El Niño ya no es solo un fenómeno climático: también es un riesgo para la economía peruana
Por: Edmundo Lizarzaburu. Profesor de la carrera de Administración y Finanzas de ESAN University.
En el Perú, hablar del Fenómeno El Niño equivale casi de inmediato a imágenes de lluvias muy intensas, de ríos desbordados o de carreteras dañadas, pero su efecto va mucho más allá de lo climático. El Niño puede rápidamente convertirse en una cuestión económica, ya que afecta actividades que sustentan el empleo, las exportaciones, la logística de transporte y el abastecimiento de alimentos.
El contexto es digno de mención. El SENAMHI indicaba, de conformidad con la información proporcionada por el ENFEN, que aún se encuentra vigente la Alerta de El Niño Costero y que podría extenderse hasta el verano de 2027. Para las empresas y las autoridades supone que esto debe incorporarse a la agenda de prevención desde ahora y no solo cuando aparezcan las primeras emergencias. Debe incorporarse desde ahora en los presupuestos, las compras, los inventarios y los planes de continuidad.
El primer canal de impacto es la producción. La agricultura puede registrar pérdidas por exceso de lluvias, temperaturas altas, deslizamientos e interrupciones de los sistemas de riego. La pesca también puede verse afectada por el incremento de la temperatura del mar e incluso por la reubicación de determinadas especies debido a los cambios en la temperatura del agua. Si se producen pérdidas, sus consecuencias se transmiten a las plantas procesadoras, los transportistas, los mercados mayoristas, los exportadores y los comercios.
El segundo canal es la infraestructura. Una carretera interrumpida no es únicamente una obra más en reparación, sino que también afecta a camiones estancados, a mercaderías que tardan en llegar, a productos que pueden perecer, a empresas que deben abonar rutas alternativas. En la parte norte del país, donde hay una importante actividad agrícola, pesquera y comercial, una paralización larga puede afectar de forma negativa cadenas productivas completas.
Hay también una presión sobre los precios. Según un informe del INEI, la inflación acumulada entre enero y julio de 2026 fue de 3,71 % a nivel nacional y de 4,09 % en Lima Metropolitana. Un evento climático que reduzca temporalmente la oferta de alimentos o encarezca la oferta puede aumentar la presión sobre los precios. Esto es particularmente relevante para los hogares de menores ingresos porque destinan una mayor parte de su presupuesto a alimentos y transporte.
El crecimiento económico peruano, además, mostraba una evolución positiva. La tasa de crecimiento del PBI, según el INEI, alcanzó el 3,5% para la producción total del primer trimestre del año 2026. Sostener ese crecimiento no depende únicamente del desempeño de la economía, sino que va de la mano de la capacidad de transformar un posible shock climático de manera que no se convierta en una bajada de producción, en una pérdida de empleo o en mayores necesidades de gasto público en situación de emergencia.
La respuesta ha de ser funcional. Las empresas deben encontrar proveedores alternativos, revisar seguros, el resguardo de los productos en los almacenes, asegurar sus rutas de distribución, mantener niveles de inventario adecuados e indicados y definir qué operaciones son críticas. El Estado debe, por su parte, priorizar drenajes, puentes, carreteras, defensas ribereñas, sistemas de alerta que reduzcan las pérdidas.
Importante también es prestar atención al impacto del fenómeno en la región. El daño no tiene la misma magnitud en todo el país: las zonas de costa, los corredores que conectan áreas agrícolas con puertos y grandes ciudades, pueden presentar una sensibilidad especial; las decisiones sobre prevención deben sustentarse no en medidas uniformes, sino en mapas de riesgo. Una obra de pequeña envergadura que evita el corte de una carretera puede tener un beneficio económico mucho más elevado que su coste; lo mismo se da para un buen sistema de drenaje, la limpieza de quebradas, la protección de planta de producción. La prevención va bien cuando se sabe de antemano qué infraestructura sirve de soporte a la actividad económica de cada zona.
El Niño es inevitable, pero al menos el impacto económico que genera puede ser mitigado en un importe relevante. El problema es que hay que cambiar el razonamiento: gastar en prevención antes puede ser mucho más eficiente que gastarlo después en reconstrucción. El Perú entiende ya que prepararse frente al riesgo climático no sólo corresponde a una política de emergencias, sino que va mucho más allá, transversalizando la política de competitividad, de estabilidad de precios y de salvaguarda del crecimiento nacional.
Fuentes oficiales consultadas
• INEI. Comportamiento de la Economía Peruana en el Primer Trimestre de 2026 (22 de mayo de 2026).
• INEI. Informe de Precios N.° 8 – Agosto 2026.
• SENAMHI / ENFEN. Condiciones actuales de El Niño/La Niña, actualización del 15 de junio de 2026.

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