
DIANA MUJICA MAGUIÑAdmujica@diariogestion.com.pe
ENTREVISTAJuan Alberto Forsyth, presidente ejecutivo de Crosland
¿Tienen las personas con una buena fortuna en el banco una señal que las distingue? Cuando se ve caminar a Juan Alberto Forsyth, John para sus amigos, la respuesta se diluye pues en él no se ve un signo de riqueza u ostentación. Responde con un guiño de ojo y paciencia las preguntas impertinentes sobre cómo logró su fortuna, esa receta que todos quieren saber y copiar; y soporta con estoicismo las ideas del fotógrafo para la imagen perfecta.Este es un recorrido sucinto, porque su historia completa está hecha de capítulos extensos como un libro de aventuras que no puede abandonarse sin saber el final, por la carrera de un hombre que comenzó en la planilla de Crosland, se ganó el aprecio de los accionistas y terminó siendo su único dueño.
¿Usted estuvo en la protohistoria de la firma?Así es, estoy desde antes de que Crosland fuera Crosland (risas).
¿Cómo se dio esa evolución?Cuando recién comenzamos a trabajar el señor Crosland decía que en una empresa había que encontrar el pan con mantequilla. Con eso quería decir que teníamos que encontrar alguna actividad que nos permitiera pagar la planilla y poder vivir y sobrevivir. La fiesta era si sacábamos un proyecto grande.
¿Cuál era el pan con mantequilla de Crosland?Eran las líneas Rolls Royce de motores diesel que las introdujimos en la industria pesquera cuando hubo un auge pesquero. Antes no había electrificación en la costa. Entonces en cada caleta pesquera cada fábrica tenía su planta eléctrica. Ahí entramos a tallar nosotros, importábamos los equipos, los grupos electrógenos: alquiler y venta.¿Usted tenía que preocuparse por la mantequilla y la fiesta?Sí, manejaba ambas cosas, pero estaba conmigo el señor Charles Crosland, de la matriz en Inglaterra, que se encargaba de conseguir la fuente de los equipos y el financiamiento externo. Mi trabajo era ubicar los proyectos donde podíamos hacer esos negocios y desarrollarlos. Si no había fiesta, que sucedía a veces, comíamos tranquilos nuestro pan con su mantequilla.
¿Cuándo se da el punto de quiebre en el negocio?Nosotros crecimos apoyados en la industria pesquera y vendiéndole al Estado con los proyectos grandes: en infraestructura, en transporte con las locomotoras. Pero en 1990, con el fujishock, bajaron los aranceles y se hizo inviable vender grupos electrógenos.
¿Qué sucedió entonces?Que nos quedamos muy golpeados y, es más, nos quedamos sin producto. En ese momento, entendimos que el rumbo que había tomado nuestro negocio estaba diseñado para un país que ya no existía, había cambiado ante nuestros ojos. Y las empresas tenían que adecuarse o morir, el proteccionismo desapareció.
¿Qué hicieron?Creo que nos ayudó Dios (risas). En serio, se apiadó de nosotros. Había mucho desempleo, la gente se iba a su casa despedida sin nada que hacer, fue el fin de actividades protegidas, la privatización dejó mucha gente sin trabajo.¿De dónde llegó la ayuda?De la India. Yo tuve la suerte de conocer en un coctel a un embajador de la India. Hablando, yo le dije que mi empresa andaba en busca de un producto de nicho, que se aplique a nuestra realidad y que se produzca en forma masiva y él me dijo: Bajaj, esa fue su respuesta. Una firma que hacía las mototaxis y las motos. Pero suponía un cambio.
¿Por ejemplo? Nosotros le vendíamos a las pesqueras, no teníamos contacto con usuario final. Al comienzo en los estudios, los potenciales clientes decían ¿qué? Una marca india, había desconfianza.¿Cómo sortearon eso?Un día yo le dije a mi hijo ¿por qué no hablas con Augusto Ferrando para que nos promocione el producto; los potenciales clientes adoraban a Ferrando. Así es como se empieza a ver una mototaxi en su programa. Es el mismo Ferrando que viendo una grabación de "Risas y Salsa", se le ocurre decirle al director de ese programa, Guillermo Guille, que lo use en un segmento, que sería muy gracioso.
¿De negocio a programa de tv?Pues sí, y es Guille quien lo incluye; el mototaxi llevaba de chofer a Felpudini y de cobrador a Adolfo Chuiman y le pusieron el taxicholo, un nombre horroroso, pero que tuvo una acogida enorme.
¿Entra de lleno al negocio?Cuando vi el éxito me dije que eso no era para tratarlo con un gerente comercial de Bajaj, así que me fui hasta la India para hablar con el mismo dueño de la firma porque yo iba a arriesgar lo que tenía y lo que no tenía en el negocio.
¿Cuál era su posición en Crosland?Así es, poco a poco yo pasé de ser parte de la planilla de Crosland a ir comprando su parte a todos los socios peruanos hasta quedarme con el 50% de la firma y la otra la conservaba el señor Crosland. Entonces mi dinero y mi corazón estaban en esta empresa a la que entré con 22 años de practicante.
¿Cómo fue el viaje a la India?Resulta que Rahul Bajaj era uno de los cuatro asesores de mayor confianza del presidente de la India, un hombre muy adinerado y de mucho poder que me recibió sorprendido de que haya viajado hasta allá solo para conocerlo.
¿Y empezó la negociación?Fíjese que no hubo tal cosa, yo le dije que no me gustaban un par de cosas del contrato, él me sonrió y me dijo: "Me has caído bien, todo está aceptado". Entonces yo respiré y le dije: "Yo quiero apostar por ustedes, pero quiero un matrimonio cerrado sin infidelidades, quiero estrechar su mano y su palabra de apoyo total y cerrado".
¿Le dio el apretón de manos que usted buscaba?Me dijo "Todo muy bien, tienes todo mi apoyo. Cuando vendas las primeras cinco mil en el año, me voy para Lima y te doy la mano". Era 1992.
¿Aún subsistía el 50 y 50 de la sociedad Crosland?Sí, en ese momento sí porque el señor Crosland por el enorme aprecio que me tenía me ayudó con el financiamiento internacional. Cuando él fallece en 1995, los albaceas no estaban interesados en continuar y nosotros compramos la firma completa.
¿Y el apretón de manos? Cuando vendimos los cinco mil, el señor Bajaj ya era congresista de la India, pero cumplió y mandó a su hijo a darnos la mano.
¿Y llegó el tiempo de fiesta?Sí, yo me siento muy orgulloso de lo que hemos logrado, esta firma es como un hijo al que he cuidado desde sus primeros pasos. Es desde el 2002 al 2003 cuando ya la firma produce excedentes. Pero se dan dos caminos: el de mi hijo Juan, que quiere crecer, crecer y crecer; y yo, que quiero lo mismo pero con más prudencia. Él fue el de la idea de empezar a transportar pasajeros a Machu Picchu con los trenes. Yo no quería frenarlo, pero fuimos despacito.
¿Los trenes son lo suyo?Me divierten mucho, así que estaba feliz con ese rubro. Yo tengo una larga relación con este rubro, trabajamos con las locomotoras. Me gusta verlos, conocerlos, he viajado en muchos, estuve en uno hermoso en Sudáfrica que era un tren de lujo.
¿En cuánto tiempo se ve usted dejando atrás Crosland?Qué pregunta tan difícil. He hablado mucho, pero no sé cómo responder. Pues, mire, el día a día lo ve mi hijo, y creo que la parte técnica, por mi formación, la superviso yo. Eso me parece un buen trato.
¿Cómo se logran tantas amistades entrañables en un entorno de negocio?Creo que el señor Crosland me vio desde muy joven, hubo mucho cariño, luego respeto mutuo y fueron tantos años de trabajo conjunto. Mi otro gran amigo también fue con quien trabaje, el presidente de la firma, el señor Ledgard. Mis dos grandes amigos vienen de Crosland. Yo era muy jovencito, entonces me llevaban a comer, me cuidaban. Así que a punta de trabajo, cariño y respeto yo logré lo que todos quieren: que el jefe los quiera.
HOJA DE VIDACargo: Presidente ejecutivo de Crosland.Estudios: Ingeniero mecánico electricista de la UNI. Estudios en el PAD de la U. de Piura, ESAN y el Reino Unido.Estado civil: Casado.
EN CORTOUn hijo que se ganó la confianza a pulsoExperiencia. Cuando el patriarca vio las credenciales académicas de su hijo, se armó de valor y le dijo: "Quédate fuera, en Inglaterra, donde ya ya trabajaste en un banco, que te va a ir mejor ahí que con nosotros. Pero él me dijo: este es mi país, tú eres mi padre, me quedo. Y empezó a trabajar desde abajo, entendiendo cómo era nuestra empresa. Hasta que hoy él lleva las riendas de Crosland.
LAS CLAVES1. Entrada. Forsyth entró como gerente de ventas en su segunda incursión en Crosland.2. Política. Los políticos que admira son el doctor Luis Bedoya Reyes y respeta a Alan García.3. Viajes. El próximo tren de su vida será el el Orient Express de Europa en su próximo viaje.
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