
La demanda de petróleo casi se ha recuperado, solo que no de la forma como la conocíamos antes del COVID.
Debido a que las restricciones se han traducido en menos vacaciones, salidas a comer y contratación de servicios, las personas gastan más en sus vidas hogareñas.
Eso provocó un auge en el comercio de bienes físicos, aumentó la demanda de nafta para fabricar plásticos e impulsó el uso de diésel para propulsar los camiones y trenes que entregan todo eso. Otro impulso: el consumo de gas licuado de petróleo, un combustible común para cocinar en regiones de Asia, está aumentando.
Desde el punto de vista negativo, el uso de combustible para aviones sigue estando muy deprimido, ya que la gente no está volando. La gasolina tampoco ha vuelto completamente a la normalidad, a pesar de que las personas están evitando ampliamente el transporte público.
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Esta dinámica tiene implicaciones en toda la industria del petróleo. Los productores de crudos ricos en nafta y gas licuado del petróleo están experimentando precios más altos. Esta es una de las razones por las que los barriles extraídos de los campos del mar del Norte y los depósitos de shale de Estados Unidos están obteniendo grandes primas sobre las leyes exportadas desde el Medio Oriente, según operadores.
El mayor beneficiado en los últimos meses ha sido la nafta. La demanda en junio aumentó un 11%, o 660,000 barriles por día, por encima del mismo mes del 2019, según datos de la Agencia Internacional de Energía en París. La demanda de gas licuado de petróleo creció 7.2%, o 880,000 barriles por día, por encima de los niveles previos a la pandemia.
Por el contrario, la demanda de combustible para aviones y gasolina se ha mantenido particularmente débil, y el mes pasado registró un total combinado de 3.96 millones de barriles por día por debajo de los niveles de junio del 2019. La demanda general de petróleo se redujo en 2.7 millones de barriles por día en junio, en comparación con dos años antes.
Las refinerías de petróleo que tienen capacidad asociada para fabricar petroquímicos se han beneficiado del cambio en el comportamiento del consumidor, aprovechando un auge mucho más amplio en la industria química. Otras refinerías, especialmente en Europa, se han visto obligadas a cerrar sus operaciones porque la demanda no ha sido lo suficientemente buena para lo que producen.
La AIE estimó que en junio la demanda de petróleo fue aproximadamente 3% menor que el mismo mes del 2019, antes de que golpeara la pandemia. El asesor de Gobiernos con sede en París anticipa que para diciembre volverá prácticamente a la paridad.
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