De los economistas unidimensionales a la perspectiva multi e interdisciplinaria que incorpora la gasfitería
Desafortunadamente cuando observamos el desarrollo de la argumentación de los economistas, especialmente estándar y/o neoliberales, vemos un claro sesgo hacia una mirada economista centrada exclusivamente en la teoría neoclásica y todas sus derivaciones modernas. Son arrogantes, no existen otros enfoques o perspectivas alternativas; ellos tienen la verdad absoluta, mientras que el resto son descalificados.
De partida se olvidan las célebres palabras de J.M. Keynes en el panegírico en honor a su Maestro A. Marshall de 1924 donde recordó que los buenos economistas son escasos. La razón, según él, es que un gran economista debe poseer una rara combinación de dones. Debe alcanzar un nivel altísimo en varias direcciones distintas, y combinar talentos que a menudo no se dan juntos.
Keynes reitera que el economista debe ser matemático, historiador, estadista y filósofo, en cierto grado. Debe entender los símbolos y hablar en palabras. Debe contemplar lo particular a la luz de lo general, y tocar lo abstracto y lo concreto con el mismo vuelo del pensamiento. Debe estudiar el presente a la luz del pasado y con la mira del futuro. Ninguna parte de la naturaleza del hombre o de sus instituciones debe quedar por completo al margen de su consideración.
Economista como gasfitero
En línea con esta perspectiva se agrega un atributo adicional para los economistas. En esta oportunidad reseñamos un artículo de Esther Duflo, joven economista francesa, profesora de Reducción de la Pobreza y Economía del Desarrollo en el Instituto Tecnológico de Massachusetts. Recibió el Premio Nobel de Economía en 2019 junto a otros economistas especializados en desarrollo. El artículo que nos ocupa se publicó en la revista American Economic Review, vol. 107, no. 5, May 2017. https://www.aeaweb.org/articles?id=10.1257/aer.p20171153
La autora señala que a medida que los economistas ayudan cada vez más a los gobiernos a diseñar nuevas políticas y regulaciones, asumen la responsabilidad adicional de involucrarse en los detalles de la formulación de políticas y, al hacerlo, deben adoptar la mentalidad de un gasfitero.
Los gasfiteros intentan predecir con la mayor precisión posible qué funcionará en el mundo real, conscientes de que será necesario realizar ajustes y modificaciones, ya que los modelos nos brindan muy poca orientación teórica sobre qué detalles serán importantes (y cómo lo serán). El ensayo argumenta que los economistas deberían involucrarse seriamente en la práctica, en beneficio tanto de la sociedad como de nuestra disciplina.
Los detalles
Según Duflo hay dos razones para esta necesidad de prestar atención a los detalles. Primero, resulta que los responsables políticos rara vez tienen el tiempo o la inclinación para centrarse en ellos, y tenderán a decidir cómo abordarlos basándose en presentimientos, sin tener mucho en cuenta la evidencia. Por lo tanto, descifrar todo esto no es algo que los economistas puedan simplemente dejar en manos de los políticos si quieren influir en la economía real.
En segundo lugar, detalles que como economistas podríamos considerar relativamente poco interesantes son, de hecho, extraordinariamente importantes para determinar el impacto final de una política o regulación, mientras que algunas de las cuestiones teóricas que más nos preocupan pueden no ser tan relevantes.
Un ejemplo
La autora recuerda que muchas ciudades del mundo en desarrollo buscan mejorar el acceso de los ciudadanos a las conexiones de agua en sus hogares. Incluso cuando hay grifos públicos, los hogares urbanos sin conexión en casa dedican varias horas semanales a recoger agua, lo que les genera un considerable estrés y tensión. La política típica para mejorar el acceso al agua consiste en construir la infraestructura necesaria y luego incentivar las conexiones al final de la tubería mediante tarifas y/o préstamos subvencionados.
Mejorar el acceso a las conexiones privadas de agua era una idea política sensata, y la iniciativa en su conjunto esta, en general, bien diseñada. Sin embargo, la falta de atención al último paso (los trámites administrativos para la inscripción) impedía que esta gran inversión en infraestructura física y financiera diera sus frutos. Este tipo de elementos prácticos de diseño son esenciales en el diseño de políticas.
Forma de actuar
Duflo señala que prestar atención a los detalles de las políticas requiere una mentalidad ligeramente diferente a la que se inculca en las escuelas de posgrado a los economistas. Citando a Banerjee (2007) resume muy bien la reticencia de los economistas a involucrarse con esos detalles. Los economistas tienden a pensar en modo máquina: quieren encontrar el botón que ponga en marcha la máquina, la causa fundamental de lo que hace girar el mundo.
Se evita tener que buscar dónde se atascan las ruedas y averiguar qué pequeños ajustes serían necesarios para que la máquina funcione correctamente. Cuando nos ocupamos de estos detalles, tendremos ciertas ideas preconcebidas sobre qué características serán importantes, lo que guiará nuestros primeros intentos de diseño. Sin embargo, no está claro que ni los responsables políticos ni los científicos identifiquen correctamente las decisiones más importantes.
Implementación
Así pues, según la autora, un economista interesado en los detalles de la implementación de políticas deberá prestar atención a numerosos detalles y complejidades, algunos de los cuales pueden parecer muy por debajo de su nivel de o muy por encima de su nivel de competencia.
En ocasiones, parecerá que la amplia formación recibida no se aprovecha al máximo. Por otro lado, tendrán la oportunidad de aplicar su mentalidad de economista, ya que muchos de los detalles tienen implicaciones para cuestiones fundamentales en la economía: incentivos, información, racionalidad imperfecta, entre otros. También deberán ser muy observadores y vigilar de cerca el impacto de cualquier cambio que recomienden.
Duflo acota que este enfoque centrado en los detalles se asemeja a la mentalidad de un gasfitero. El economista-gasfitero se apoya en los conocimientos de científicos e ingenieros, pero carece de la seguridad que brinda un conjunto limitado de supuestos. Le preocupa más el cómo hacer las cosas que el qué hacer. En su afán por lograr una buena implementación de las políticas públicas, está dispuesto a experimentar. La experimentación de campo es su herramienta predilecta.
¿Economista ingeniero?
Duflo destaca que el ingeniero toma en cuenta los principios generales, pero los aplica a una situación específica. Esto requiere una atención minuciosa a los detalles del entorno, así como nuevas herramientas: el economista-ingeniero no puede ignorar que una situación particular no se ajusta a los supuestos del teorema, ni puede pedir a los agentes que modifiquen sus preferencias para que dichos supuestos se cumplan. Si el problema específico del mundo real no puede resolverse analíticamente, recurrirá a otras herramientas —en particular, cálculos y experimentos de laboratorio — y simulará el comportamiento de un mercado.
El gasfitero va un paso más allá que el ingeniero: instala la máquina en el mundo real, observa atentamente lo que sucede y luego realiza ajustes según sea necesario. En el momento en que hereda la máquina, los objetivos generales son claros, pero aún quedan muchos detalles por resolver. La diferencia fundamental entre un ingeniero y un gasfitero es que el ingeniero sabe (o supone que sabe) cuáles son las características importantes del entorno y puede diseñar la máquina para abordar estas características, al menos en abstracto.
Cuando el gasfitero instala la máquina, hay muchos engranajes y juntas, y muchos parámetros del mundo que son difíciles de anticipar y que solo se conocerán una vez que la máquina se ponga en marcha. El gasfitero utilizará varios elementos —el diseño de ingeniería, su comprensión del contexto, la experiencia previa y la ciencia hasta la fecha— para ajustar cada característica de la política lo mejor posible, prestando atención a todos los detalles relevantes en la medida de lo posible.
Incertidumbre
Según Duflo no existe una teoría general sobre cómo diseñar políticas bajo este tipo de incertidumbre en los modelos, y en muchos casos, incluso la mejor estimación seguirá siendo solo eso, una estimación. El economista-gasfitero utilizará todo su conocimiento (incluida la incertidumbre del modelo) para llegar a la mejor estimación posible y luego prestará mucha atención a lo que sucede en la realidad.
La incertidumbre en el entorno crea un mundo altamente estocástico: la forma natural de prestar atención a lo que sucede, como argumentará más adelante, es, por lo tanto, analizar experimentos naturales o realizar experimentos de campo para probar diferentes posibilidades de gasfitería.
Políticos y gasfiteros
Según Duflo parece bastante natural que los responsables políticos recurran a economistas-ingenieros para diseñar políticas complejas. Sin embargo, puede que no esté tan claro que los responsables políticos necesiten gasfiteros, o que los economistas sean especialmente idóneos para desempeñar este papel.
Por otra parte, esta incapacidad para percibir los detalles es quizás incluso más marcada en los economistas-científicos y los responsables políticos. El economista-científico está, en efecto, entrenado para ignorarlos: el arte de la modelización requiere simplificar la realidad para desentrañar la lógica de ciertos supuestos esenciales. La atención se centra en los principios generales, no en los detalles que pueden ser muy específicos de un entorno; de hecho, tales detalles son distracciones.
Economista-científicos
Para centrarse en los principios generales, el economista-científico tenderá a descartar esos detalles desagradables (que, de hecho, determinarán el éxito o el fracaso de la política). Esto se aplica a los teóricos, pero también a los experimentadores de campo, cuando asumen esa función científica. En esos momentos, se realizan experimentos lo más controlados posible para intentar aislar un mecanismo específico.
Poner a prueba un principio teórico, no es una deficiencia, sino una característica del trabajo científico, pero significa que los científicos no suelen ser quienes identifican los problemas clave que obstaculizan el éxito de las políticas. El responsable político a menudo ni siquiera está dispuesto a considerar los detalles.
Gasfiteros y políticas públicas
Según la autora existen dos grandes categorías de razones por las que la gasfitería es importante para las políticas públicas, y las dos tienen que ver con la economía. En primer lugar, los ciudadanos (o los supuestos beneficiarios de las políticas) son seres humanos, con objetivos contradictorios, información limitada, capacidad de atención y voluntad limitada. Esto significa que la forma específica en que se presentan e implementan las políticas puede tener una enorme influencia en su éxito o fracaso. Por lo tanto, al implementar una nueva política, es fundamental considerar estos detalles.
En segundo lugar, quienes implementan las políticas, a menudo funcionarios públicos, también son humanos. Pueden sufrir las mismas limitaciones que los sujetos finales de la política, y sus incentivos no necesariamente los llevan a trabajar arduamente o en beneficio de los ciudadanos a quienes sirven. De manera similar a como los detalles crean una arquitectura de elección para los consumidores finales, también crean una arquitectura de incentivos para los funcionarios públicos que implementan las políticas.
Colofón
Duflo termina señalando que los científicos diseñan marcos generales, los ingenieros los transforman en mecanismos relevantes y, finalmente, los expertos en la materia —los gasfiteros— los hacen funcionar en un entorno político complejo y muchas veces caóticos. Este ensayo pretende argumentar que la ingeniería práctica debería ser una parte inherente de la profesión de los economistas: según la autora estamos bien preparados para ello, somos razonablemente buenos en ello y es la forma en que nos hacemos útiles.

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