
Las políticas nacionales para la promoción de la agricultura moderna están dando jugosos frutos. Esto es visible en el plano productivo y, sobre todo, en el social.
A partir de los años 90 la productividad de nuestra tierra crece a casi 5% anual, más del doble que el promedio latinoamericano. La producción agrícola moderna (espárrago, uva, mango, cítricos, entre otros) lo ha hecho a una tasa promedio anual de 8% durante la última década. Esto es más que la tasa de crecimiento experimentada en el mismo lapso por el sector agrícola total (poco más de 4%), por la minería (casi 2%), por la pesca (casi 2%), por la producción de alimentos y bebidas (5%) y por el PBI nacional (casi 7%).
En esa misma línea, en los últimos 10 años la producción para exportación ha crecido a casi 19% anual. Nuestros productos se han abierto paso en los mercados más exigentes y varios de ellos (espárrago, palta, uva, mandarina, mango, arándano, cebolla y granada) ocupan o disputan los primeros puestos en los rankings mundiales de exportación. En el 2014 la venta al exterior de frutas y hortalizas, frescas y procesadas, se acercó a los US$ 3,000 millones.
Ahora, si bien son significativos y gratificantes, estos resultados empalidecen frente al impacto social de las políticas promotoras del agro moderno.
En la última década este ha generado más de 800,000 empleos formales directos. Hablamos de empleos de calidad, con CTS, gratificaciones, vacaciones y aportes a fondos de jubilación. Hablamos de empleos con salarios que superan la remuneración mínima vital y que han crecido más que la inflación y que los salarios de otras actividades, como manufactura y construcción. Los nuevos empleos han privilegiado al desarrollo de la mujer cuya participación supera hoy el 43% de la fuerza laboral agraria formal.
En ese mismo lapso los encadenamientos productivos del sector han generado 900,000 puestos de trabajo indirectos. Y es que por cada sol producido por el agro moderno, se generan 62 centavos adicionales en otros sectores. Así, Ica, La Libertad, Lambayeque y Piura han visto florecer nuevos establecimientos comerciales en incrementos que superan el 30%.
Todo esto se ha traducido en una drástica reducción de la pobreza entre los trabajadores agrícolas costeños. Hace dos lustros siete de cada 10 eran pobres. Hoy esa proporción se ha reducido a tres de cada 10.
Estos resultados son muy significativos pero no suficientes. El 80% de la fuerza laboral agrícola del Perú sigue sumida en la informalidad, en la inseguridad y, en gran parte, en la pobreza. Queda entonces mucho terreno en el cual abrir los surcos del bienestar. La agricultura moderna debe seguir creciendo y diversificándose, pues por cada millón de soles de producción adicional en el sector, se generan 69 nuevos puestos de trabajo directos e indirectos. Con estabilidad, inversiones y apertura de mercados, en los próximos seis años podría duplicarse la producción y, en la próxima década, generar 800,000 nuevos empleos directos y un 1'750,000 nuevos empleos indirectos. Sigamos sembrando desarrollo.
:quality(75)/arc-anglerfish-arc2-prod-elcomercio.s3.amazonaws.com/public/7MAJOMUFXREH5F2ZE4F4EP7NSA.jpg)






