
La sostenibilidad es una pieza medular en la gestión empresarial y no solo un discurso corporativo. En las grandes compañías del país, medir impactos y fortalecer las capacidades internas pesan más que comunicar los avances.
Así lo detectaron Apoyo Consultoría y Apoyo Comunicación en su informe “Perspectivas de líderes empresariales sobre sostenibilidad en el Perú 2026″, que recoge la participación de 102 ejecutivos.
En detalle, el 60% del universo ocupa cargos de alta dirección, el 73% se ubica en las áreas de sostenibilidad o gerencia general y el 87% participa directamente en la gestión de sostenibilidad.
El dato antes que el relato
En el estudio, que revela una madurez estratégica en la visión de los líderes con respecto a la sostenibilidad, casi la mitad de los encuestados (48%) reconoce no poder resolver los desafíos de manera aislada, así que busca alianzas con el sector público, gremios y otros para lograr un impacto real y ganar legitimidad. Sumado a ello, el 41% considera que otro tipo de soporte que necesita es el acceso a financiamiento o incentivos.
Pero además de la necesidad de trabajo en equipo y de la subvención —dos principios comunes en los grandes proyectos—, se refleja la urgencia de contar con evidencias cuantitativas sólidas. Para las organizaciones es indispensable respaldar sus avances con métricas rigurosas (41%) y vigilar la sostenibilidad en toda la cadena de valor (41%); es decir, en el suministro.
Asimismo, poco más de un tercio de las empresas (36%) requiere apoyo para formar a sus directivos y equipos. Integrar criterios socioambientales en las decisiones del negocio implica actualizar los conocimientos técnicos y de liderazgo, recuerda Raúl Andrade, gerente de Proyectos en Apoyo Consultoría.
“La gestión de la sostenibilidad ha transitado por distintas etapas. Desde lo que se conocía como responsabilidad social hasta lo que es hoy, la unidad productiva que toma en cuenta elementos ambientales, sociales y de gobernanza para definir qué productos saldrán al mercado. [...] Todo ese tránsito implica capacidades que no necesariamente pertenecen a la actividad principal de la empresa. Por ejemplo, capacidades para trabajar con el sector público; para medir indicadores ya no solo de rentabilidad del negocio, sino de rentabilidad social; para transformar indicadores sociales en indicadores monetarios. [...] Implica elementos de manejo de recursos humanos que no siempre los ejecutivos tienen. [...] Detrás de esa cifra de 36% de empresas que necesita capacitación para líderes y equipos hay elementos que en su cotidianidad no conocen”, explica.
Complementa César Vieira, director de Insights y Estrategia en Apoyo Comunicación: “Hay mucha jerga en la sostenibilidad, términos que no todo el mundo entiende. [...] Se busca que el colaborador esté más familiarizado con esos conceptos para que tenga un mayor nivel de involucramiento. [...] Muchas veces toda la gestión de la sostenibilidad se tiende a encapsular en el top level: quienes están más involucrados en la sostenibilidad son los gerentes de primera línea y, a medida que se va bajando, ese involucramiento se va reduciendo”.
En tanto, la difusión masiva —reputación y relacionamiento— queda al final, con 18%, porque las empresas priorizan hacer y medir antes que comunicar.
Comunicar sin contar con indicadores amigables para los demás expone a las empresas al riesgo de acusaciones de greenwashing —discurso ambiental de una empresa que va más lejos que sus acciones— o a ser percibidas como espacios de “autobombo”. Por ello, prefieren postergar la divulgación hasta tener sustento.
“Hoy las empresas, en lugar de concentrarse en la campaña de difusión masiva, están buscando comunicar en espacios más acotados, incluso cara a cara, donde es mucho más fácil absolver dudas. [Buscan] educar a los stakeholders y sensibilizarlos en los temas de sostenibilidad. [...] Nosotros le denominamos a esto una comunicación multistakeholder”, señala Vieira.

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El reto de las agendas coordinadas
La relación entre el sector público y el privado en esta materia está marcada por la incertidumbre y la falta de continuidad en las reglas del juego. El obstáculo central para las empresas no radica en la ausencia total de interlocución, sino en la falta de predictibilidad regulatoria que impide consolidar proyectos a largo plazo. Así, 40% afirma que existe diálogo, pero los marcos regulatorios cambian o sufren de falta de claridad.
“En el último quinquenio la rotación de funcionarios ha sido altísima y, cuando hay rotación, hay que empezar de nuevo todo el diálogo. [...] En términos de sostenibilidad, el sector público cobra importancia porque es de donde nacen regulaciones que van a afectar el negocio en el largo plazo. Esas regulaciones tienen razón de ser porque existen fallas de mercado detrás que deben controlarse. [...] Me refiero, por ejemplo, a taxonomías verdes; a la generación de combustible a partir del coprocesamiento de residuos, no toda la basura se puede utilizar para hacer energía; la facilitación de la implementación de proyectos de inversión pública, el diseño, la creación de fondos de financiamiento públicos-privados; la gobernanza del agua, que es clave”, expresa Andrade.
Por su parte, el 23% sostiene que el diálogo es limitado y reactivo ante situaciones de crisis. Y apenas un 18% cuenta con un diálogo fluido y prioridades regulatorias predecibles, mientras que el 12% prefiere minimizar la interacción y enfocarse estrictamente en cumplir la norma vigente.
Vieira profundiza en estos resultados: “Hay un elemento de de confianza perdida. Como ves que el sector público no te va a ayudar a avanzar, entonces prefieres no no involucrarlo. Pero lo que muestra la tendencia es que involucrar el sector público va a ser necesario, hay un convencimiento de que se necesitan trabajar en agendas transversales. [...] Un reto importante es volver a recuperar legitimidad de cara al sector público”.
Cabe señalar que el 2% describe la relación como predominantemente adversarial o de desconfianza.

El dato:
- La evaluación incluyó a 11 sectores económicos. Los de mayor presencia fueron servicios (16%), manufactura (13%), minería metálica (13%) y finanzas (9%). Los otros fueron banca, retail, agroindustria, cemento, pesca, infraestructura y consumo masivo. La urgencia de capacitación es transversal, asegura Andrade.

Redactora de Economía en Gestión. Periodista nacida en Piura, con ocho años de trayectoria profesional y experiencia en edición y corrección de textos.







