse sobre si también deberían ser considerados obras de arte.
Al principio los puristas negaron que esos trabajos tecnológicos fueran dignos de ser llamados de esa forma, mientras que nadie abogó a su favor.

Sin embargo, el tiempo pasó y las creaciones se convirtieron en trabajos respetables que era imposible no mirar y experimentar, tal como sucedió con algunos de los filmes más reconocidos a la fecha.
Con el crecimiento de la industria, algunos títulos se aceptaron como grandes trabajos que integraban múltiples disciplinas para crear algo magnánimo.

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