Habrá fuertes presiones políticas para poner fin al bloqueo del estrecho de Ormuz, pero por ahora no se ve una salida fácil. (Foto: AFP)
Habrá fuertes presiones políticas para poner fin al bloqueo del estrecho de Ormuz, pero por ahora no se ve una salida fácil. (Foto: AFP)

Salvo excepciones como la energía hidroeléctrica, el petróleo sigue siendo la principal fuente energética del planeta. Eso ocurre a pesar del gran esfuerzo que han hecho muchos países para tener economías “verdes”, ambientalmente sensibles, en vez de depender de los hidrocarburos contaminantes como el petróleo y el carbón.

Hace cinco años, la economía mundial se enfrentaba a una sobreoferta, es decir, a una producción excesiva de petróleo. El mundo consumía aproximadamente 100 millones de barriles (de 42 galones cada uno) al día y se producía petróleo en exceso. El precio internacional rondaba los US$ 60 por barril y los grandes productores de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) hacían todo tipo de malabares para limitar la producción. Se creó la alianza OPEP+, que incluye a Rusia, que es hoy uno de los principales productores mundiales.

Todo eso cambió súbitamente con la revolución del petróleo en Estados Unidos. La nueva tecnología de fracking abrió la posibilidad de encontrar petróleo comercialmente explotable en campos que habían sido dejados de lado años antes. Estados Unidos se convirtió en pocos años no solo en uno de los grandes productores de petróleo (en realidad, el primero), sino que también empezó a ser un exportador muy importante, sobre todo de diésel.

El panorama petrolero mundial cambió totalmente y la expansión de la oferta creó una crisis de precios, que parecían mantenerse permanentemente bajos.

Todo este cambio, de repente, se encontró con la guerra en el Medio Oriente y los precios del petróleo empezaron a subir. Pero no subieron tanto porque todavía pesaba sobre el mercado un gran superávit de producción de Estados Unidos, Rusia y, obviamente, de los países de la OPEP.

Ahí llegó la segunda crisis petrolera de los últimos años, cuando Irán y los países más afines a Estados Unidos entraron en un conflicto que parecía indefinido. Los precios del petróleo aumentaron hasta US$ 90 por barril. Pero no se quedaron ahí porque, a partir de marzo, Irán decidió bloquear el llamado estrecho de Ormuz, un brazo de mar internacional por el cual pasaba el 20% de la producción petrolera mundial, proveniente principalmente de Arabia Saudita, los Emiratos Árabes Unidos y del mismo Irán.

El cierre del estrecho pareció al principio algo manejable, pero con el paso de las semanas la situación se fue agravando y se creó un cuello de botella difícil de resolver. Ahí es donde estamos hoy. Algo de petróleo pasa por Ormuz, pero buena parte del suministro se ha desviado a otras rutas. Aun así, el precio internacional del petróleo ha llegado en los últimos días a US$ 105 por barril. Todo esto ha llevado a un importante reajuste en el mercado petrolero internacional. Entre los fenómenos importantes de este reajuste están el crecimiento de la producción norteamericana y el fortalecimiento de los vínculos entre Rusia y China en el mercado petrolero, en el cual Rusia se ha transformado en el principal abastecedor de China, sorteando así los obstáculos y las sanciones internacionales contra los países que importan petróleo ruso. Pero estas sanciones no han funcionado muy bien. Lo que han hecho es acercar más a China y Rusia y poner en una situación difícil a los países importadores: los europeos, algunos de América Latina y la mayor parte de los países africanos.

Entonces, estamos ante una crisis difícil de resolver. La guerra con Irán ha provocado enormes daños en instalaciones petroleras de los Emiratos Árabes Unidos y otros países del Golfo, que no pueden repararse en poco tiempo. Esta situación tiene, además, el inconveniente de haber afectado la oferta mundial de ciertos productos refinados, especialmente el diésel, que es uno de los principales combustibles utilizados en el transporte comercial en Estados Unidos y Europa. El precio por galón ha pasado en las últimas semanas en Estados Unidos de US$ 4 a US$ 6.50 y, en el caso de California, estado con restricciones muy fuertes a las refinerías de hidrocarburos, ha llegado a US$ 8.50 por galón. Todo esto puede tener consecuencias políticas importantes porque el diésel no solo es uno de los principales combustibles del transporte comercial, sino que también resulta indispensable para diversas actividades, tales como las labores agrícolas que utilizan tractores.

¿Qué va a pasar ahora? Obviamente, habrá fuertes presiones políticas para poner fin al bloqueo del estrecho de Ormuz, pero por ahora no se ve una salida fácil. El alza del diésel genera presiones inflacionarias que se sienten hoy aquí en el Perú y también en el resto del mundo. Hay temores de que la oferta agrícola de alimentos se restrinja debido al alza del diésel. Ese peligro podría tener importantes consecuencias políticas en Europa y Estados Unidos. Veremos, pero hay que estar atentos.

Pedro Pablo Kuczynski es expresidente de la República

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