¿Qué les decimos a las estudiantes de economía, que son más del 40%? ¿A las jóvenes abogadas que quieren destacar o a las decenas de mujeres que apuestan por la gestión pública? ¿Qué no nos importa? (Foto: GEC Archivo)
¿Qué les decimos a las estudiantes de economía, que son más del 40%? ¿A las jóvenes abogadas que quieren destacar o a las decenas de mujeres que apuestan por la gestión pública? ¿Qué no nos importa? (Foto: GEC Archivo)

Hace unas semanas el publicó su Global Report 2026. El Perú cayó del puesto 57 al 94 entre 145 economías: 37 posiciones en un solo año. Solo Cabo Verde, con una caída de 39 puestos, registró un mayor retroceso. Quedamos últimos entre los 22 países de y el Caribe.

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¿Por qué retrocedimos? Perdimos terreno en tres de las cuatro dimensiones del índice. Solo en salud y supervivencia nos mantuvimos alrededor del puesto 35.

Toca retomar el tema, empujarlo y volver a ponerlo en la agenda, aunque otra vez nos digan que es “una agenda de las mujeres”.
Toca retomar el tema, empujarlo y volver a ponerlo en la agenda, aunque otra vez nos digan que es “una agenda de las mujeres”.

¿Qué nos pasó? Perdimos el impulso para seguir avanzando, pero también dejamos de defender lo ya conquistado. Ya no es habitual preguntarse por la equidad de género en las empresas ni en el sector público. Ha dejado de llamar la atención que un panel esté compuesto solo por hombres, o que solo se consulte a expertos varones, incluso sobre feminicidio o violencia contra la mujer.

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Parece increíble que hace apenas cinco años, entre julio y diciembre del 2021, tuviéramos simultáneamente a una presidenta del Poder Judicial (Elvia Barrios), una Fiscal de la Nación (Zoraida Ávalos), una presidenta del Congreso (María del Carmen Alva), una presidenta del Tribunal Constitucional (Marianella Ledesma), una Superintendente de Banca, Seguros y AFP (Socorro Heysen) y dos mujeres entre los siete directores del Banco Central (Roxana Barrantes y Marylin Choy). Fue un buen momento. Pero ahí ya había señales de que era excepcional: en ese mismo periodo solo dos mujeres integraban el gabinete. Luego, el Gobierno de la señora Dina Boluarte empezó con ocho ministras y terminó con apenas tres.

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El Ejecutivo, que hasta fines de la década pasada se esforzaba por dar el ejemplo con nombramientos que ayudaran a cerrar brechas de liderazgo, perdió ese empuje. Hoy, pese a tener una presidenta mujer, el Gabinete cuenta con solo dos ministras, ambas, en carteras sociales y de cuidado. Por su parte, el MEF convocó, con muy buen criterio, a un destacado grupo de expertos para proponer reformas transformadoras. Todos varones. ¿No hay una sola mujer capaz de aportar a esa tarea?

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El Congreso no lo hace mejor. El Senado, con el 27% de senadoras, presentó hace poco 12 candidatos para los tres asientos del directorio del BCR que le corresponde designar. Todos con buena trayectoria; ninguna mujer.

En el sector privado el panorama es mixto. Algunas empresas mantienen su compromiso, ya sea por convicción o porque sus compromisos ESG así lo exigen. Otras han abandonado sus esfuerzos a favor de la diversidad e inclusión, amparadas por los vientos que soplan desde el norte y por las nuevas narrativas de varios gobiernos de la región.

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Pero esto no es solo un asunto de derechos, lo cual ya sería razón suficiente. Es también un asunto de eficiencia. El propio reporte lo muestra: las mujeres peruanas ya superan a los hombres en matrícula universitaria y representan el 45% de los profesionales y técnicos. Sin embargo, ocupan solo el 32% de los cargos directivos y gerenciales, su participación laboral es 16 puntos menor que la de los hombres y su ingreso estimado equivale a apenas dos tercios del masculino. Invertimos en formar talento y luego lo dejamos en la banca. Ningún país que aspire a crecer más y a tener un mejor Estado puede darse el lujo de desperdiciar así a la mitad de su capital humano.

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Lo peor es que le prestamos muy poca atención a este tema. Para muestra un botón: cuando el Perú perdió un puesto en el ranking de competitividad IMD-Centrum (quedamos en el puesto 60 de 70 este año), encontré más de 15 notas periodísticas que buscaban explicaciones y recomendaciones. Sobre la caída de 37 puestos en el índice de brechas de género, encontré una sola nota local en una publicación especializada en microfinanzas.

¿Qué les decimos a las estudiantes de economía, que son más del 40%? ¿A las jóvenes abogadas que quieren destacar o a las decenas de mujeres que apuestan por la gestión pública? ¿Qué no nos importa?

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Pues no. Toca retomar el tema, empujarlo y volver a ponerlo en la agenda, aunque otra vez nos digan que es “una agenda de las mujeres”.

En un país donde casi dos de cada tres mujeres en edad de trabajar están en la fuerza laboral, donde hay profesionales y líderes con enorme potencial, donde las mujeres se organizan allí donde hace falta, como en las ollas comunes, y donde la mayoría de víctimas de violencia de género siguen siendo niñas y mujeres, no podemos dejar de trabajar para que todas las mujeres puedan ejercer sus derechos ciudadanos, y acceder a oportunidades que les permitan contribuir al crecimiento y al fortalecimiento del Estado.

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Que el próximo reporte del WEF nos encuentre recuperando los 37 puestos perdidos. Y que, en esa oportunidad, sí veamos comentarios al respecto.

Carolina Trivelli es investigadora principal del IEP.

SOBRE EL AUTOR

Magister en Economía Agraria por The Pennsylvania State University y Economista de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP). Ex Ministra de Desarrollo e Inclusión Social.

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