Hacia un nuevo acuerdo para el comercio mundial: una agenda progresista
Se acaba de cumplir un año del denominado día de liberación de los estadounidenses (2 de abril, 2025) cuando se estableció una nueva política comercial contra el mundo; aunque antes de esa fecha se impusieron aranceles contra Canadá, México y China. Por el momento, el daño ha sido gravemente simbólico, pero para suerte de todos aún no se han generado impactos negativos significativos en la economía mundial, ni obviamente resultados positivos en los EE.UU, más allá de una mayor inflación que se avivaría y que podría generar estanflación por su reciente agresión a Irán.
Frente a estas circunstancias, vamos a reseñar un documento en proceso de discusión del premio nobel de Economía 2001, J. Stiglitz y M. Guzmán (2026) con el título de esta nota. Ambos autores son profesores de la Columbia University, Nueva York, EE.UU. El tema es relevante ya que con sólidos fundamentos económicos elaboran una nueva agenda de política comercial útil para economías emergentes y en vías de desarrollo.
Asimismo, es importante para el Perú, en circunstancias en que es muy probable que un partido progresista pase a la segunda vuelta electoral del próximo 7 de junio. Al respecto, es hora de que éste supere la agenda, también simbólica, que difundió antes del 12 de abril, para presentar a la Sociedad una propuesta de desarrollo integral, viable y sostenible para el país.
Contenido
El artículo de Guzmán y Stiglitz analiza cómo debería ser una agenda comercial progresista del siglo XXI en tres secciones. La primera parte explica la crisis actual del multilateralismo. Al respecto, el modelo neoliberal que sustentaba las normas existentes se basaba en supuestos que son fundamentalmente incompatibles con el funcionamiento real de la economía (tecnologías fijas, mercados de riesgo completos, sin aprendizaje ni poder político o de mercado). Asimismo, las reglas fueron aplicadas de forma asimétrica, lo que restringió el espacio de los países en desarrollo, mientras afianzaban los intereses de las corporaciones y de los países poderosos.
El segundo enuncia un conjunto de principios rectores para una agenda comercial progresista. Una idea central es que las reglas no pueden tratarse de forma aislada de la gobernanza del conocimiento y las finanzas globales. La agenda progresista para la arquitectura comercial debe diseñarse para un entorno endógeno: cambio tecnológico, externalidades de aprendizaje, mercados incompletos y asimetrías de poder, con el objetivo de fomentar la innovación, cerrar las brechas de conocimiento y posibilitar la transformación estructural.
La tercera examina, a la luz de estos principios, reformas practicables —en materia de gobernanza, propiedad intelectual, digitalización y creación de coaliciones entre las economías— que podrían llevarnos, a juicio de los autores, en la dirección correcta. En esta nota solo nos vamos a centrar en presentar las propuestas.
Principios básicos
Guzmán y Stiglitz establecen siete principios para repensar las normas del comercio internacional. En primer lugar, cualquier reforma debe estar orientada a promover el bienestar de las personas, no a la proyección de poder o la protección de intereses corporativos estrechos. En segundo lugar, la creencia en la democracia significa que los miembros de cada sociedad deben tener autonomía nacional. Solo las acciones que tengan efectos adversos en otras economías deberían ser prohibidas. Por supuesto, los países deberían ser libres de participar en acuerdos mutuamente beneficiosos, pero cuando hay desequilibrios de poder, uno debe preguntarse: ¿Es coercitivo? ¿Se están repartiendo equitativamente los beneficios?
Por otro lado, una política comercial progresista no puede sustituir a una política nacional progresista. La educación, las instituciones del mercado laboral y la política industrial desempeñan un papel decisivo en la determinación ventajas comparativas y competitivas. Se necesitan sistemas nacionales de protección social para protegerse contra los riesgos, siendo este un asunto nacional más que internacional.
Bienes públicos y conocimiento
En tercer lugar, La arquitectura económica mundial (incluida la del comercio) debería promover los bienes públicos mundiales y regular las externalidades globales. El comercio internacional no debería prevalecer sobre el medio ambiente. En cuarto lugar, un buen régimen global debería ser justo. Se debería promover la justicia social/equidad entre y dentro de los países y, en consecuencia, el régimen debe ser favorable al desarrollo.
En quinto lugar, una agenda comercial a favor del desarrollo debe permitir cerrar la brecha de conocimiento entre los países en desarrollo y desarrollados, es decir, tiene que aplicar políticas industriales. Hoy en día, incluso los países avanzados reconocen que estas políticas pueden ser deseables.
Actualmente hay asimetrías ya que los países avanzados tienen más recursos para la política industrial; por lo tanto, cualquier sistema de comercio justo debe imponer algunos requisitos para los países avanzados para compartir sus conocimientos, y/o proporcionar financiación y otras medidas a los países en desarrollo para mejorar sus capacidades técnicas.
Asimetrías de poder
Los autores señalan, en sexto lugar, que el régimen global debe facilitar la acción colectiva para prevenir los abusos de poder. El orden tiene que reconocer la existencia de asimetrías de poder y que estas deben reflejarse tanto en el diseño como en la aplicación de las normas.
Por último, en séptimo lugar, se debe insistir en el principio de nación más favorecida (NMF) que ha sido un principio fundamental de las normas internacionales. Las violaciones del principio de la NMF distorsionan el comercio internacional, socavando la eficiencia de la economía de mercado. Estas reglas preferenciales se deben aplicar en acuerdos comerciales en los que se dispone un trato arancelario diferenciado, o en casos que involucren alimentos, productos médicos u otros productos donde el rastreo de origen esté justificado por razones de salud pública o motivos de seguridad.
La reforma
Guzmán y Stiglitz teniendo en cuenta los principios anteriores abordan algunos de los diversos temas específicos asociados con la reforma del sistema actual. Ellos dividen la sección en tres acápites. El primero analiza el tema de la gobernanza (quién establece las reglas y cómo se resuelven las disputas). El segundo se refiere a algunos asuntos específicos (patentes en la era de la inteligencia artificial, la nueva era de la digitalización y la protección del medio ambiente). El tercero es un conjunto de propuestas modestas para avanzar en el desarrollo de coaliciones más profundas, pero más acotadas.
¿Quién establece las reglas? Los gobiernos deben consultar en todo momento a los interlocutores sociales y laborales; sin embargo, cabe señalar que se trata de una cuestión de legislación nacional, no internacional, así como realizar una evaluación de impacto en materia de derechos humanos. Estos requisitos mejorarían la rendición de cuentas y garantizan que los compromisos comerciales reflejen objetivos sociales más amplios, no únicamente intereses comerciales. Asimismo, habría que identificar a los posibles perdedores para que un panel independiente sugiera alteraciones en la propuesta comercial.
Por otra parte, el Foro Público de la OMC debería ser empoderado como un órgano deliberativo significativo en lugar de uno meramente simbólico. Lo anterior, permitiría una participación estructurada de los actores laborales, de desarrollo y de la sociedad civil en el proceso. Al mismo tiempo, se debería exigir mayor transparencia, ya que la mayoría de las negociaciones comerciales se llevan a cabo a puerta cerrada.
Cumplimiento y disputas
Los autores anotan que el determinante más importante para el cumplimiento de un acuerdo internacional es el estado de derecho; un entendimiento de que el interés mutuo conduce a que todos cumplan con lo que se ha establecido, a diferencia de lo que viene ocurriendo actualmente.
Asimismo, una agenda de reforma progresista debe reconocer las condiciones desiguales entre los países y por tanto buscan reequilibrar el poder efectivo dentro del sistema multilateral de comercio. El castigo colectivo, en lugar de la represalia bilateral, puede ser una de las formas más efectivas. Este mecanismo puede restablecer parcialmente la eficacia del sistema comercial sin depender de suposiciones poco realistas sobre la simetría. Por otra parte, se plantea que una mejor arquitectura de la resolución de disputas también debe disciplinar. Se debe asegurar que la interpretación permanezca anclada en mandatos claramente definidos y con consentimiento explícito.
Patentes
Guzmán y Stiglitz señalan que un tema central de la propuesta es que las reglas comerciales no pueden separarse de las que se refieren a la gobernanza de las finanzas y del conocimiento global. Las asimetrías en las finanzas globales crean un terreno de juego desigual entre los países en desarrollo y los países desarrollados. Asimismo, esto es aún más importante en el ámbito del conocimiento.
Un sistema global eficiente y justo sería trabajar para cerrar las brechas de conocimiento entre los países en desarrollo y desarrollados y mejorar las capacidades productivas de los países pobres. El objetivo del régimen de propiedad intelectual es todo lo contrario, ya que limita el flujo de conocimiento a los países en desarrollo y aumenta el flujo de dinero desde los países en desarrollo hacia los países desarrollados.
El régimen óptimo de patentes equilibra estas fuerzas opuestas. Desde esta perspectiva, las duraciones más cortas de las patentes se justifican cada vez más. En un entorno impulsado por la IA la protección de patentes excesivamente larga afianza a los operadores establecidos, reduce presión competitiva con efectos adversos en los precios sobre insumos críticos para el desarrollo humano, tales como los medicamentos y limita la difusión de tecnologías que mejoran la productividad, en particular para economías en desarrollo.
En términos más generales, la propiedad intelectual es una construcción social para promover el conocimiento y mejorar el bienestar humano; no debe ser una fuente de poder de mercado para enriquecer a los monopolistas.
Arquitectura de coalición
Los autores señalan que la cooperación regional representa un ámbito de acción concreto para el progreso en un mundo fragmentado. Si bien las asimetrías de poder también pueden ser grandes dentro de las regiones, a menudo son relativamente más pequeñas, pero más densas que a nivel global. Una región puede tener menor diversidad que el resto del mundo. Además, los acuerdos regionales exitosos pueden mejorar la negociación colectiva en temas comerciales y financieros globales.
Sin embargo, las coaliciones también pueden ser geográficamente transversales y estar organizadas en torno a objetivos e intereses compartidos. Pueden adoptar la forma de alianzas basadas en temas (por ejemplo, clima, producción de salud pública, acuerdos de intercambio de tecnología), o agrupaciones funcionales diseñadas para compartir capacidad de aplicación, reparto de riesgos mediante financiación multilateral o acceso al mercado. Este tipo de coaliciones se caracterizan por la alineación de objetivos estratégicos y la complementariedad entre sus miembros.
La formación de coaliciones implica un proceso de creación de capacidades. Las alianzas efectivas requieren administración, coordinación, recursos fiscales e infraestructura institucional. Detrás de una coalición duradera se encuentra el desarrollo de capacidades estatales que permitan a los miembros implementar compromisos, gestionar disputas y coordinar políticas. No obstante, hay que reconocer que las coaliciones pueden alterar la dinámica de poder, y por tal razón los actores dominantes tienen incentivos para tratar de impedir su formación, a través de la presión bilateral, concesiones selectivas o fragmentación estratégica.
Colofón
Guzmán y Stiglitz terminan señalando que la viabilidad de un enfoque comercial progresista depende de afectar el equilibrio de poder entre los países, lo cual requiere de la formación de coaliciones entre los dispuestos a disciplinar el ejercicio del poder unilateral. Más nuevas ideas para poner manos a la obra.

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