
PROBLEMA PENDIENTE. En las películas del Viejo Oeste, las diligencias debían atravesar inhóspitos e incómodos caminos –con el riesgo latente de volcaduras– y si lograban sortear ese obstáculo, se enfrentaban a otro igual de peligroso: los asaltos perpetrados por las bandas de forajidos. Si nos transportamos a los caminos peruanos, con el siglo XXI ya en su segunda década, la ficción se transforma en una cruda y vergonzosa realidad.
No hay semana en que los titulares de los diarios y de los noticieros de radio y TV –o de la moderna Internet– informen de alguna tragedia en las carreteras del país, ya sea por algún accidente que generalmente concluye en muertes o por violentos asaltos que usualmente también se cobran vidas o dejan personas heridas de bala. A pesar de las promesas, las autoridades no han logrado ningún éxito en atacar el problema, ya sea por falta de voluntad o porque no cuenta con recursos suficientes para comenzar a solucionarlo.
Hay que reconocer que ha habido intentos, sobre todo en materia normativa, pero es harto sabido que las leyes no obran milagros, especialmente si nadie vela por su cumplimiento. Por ejemplo, hace tres años se creó la Superintendencia de Transporte Terrestre de Personas, Carga y Mercancías (Sutran), que está adscrita al Ministerio de Transportes y Comunicaciones (MTC). Sería mezquino no reconocer los esfuerzos de la entidad por supervisar y sancionar a los infractores, pero mientras las carreteras –particularmente las de la sierra y selva alta– continúen en el estado deplorable en que se encuentran, los buses seguirán volcándose.
Para reducir los asaltos, se han dictado medidas como la instalación de sistemas GPS y cámaras de video en los buses, aunque es necesario complementarlas con la presencia disuasiva de la policía de carreteras. Lamentablemente, la consabida falta de recursos impide incrementar el número de agentes y unidades, esperemos que el ministro del Interior evite comentar que la inseguridad en el transporte interprovincial es solo una "percepción".
La informalidad es otro de los males endémicos del sector y resulta decepcionante que Sutran no posea el peso institucional que su labor requiere, más aún cuando sus acciones suelen ser revertidas por el Poder Judicial. Si el gobierno tuviera noción del enorme costo económico de este problema, ya habría puesto manos a la obra para resolverlo.
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