
Jorge González IzquierdoECONOMISTA U. DEL PACÍFICO
Ante la evidente desaceleración de la economía el MEF ha respondido con un conjunto de medidas supuestamente reactivadoras que tienen cuatro ejes medulares: a) de carácter tributario, orientadas, en lo fundamental, a disminuir la deuda tributaria de las empresas; b) de carácter laboral, tendentes a flexibilizar exigencias respecto al tema de seguridad y salud del trabajador; c) de carácter ambiental, orientadas a disminuir exigencias en este orden; y d) de reducción de trámites y permisos que supuestamente traban las decisiones de inversión. Con este conjunto de medidas busca reactivar el crecimiento de la economía en el corto plazo.
Desde un punto de vista conceptual, podríamos clasificar el conjunto de medidas como orientadas a combatir choques de oferta, es decir, provenientes del lado real de la economía. Tengo la impresión de que detrás de su diagnóstico está el "modelo de los ciclos reales". Según este modelo, las variaciones en la tasa de crecimiento de una economía son producidas por factores reales (oferta) y no por variaciones en la demanda agregada. Básicamente por factores como cambios en la innovación tecnológica, preferencias o factores externos. El crecimiento actual es siempre igual al potencial, de forma tal que no hay lugar a políticas de demanda agregada que intenten remediar la fase de un ciclo porque siempre se está en pleno empleo. Según esto, lo que estaría pasando aquí es que lo que se está desacelerando es el crecimiento potencial, y, por consiguiente, no hay lugar a políticas fiscales y/o monetarias que traten de reactivar el gasto privado o público; solo sirven políticas de carácter estructural (oferta) que aumenten la eficiencia del aparato productivo. ¿Esto es así? Considero que no, parcialmente. Veamos por qué.
Hasta antes del 2012, estimados serios situaban el crecimiento potencial entre 6% y 6.5% anual. A partir de entonces, las condiciones favorables externas comenzaron a normalizarse tanto en términos de precios de las materias primas que el país exporta como de flujos de capitales y también del crecimiento de la inversión privada, afectando la función de producción ampliada de la economía, y con ello, el crecimiento potencial. Es probable que el crecimiento potencial haya disminuido a algún valor entre 5% y 6% anual debido a esos factores. Pero el ritmo actual es de alrededor del 4%, con lo que resulta difícil sostener que son solo factores de oferta los causantes. Es probable la presencia de factores de demanda, como lo evidencian la apreciable desaceleración de la inversión privada, que está creciendo a ritmos del 2% anual, y de la inversión pública; a ello se suma la reducción apreciable de las exportaciones netas. Por ello, se deben tomar medidas de demanda que restituyan a su dinámica anterior al gasto privado (consumo y, sobre todo, inversión) y a la inversión pública, especialmente a nivel regional y municipal.
Teniendo en cuenta dos restricciones: a) la inflación "core", que no sobrepase la meta; y b) el déficit en cuenta corriente de la balanza de pagos, que no sobrepase el financiamiento con capitales de largo plazo considerado como sostenible. Lo que se debe de buscar es combinar medidas que afecten positivamente la dinámica de corto plazo y al mismo tiempo el crecimiento potencial de la economía como, por ejemplo, la inversión en infraestructura.
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