
OpiniónEnrique CastellanosVicedecano de Finanzas – UP, y exdirector de Citibank Perú
Esta semana, Michael Corbat, CEO de Citibank en el mundo, anunció la salida del negocio de banca personal de doce países, entre ellos el Perú.Para los que seguimos el negocio bancario de cerca, este anuncio solo corroboró algo que el mercado sabía desde hace mucho tiempo. Si en banca personal no consigues una participación mínima de mercado o masa de negocio crítica, los costos fijos te devoran el margen operativo. Eso es verdad sobre todo en Perú, cuyo mercado bancario es pequeño comparado al de otros países: es muy competido y está concentrado en cuatro grandes bancos que acaparan cerca del 90% del negocio. La banca personal de Citibank tiene ahora que seguir el mismo camino de otros grandes como HSBC, Bank Boston o Santander, que vinieron al Perú y luego de unos años tuvieron que, como dirían en Las Vegas, "voltear sus cartas y levantarse de la mesa".Citibank está presente más de 100 años de forma ininterrumpida en el Perú. Tradicionalmente en el mercado local es conocido como un banco corporativo muy fuerte; sin embargo, a nivel de su banca personal la historia es diferente. En nuestro país, lanzaron este negocio de banca para personas, allá por 1997, con relativo éxito, sobre todo en el producto de tarjetas de crédito. Sin embargo, marchas y contramarchas en la década pasada impidieron que el banco consolidase su negocio en el Perú, a pesar de que nuestra economía crecía a ritmos impresionantes. A partir de la crisis del 2008-2009, la banca personal de Citibank en el Perú tuvo todo cuesta arriba. No solo tuvo que lidiar con la creciente competencia de los bancos locales sino también todas las limitaciones de recursos que le imponían su casa matriz y la Reserva Federal americana. Impedido de hacer inversiones importantes (más agencias, nuevos productos, mayor gasto en publicidad) para capturar una participación de mercado que hiciese rentable el negocio, lo más saludable era la salida ordenada del mercado peruano. Hay que saber ganar y también saber perder. El único reproche que les hago – en mi calidad de minúsculo accionista del banco – es por qué demoraron tanto una decisión que se caía de madura hace ya varios años.
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