
1 En un artículo anterior, “Fractura social, el gas para el sur y los yerros del Osinergmin” (Gestión, 10/09/2026), vimos que el problema a resolver es llevar gas natural (GN) al sur de la forma más rápida y más barata posible, respetando el ordenamiento legal vigente. Al respecto, el Minem y la concesionaria de la distribución del GN en Lima y Callao vienen negociando una adenda al contrato para incorporar al área de concesión a siete regiones del sur del país: Cusco, Apurímac, Huancavelica, Junín, Puno, Ayacucho y Ucayali.
2 Esta modificación contractual constituye –sin lugar a dudas– la forma más rápida de comenzar con la masificación del GN en el sur del país. Las autoridades deben velar por que la adenda cumpla estrictamente con la normativa vigente y que no se otorgue privilegios indebidos al concesionario. Por lo que conozco del caso, el Minem se ha asegurado de que esto sea así.
3 Sin embargo, algunos políticos del Cusco –seguramente mal informados– han señalado que transportar inicialmente el GN en cisternas (gas virtual) es un “engaño”, que podría postergar indefinidamente la construcción de un gasoducto al sur del país. Aunque la preocupación refleja la desconfianza generada por años de olvido, la verdad es que construir redes de distribución en el sur y construir un gasoducto son soluciones complementarias, no sustitutas. Veamos por qué.
4 Hace más de diez años que Ayacucho cuenta con acceso al gasoducto que transporta el gas de Camisea; el City Gate se encuentra solo a cinco kilómetros de la ciudad, pero los ayacuchanos siguen sin poder utilizar el GN. Esto demuestra que la sola presencia de un gasoducto no garantiza el acceso al recurso; si no hay redes de distribución que lleven el gas a las casas y comercios, el beneficio de una energía más barata jamás llegará a la población.
5 ¿Cuánto demorará construir un gasoducto que lleve GN al Cusco? Muchos años. Sin duda, la mejor alternativa es la que planteó el presidente Balcázar a comienzos de este año: concluir la construcción del Gasoducto Sur Peruano, el cual tiene un alto porcentaje de avance y cuyo mantenimiento nos cuesta cerca de US$ 50 millones al año. Sin embargo, aun bajo esta alternativa, extender el gasoducto al Cusco tomaría por lo menos dos años. Construir uno partiendo de cero seguramente tomaría más de siete años. ¿Acaso es lógico que recién entonces se empiece a construir la red de distribución y a masificar el GN en el sur?
6 El transporte y la distribución del GN en el sur del país son actividades complementarias que deben acometerse cuanto antes. La presidenta Fujimori tiene la oportunidad de dar una solución concreta y casi inmediata con la firma de la adenda negociada por el Minem. Este paso debería venir acompañado de una señal gubernamental clara de que mantiene su compromiso de impulsar la construcción del gasoducto. La presidenta tiene la oportunidad de encaminar ambas soluciones y recuperar la confianza del sur con hechos.
Nota del autor: A pedido de Cálidda, Intelfin ha realizado un análisis económico-financiero de la novena adenda al contrato de concesión.
Carlos E. Paredes es socio-fundador de Intelfin Estudios y Consultoría y docente de la U. Continental






