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Smart money Luis Ramírez Luis Ramírez

Peligro Will Robinson, peligro!

En los mercados financieros encontramos dos extremos emocionales que generalmente nos llevan a tomar malas decisiones o cometer errores, uno es el optimismo exacerbado o euforia, que suele presentarse luego de avances importantes y prolongados en los precios de los activos, cerca de los picos de mercado; y el otro es el miedo exagerado o pánico, que generalmente nos ataca cuando los mercados hacen pisos profundos, o cuando el mercado se está acercando al final de la fase bajista de los ciclos primarios (ciclos de largo plazo).

En los mercados financieros encontramos dos extremos emocionales que generalmente nos llevan a tomar malas decisiones o cometer errores, uno es el optimismo exacerbado o euforia, que suele presentarse luego de avances importantes y prolongados en los precios de los activos, cerca de los picos de mercado; y el otro es el miedo exagerado o pánico, que generalmente nos ataca cuando los mercados hacen pisos profundos, o cuando el mercado se está acercando al final de la fase bajista de los ciclos primarios (ciclos de largo plazo).

Tener miedo no es malo, de hecho, el miedo nos mantiene alertas. Pero el pánico, que es un miedo exagerado, anula nuestra racionalidad, y casi podría decir que siempre nos llevará a tomar malas decisiones. El problema es que algunas personas experimentan un pánico permanente hacia las inversiones financieras. En este punto, solo por si acaso, creo oportuno hacer la siguiente aclaración: no confundamos tener un perfil de riesgo conservador, lo cual es totalmente valido, con tener pánico a los mercados financieros. En algunos casos este miedo exagerado está asociado a una mala experiencia previa. Es decir, “alguien” les contó que gano dinero invirtiendo en acciones, Fondos Mutuos, o cualquier otro vehículo, y muy alegremente contactaron al ejecutivo comercial de alguna institución financiera para iniciar su “aventura” de inversiones. Luego les va mal, y la culpa se la cargan al mercado, porque dicen que es muy riesgoso.

Hacer inversiones financieras conlleva riesgos, es verdad, pero es mucho mas riesgoso cuando entramos al mercado sin conocer bien lo que estamos a punto de hacer (no hubo una capacitación previa), o sin la ayuda de un asesor. Cabe mencionar, que el ejecutivo comercial al que han contactado, no es un asesor, entre otras cosas porque por lo general, su entendimiento esta enfocado a las características y ventajas del producto que ofrecen, y las desventajas de los productos que ofrece la competencia. En muchos casos no cuentan con la formación académica necesaria, además del conflicto de interés inherente a su función. A estas alturas del artículo, probablemente muchos ya están pinchando con alfileres un muñeco con mi nombre, pero que puedo hacer, es así.

Ahora, en honor a la verdad, tampoco se crean que hacerse asesorar por un especialista les asegurará que nunca perderán. Esto tampoco es así, pero la idea es minimizar la probabilidad de tomar decisiones emocionales, mejorar la probabilidad de acierto, y tener la tranquilidad que estructuralmente las inversiones están alineadas con nuestros objetivos, por lo que si bien en el corto plazo, podríamos eventualmente estar enfrentando algunos retrocesos como resultado de la volatilidad natural de los mercados, en el largo plazo, los resultados deberían ser los esperados.

Pero el mensaje que deseo darles hoy, es que si bien es cierto invertir en mercados financieros efectivamente supone riesgos, no hay que correrle a este tipo de inversiones. Primero porque los activos financieros ya sean Sustitutos de efectivo, acciones, bonos o activos alternativos son necesarios, y cada clase de activos cumple una función dentro de la gestión del patrimonio: y segundo, porque el riesgo se administra, el riesgo se gestiona.

Muchas veces en las charlas o seminarios que dicto, cuando hablo acerca de las estrategias de crecimiento que aplican para determinada etapa de vida de la persona, según el horizonte de inversión, que son necesarias en función al objetivo que cada persona busca, y enfatizo que en estos casos es necesario incluir “activos riesgosos”, puedo observar como a algunas personas en el auditorio les cambia la expresión, hacen gestos, etc. y empiezan los problemas. Porque resulta que la estructura de las inversiones debe ser consistente con los objetivos que se buscan, y para determinados objetivos, generalmente de largo plazo como pudiera ser el fondo de retiro para una persona que está en los 30’s, no incluir activos riesgosos traerá como consecuencia que se quede corto, o no logre el resultado esperado al final de su horizonte de inversión.

Y la verdad es que no hay que exagerar la reacción, activos riesgosos es solo un término que alude a las acciones, también llamados de renta variable, u otros activos que por su comportamiento representan un riesgo similar. Lo que pasa es que sobre este tipo de activos, precisamente porque representan una mayor riesgo, también se espera que generen una mayor rendimiento, con lo que el capital administrado debería apreciarse (crecer) en el tiempo. Pero claro, es importante que el Plan de Inversiones que sirve de marco para las inversiones incluya una Política de Riesgos, que garantice una diversificación razonable y limite por ejemplo la exposición a determinados activos cuya volatilidad es relativamente mayor, o que limite las pérdidas potenciales (stop los), entre otros parámetros y alertas.

De manera general, la estructura del portafolio determinará el grado de riesgo que se asumirá. Una mayor composición de activos riesgosos (acciones) supondrá mayor riesgo, pero el rendimiento esperado también será mayor. Mas aún, al interior de cada clase de activos también es posible moderar el grado de riesgo a asumir. Por ejemplo, ya que estamos hablando de acciones, en esta clase de activos vamos a tener la posibilidad de invertir en acciones con una alta sensibilidad a los cambios del mercado (agresivas) versus acciones con baja sensibilidad a la volatilidad del mercado (defensivas). Un ejemplo de estas últimas son las acciones rentistas, esas que pagan altos rendimientos por dividendos.

Y si nos vamos a otra clase de activos, por ejemplo, los Bonos o renta fija. Podremos elegir entre aquellos con alta sensibilidad a cambios en la tasa de interés (mayor plazo de vencimiento) o podríamos optar por ser defensivos y componer el portafolio con bonos de menor plazo de vencimiento, lo que a su vez significará un menor impacto en el precio cuando las tasas de interés varíen. Aunque yo recomendaría elegir la duración promedio del portafolio en función a la forma de la Curva de Rendimientos.

Si aumentamos el porcentaje de Activos Alternativos dentro del portafolio, debido a la baja correlación de éstos frente a los rendimientos de los demás activos, también lograremos mayor estabilidad (menor volatilidad) del portafolio.

Entonces como ven, el riesgo a asumir dependerá de la estructura que nuestro asesor nos recomiende para el portafolio. Pero claro, esa estructura además debe estar alineada con nuestro objetivo de inversión, y debemos ser consistentes con ellos. No podemos pretender crecimiento con una estructura característica de una estrategia de preservación. No lograremos la meta de crecimiento del valor al final del horizonte de inversión, si porque “le tenemos miedo al mercado”, nos llenamos de depósitos a plazo. Los depósitos a plazo, los papeles comerciales, las letras del tesoro, entre otros, pertenecen a la clase de activos que se conocen como “Sustitutos de Efectivo”, en ingles lo encontrarán como Money Market, y su función es la de preservación, no sirven en una estrategia de crecimiento.

La idea es tener un portafolio que nos permita lograr nuestros objetivos financieros personales o familiares, pero que no nos genere ansiedad, un portafolio con el que nos sintamos cómodos. Y ello como ven, se puede manejar en función a cómo estructuremos el portafolio.

 

 

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