
EMPRESARIOS EN POLÍTICA. Hace poco, uno de los empresarios más mediáticos del país anunció que evalúa la posibilidad de entrar en política. Lejos de apoyar su candidatura –pues ni siquiera conocemos su propuesta- esta parece una buena oportunidad para reflexionar sobre la participación de los empresarios en política, en términos generales, sobre todo por el rechazo casi instintivo que despierta esta idea en diversos sectores de la población.
El derecho de un empresario pequeño, mediano o grande de entrar en política es incuestionable. Todos los ciudadanos tienen los mismos derechos, incluido el derecho a ser elegido para un cargo político. A fin de cuentas es la ciudadanía y nadie más la que les otorga esta posibilidad a las personas. La democracia, pues, es un sistema de representación. Es decir, las personas que deciden la dirección del país están ahí en representación de los intereses de los miles o millones de personas que los eligieron. Y, en un país tan emprendedor como el nuestro, es lógico que un empresario represente las preocupaciones específicas de millones de personas.
Los empresarios, como todos los hombres, según Aristóteles, también son "animales políticos". Su aparente ausencia de los escenarios políticos salvo contadas excepciones, entonces, no debe entenderse como un desprendimiento total de la política. Por el contrario, los empresarios en nuestro país se han acostumbrado a ejercer política de forma indirecta (algo que, por cierto, es legítimo en un sistema de democracia representativa). Admitirlos como una opción viable en política, entonces, no significa brindarles la opción de hacer política sino de sacarlos a flote, de ponerlos bajo el radar de la opinión pública.
Los empresarios, finalmente, tienen herramientas que pueden aportar a mejorar la gestión pública. Muchos de ellos han sido exitosos en construir instituciones eficientes, experiencia que puede ayudar guardando las diferencias a mantener las cuentas ordenadas en el Gobierno. Aunque, claro, no es necesario recalcar que una trayectoria exitosa en los negocios no garantiza a un buen estadista. Basta con mirar la situación económica y política de Italia.
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