
Por Michael R Bloomberg
Cuando las generaciones futuras reflexionen sobre cómo los países respondieron a la peor crisis de salud pública y al mayor choque económico en un siglo, ¿qué verán?
¿Verán líderes anquilosados en sus viejas formas de pensar y que intentaron salvar tecnologías en declive del pasado? ¿O verán, por el contrario, a líderes que reconocen la oportunidad de construir un futuro mejor y más inteligente, y que convierten una crisis devastadora en un punto de inflexión?
Pronto lo sabremos.
Mientras el primer número trimestral de Bloomberg Green va a impresión, los Gobiernos de todo el mundo están debatiendo cómo movilizar sumas de dinero sin precedentes para estabilizar las economías nacionales y contrarrestar la devastación causada por el nuevo coronavirus. Al hacerlo, todos se enfrentan a una elección entre un camino viejo y uno nuevo: entre la protección de los empleos en antiguas industrias o la creación de empleo en sectores nuevos; entre quemar carbón y gas o aprovechar las energías renovables; entre perjudicar nuestra salud o mejorarla; y entre agravar el cambio climático o frenarlo mientras se crea resiliencia.
La elección es muy clara, y no está entre la protección del medio ambiente y el crecimiento económico, como algunos intentarán afirmar. Se trata de capitalizar las fuerzas del mercado o luchar contra ellas, y el mercado claramente se está moviendo en la dirección de la energía limpia.
Incluso antes de la crisis del coronavirus, los rendimientos de la industria del petróleo era más bajos que durante la Gran Recesión, y las centrales eléctricas de carbón cerraban al mismo ritmo constante durante la gestión del presidente Trump que con el presidente Obama. Por su parte, la industria de la energía renovable se movía de manera constante y rápida en la dirección opuesta: rendimientos crecientes, aumento de las instalaciones y aumento de la cifra de empleos.
Esas tendencias reflejan fuerzas económicas mayores, ya que los líderes empresariales y los consumidores ven valor en una economía más verde. Después de todo, ahorra dinero en las facturas de energía, limpia el aire en las comunidades y reduce la volatilidad de los mercados de energía.
La demanda comercial y de consumo de infraestructura limpia continuará fortaleciéndose. Pero esa demanda se verá atenuada y la creación de empleo se ralentizará sin medidas del Gobierno para financiar proyectos a gran escala que atraigan la inversión privada que nuestra economía necesita.
Sabemos que este tipo de inversiones públicas en infraestructura moderna puede acelerar la recuperación económica y estimular un crecimiento sostenido a largo plazo porque lo hemos visto antes.
Hace diez años, la ciudad de Nueva York salió de la crisis económica mundial más rápidamente y más firmemente que casi cualquier otro lugar. Ese éxito fue, en gran parte, el resultado de las inversiones que realizamos en infraestructura moderna, que ayudó a crear las condiciones para una nueva inversión comercial, incluso durante esos tiempos difíciles. Expandimos el transporte público, mejoramos los paisajes urbanos para fortalecer los distritos comerciales en comunidades, incentivamos a las empresas a mejorar sus sistemas de energía y apoyamos la expansión de industrias e investigaciones innovadoras, incluido el desarrollo de un campus de ciencia aplicada de nivel mundial.
Esas y otras estrategias han tenido éxito en ciudades de todo el mundo. Y ahora necesitamos que los Gobiernos las propulsen. La buena noticia: el mercado para inversiones en infraestructura limpia nunca ha sido tan favorable.
En los últimos años, el coste de la energía limpia ha disminuido drásticamente, lo que ha convertido la energía eólica y solar en dos de las industrias de creación de empleo de mayor crecimiento. Ahora son más baratas que los combustibles fósiles en gran parte del mundo y producen mejores rendimientos para los inversores. Bloomberg LP ha ahorrado US$120 millones en los últimos 12 años al adoptar energía limpia para gran parte de sus necesidades energéticas y aumentar la eficiencia de las operaciones.
Asimismo, la capacidad de almacenamiento de baterías ha avanzado mucho respecto a hace unos años, lo que aumenta el atractivo de los vehículos eléctricos para los compradores. La inversión pública en infraestructura, incluidas más estaciones de carga, ayudará a reducir aún más los costes, generando ahorros para los conductores y reduciendo la exposición de los consumidores y las empresas a las fluctuaciones del mercado petróleo.
Sin embargo, no es sorprendente que la respuesta de la Administración Trump a la pandemia haya favorecido los rescates a las compañías petróleo y de carbón frente a la energía limpia. Al desarrollar los proyectos de ley de ayuda y recuperación, el Congreso no debe escuchar a los grupos de presión de combustibles fósiles, sino a los alcaldes y líderes empresariales que están más cerca de los mercados comerciales y de consumo. Ambos grupos han estado abogando por una importante inversión federal en infraestructura moderna durante muchos años. No podemos permitirnos esperar más.
No podría haber más en juego, para nuestra economía y para el medio ambiente. El desempleo masivo sigue aumentando, y la oportunidad para evitar el peor impacto del cambio climático está desapareciendo. Las decisiones que tomen los gobiernos ahora y en los próximos meses tendrán profundas consecuencias económicas y ambientales para las generaciones futuras.
La elección es nuestra.
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