Al igual que con Venezuela, el motivo del ataque a Irán no es restablecer la democracia –ni destruir su supuesto arsenal nuclear–.  (EFE/EPA/WILL OLIVER)
Al igual que con Venezuela, el motivo del ataque a Irán no es restablecer la democracia –ni destruir su supuesto arsenal nuclear–. (EFE/EPA/WILL OLIVER)

gastó US$ 11,300 millones durante los primeros seis días de la guerra que, junto con , entabló contra el 28 de febrero. Pasados 13 días, el conflicto continúa. Lo que Donald Trump y su equipo de “estrategas” no previeron, fue que los ataques iban a tener repercusiones en una docena de países de , pues Irán respondió con misiles y drones contra bases militares estadounidenses en Catar, Bahréin, Emiratos Árabes Unidos (EAU), Kuwait, Irak, Jordania, Arabia Saudita, Turquía, Azerbaiyán y Omán. Israel también fue contraatacado, pero su “cúpula de hierro” interceptó la mayoría de misiles iraníes. Y abrió otro frente en Líbano, con ataques que han incluido objetivos civiles.

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Los daños humanos y materiales son enormes, incluyendo 175 víctimas mortales en un colegio iraní para niñas, que el Gobierno estadounidense, tras días de ofrecer excusas poco creíbles, ha comenzado a investigar. También han sido impactados monumentos históricos. Asimismo, países como Catar y EUA (sobre todo Dubái y Abu Dabi), que se promocionan como paraísos de lujo, tranquilidad y seguridad, ideales para los pudientes, han experimentado una huida masiva de occidentales; miles quedaron varados tras los contraataques iraníes y pasaron días esperando poder regresar a casa. Estados Unidos no hizo mucho para ayudar a sus ciudadanos.

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Si a Trump no le interesan sus connacionales en apuros, mucho menos sus aliados del golfo Pérsico, pese a que le advirtieron que si Irán era atacado, no se iba a quedar de brazos cruzados. De hecho, el nuevo líder supremo Mojtabá Jameneí, ungido el 8 de marzo –su padre y antecesor Alí Jameneí, murió en un ataque el primer día de la guerra–, anunció que Irán continuará bloqueando el estrecho de Ormuz, el único paso naval para los tanques petroleros de los países del golfo. Lo que ha movido a Trump ha sido el impacto en los precios de combustibles, pues tiene un serio problema inflacionario en su país, así que ha ensayado respuestas intercambiables respecto al fin de la guerra, lo que ha puesto más nerviosos a los mercados, en lugar de tranquilizarlos.

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Al igual que con Venezuela, el motivo del ataque a Irán no es restablecer la democracia –ni destruir su supuesto arsenal nuclear–. Podría ser una carísima cortina de humo para distraer la atención de los estadounidenses de sus vínculos con Jeffrey Epstein y de la cruel política migratoria. Todo el mundo está padeciendo el efecto del encarecimiento de combustibles y, en el Perú, ha agravado nuestra crisis por la escasez del gas de Camisea.

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