
Cada mañana al despertar, Luis Hierro López, embajador de Uruguay en el Perú, ve flamear desde la ventana de su habitación la bandera de su país y siente que la noción de la palabra patria toma un nuevo matiz. El sol y las franjas celestes y blancas ondeando en el viento lo ponen nostálgico y a la vez orgulloso de tener ese cargo. Gestión conversó con él sobre su primer año como diplomático.
¿De dónde proviene la vocación política?
La vocación política viene de mis ancestros. Pertenezco, como muchos otros uruguayos, a familias que se han educado en la vida cívica, que han entendido que había que tomar partido por las cosas.
En ese sentido, usted participó activamente de ella…
Sí, fui diputado, senador, ministro y vicepresidente. Y ahora el país me concedió el honor de que el Senado votara por unanimidad la venia para ser embajador, que es como un reconocimiento público a figuras que están por fuera del bien y del mal. Pero en realidad soy un político.
¿Qué define el ser un político?
Sufro y disfruto con las cuestiones políticas. Cuando veo un logro, un acuerdo, una coalición, un triunfo electoral, lo disfruto, sea del signo que sea. Y cuando veo un fracaso, también me molesta. Son los vectores de mi vida.
Además, tengo entendido que ha dedicado parte de vida a investigar sobre historia…
Sí. Acabo de publicar una biografía de Joaquín Suárez, titulado “El héroe silencioso, presidente uruguayo entre 1842 y 1851″; y preparo otra sobre Julio Herrera y Obes, el presidente que restauró las libertades tras el militarismo de 1875-1786. Además, ya he publicado textos sobre José Batlle y Ordóñez, el gran reformador social de principios del siglo XX.
¿Y a usted no le gustaría escribir sus memorias? ¿O tal vez ya empezó a escribirlas?
Me parece que no es tiempo todavía. Algún día las memorias vendrán. He tenido una vida muy activa. Por ejemplo, del año 73 al 85 tuve una participación militante porque fui subdirector de un semanario opositor. Eso implicó que en aquel tiempo la dictadura me pusiera preso, pero sentí que estaba contribuyendo con mi deber de restablecer la república y los derechos.
¿Cuánto tiempo estuvo preso?
Tres meses. En realidad hubo ciudadanos que estuvieron presos nueve años. Lo mío fue casi una condecoración. Yo no estuve preso en un cuartel, sino en una cárcel. Con lo cual, aunque parezca mentira, tenía un poco más de garantías porque estaba sometido al Poder Judicial, que funcionaba parcialmente. En Uruguay hubo presos que sufrieron mucho y personas desaparecidas.
Si tuviéramos que resaltar un vínculo entre la relación uruguaya y peruana, ¿qué diría que nos une?
El símbolo de la bandera uruguaya, el sol, y de la argentina, proviene de los incas. Es un homenaje de la civilización rioplatense a la andina.
¿Algo más?
Ha habido intercambio de poetas. Parra del Riego vivió mucho tiempo allá y Mario Benedetti estuvo exiliado trabajando en periódicos y revistas aquí. Y luego hemos estado más vinculados por el fútbol.
¿Sigue el fútbol?
Sí, soy hincha del Nacional.
En corto
eseo. El embajador de Uruguay sostiene que como amigo del Perú, espera que nuestro país “encuentre mecanismos de consenso, que logre las transformaciones políticas que le den estabilidad y que los líderes peruanos piensen más en los temas del futuro que en los entreveros cotidianos”.
Hoja de vida
Nombre: Luis Hierro López.
Cargo: Embajador de Uruguay.
Edad: 75 años.
Libros: “El pueblo dijo no”, “Las raíces coloradas”, “Umbrales y candados”.
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