Los colores de la economía

*Carlos AndersonECONOMISTA*

"El anaranjado es uno de los colores favoritos de Dios. Lo puso allí, entre el rojo y el amarillo; es el segundo color del arco iris" (Reggie Joiner). Y anaranjado es también el color elegido por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) para describir a todos aquellos sectores cuyos bienes y servicios están basados en la propiedad intelectual: la publicidad, la arquitectura, las artes visuales y escénicas, el diseño, la moda, la cinematografía, los juegos, videojuegos, el software, la televisión y la radio, el mundo digital y un largo etcétera que hasta ahora conocíamos como "industrias culturales" pero que de aquí en adelante denominaremos, sin rubor, como "economía naranja".

Economía cuyo color representa a nivel global un valor de US$ 4.3 billones (un 20% más grande que la economía alemana) y que —según el BID— en el caso peruano contribuye aproximadamente con 4,700 millones de dólares (2.7%) al PBI nacional. La palabra clave aquí es "aproximadamente", porque, a diferencia del caso de Colombia, Chile, Argentina, Costa Rica y Uruguay, donde la medición de la contribución de la economía naranja al PBI de las naciones es más fina gracias a la existencia de "cuentas satélites", en el Perú —como en los casos de Bolivia, Brasil, Ecuador y Guatemala— la tarea de construir dicha cuenta especial recién empieza con el fin de generar la información necesaria para tener una mejor apreciación del sector de industrias culturales y para plantearle metas y desafíos. Y es que la información constituye un tema clave para impulsar el desarrollo de la economía naranja, como claves son otros seis conceptos que comienzan también con la letra "i": instituciones, industria, infraestructura, integración, inclusión y, finalmente, inspiración. El potencial de crecimiento de la economía naranja en el caso peruano es enorme y, bien entendida en este marco conceptual de las 7i, podría —me corrijo— debería convertirse en la punta de lanza de los esfuerzos por dotar al país de un grado mayor de diversificación productiva.

Así, con un poco de color naranja, daremos balance y atractivo estético a los colores de nuestra economía, donde, desafortunadamente, predominan todavía el color negro y el color gris de la economía ilegal y de la economía informal. Pero, con el naranja no basta. Necesitamos un par más de colores: el verde de la sostenibilidad medioambiental y el azul profundo de la explotación sostenible de nuestro mar territorial. La economía verde ("green economy") tiene ya muchos adeptos en el Perú. El blue economy, sin embargo, sigue siendo una corriente casi subterránea.

La preocupación por la explotación sostenible del mar como territorio y como fuente de riqueza económica es —para los países caribeños y aquellos que como el Perú tienen un importante litoral— el equivalente del "green economy" de aquellos países donde el mar no juega un papel tan fundamental. Por el azul del mar lo llaman "blue economy", aunque el término y el color se asocien también con una versión 2.0 del green economy, donde el objetivo no es ya reducir las emisiones dañinas al medio ambiente sino la contaminación cero.

Como sea, queda claro que una estrategia balanceada de desarrollo económico necesita de más de un color que la defina: el blanco, de la ciencia y la tecnología; el azul, de la explotación sostenible del mar Pacífico y el cuidado y protección de las cuencas de los lagos y ríos, sin impedir por ello su uso económico; el verde, del uso eficiente de la energía y de su producción, el verde del turismo ecológico; el naranja, de las industrias culturales, y la reducción sustantiva del negro y gris de las actividades ilegales e informales. O, tal vez, el conjunto de colores del arco iris diseñado por el Creador. Lo importante es recordar las sabias palabras de Coco Chanel: "el mejor color del mundo es el que a uno le queda bien".

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