
Escribe: Alberto Haito, director en Arellano
Lo común en una empresa es el deseo de innovar. Y esto ocurre, básicamente, porque si no lo hacen lo hará algún competidor o, lo que es peor, la innovación vendrá de fuera de la industria. A más disruptiva la innovación, los cambios de hábitos y modelos serán mayores, premiando a quien la hizo y castigando a los que no lo hicieron o a los que simplemente se limitaron a imitar al que salió primero.
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Sin embargo, lo que comúnmente sucede es que el personal de la empresa está preocupado en mantener el negocio actual, es decir enfocado en el día a día, con lo cual no le queda mucho tiempo para dedicarlo a la innovación. Peor aún, las mentes de las personas que trabajan en la empresa están acostumbradas a pensar en el statu quo, lo que les dificulta el tener un pensamiento innovador y que sea realmente “fuera de la caja”. Siendo así, lo más que podemos esperar de este personal son innovaciones menores, como por ejemplo variantes de productos o servicios que ya tiene la empresa o de algo que tiene la competencia, quizás con algunas mejoras. En realidad, esto no va a “mover la aguja”, ya que no es innovación disruptiva.

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Pero, antes de seguir precisemos mejor qué es una innovación disruptiva. Esta es aquella que, por lo general, ofrece una respuesta a una necesidad no satisfecha en el mercado o, mejor aún, genera una nueva necesidad. Otra característica de la mencionada innovación disruptiva es que, normalmente, viene acompañada de una tecnología innovadora y/o con una ventaja competitiva difícil de igualar.
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Siendo así, la alta gerencia tiene dos tareas para comenzar. Primero, crear el marco o ambiente dentro de la empresa que permita y premie la disrupción, sea en productos, servicios o procesos, lo cual no es sencillo porque la cultura no escrita de la empresa suele ir en contra de estos esfuerzos. Y, segundo y quizás más importante, contar con personas que realmente sean innovadoras disruptivas, lo cual tampoco es sencillo ya que son talentos escasos y que por lo general tienen una personalidad diferente, lo que hace que requieran también un trato diferente. No suena fácil, pero el no hacerlo puede significar el decaimiento de la empresa y, eventualmente, su desaparición.







