
Este domingo 12 de abril, el Perú volverá a las urnas para tomar una decisión que marcará el rumbo económico e institucional de los próximos años. No es una elección más. Estamos ante el proceso electoral más complejo de nuestra historia reciente: una oferta fragmentada, con 35 candidaturas presidenciales y miles de candidatos al Congreso bicameral, todo en medio de un clima de desconfianza que hace que cada voto pese más de lo habitual. En este contexto, los ciudadanos debemos exhibir criterio y, sobre todo, responsabilidad.
Por ello es un gran problema que el debate público no haya estado a la altura. Los debates presidenciales de las últimas semanas han servido, en el mejor de los casos, para que algunos candidatos se den a conocer. Pero han quedado en deuda en lo fundamental: explicar cómo se ejecutarán las propuestas. Han predominado los mensajes generales, los ataques y las frases efectistas, con muy poca profundidad. Más que aclarar, han terminado por dejar una sensación incómoda: en el mejor de los casos sabemos qué prometen, pero no cómo lo piensan cumplir.
Anticipándonos a la incertidumbre, en Gestión hemos revisado desde enero los planes de gobierno. El análisis deja una conclusión clara, pero preocupante. Si bien hay coincidencias en los diagnósticos (reactivar la economía, impulsar infraestructura, enfrentar la inseguridad), también aparecen propuestas riesgosas, algunas de ellas difíciles de implementar y otras que podrían contravenir el marco institucional. A esto se suma un problema transversal: muchas de las iniciativas más ambiciosas no explican cómo se financiarán, en un contexto de estrechez fiscal. Hay promesas que, simplemente, no cuadran.
Por eso, el voto de este domingo importa. Y mucho. Conviene también detenerse y recordar que además de la elección presidencial, también se elegirá a un Congreso bicameral. Es decir, no solo está en juego el Ejecutivo, sino también el equilibrio político que marcará la gobernabilidad. Por ello, no se trata solo de elegir, sino de hacerlo con sentido.
Es clave optar por alternativas que mantengan al país dentro del marco económico que ha permitido reducir la pobreza y sostener el crecimiento, que impulsen la inversión privada como principal generadora de empleo y que actúen con responsabilidad en el manejo de las finanzas públicas. Al mismo tiempo, conviene estar alerta frente a propuestas que impliquen riesgos –como intervenciones mal diseñadas en empresas como Petroperú– y exigir claridad en prioridades urgentes, como la lucha contra la inseguridad ciudadana y el avance de la minería ilegal.
La jornada del domingo será la más importante de los últimos años. Implica una decisión que tendrá consecuencias críticas en cómo los peruanos queremos vivir. Y, en un escenario como el actual, votar informado es una necesidad.







