El ciclo de la deuda y desigualdad: la desigualdad extrema está alimentando una crisis de deuda en todo el mundo
El último número de la revista Finanzas y Desarrollo del Fondo Monetario Internacional (FMI) de marzo de 2026 tiene como tema principal los impactos de la deuda pública sobre la economía. En particular, en esta ocasión nos interesa reseñar uno de ellos que vincula la elevada desigualdad económica con mayores niveles de deuda para evitar la caída de la demanda, el producto y retomar la tercera recomendación de J.M. Keynes en la Teoría General (cap. 24) —sin hacerlo explícitamente— de aplicar impuestos a los ingresos y a las herencias y redistribuirlos para elevar la propensión a consumir de la sociedad.
El autor del artículo es el profesor Atif Mian, profesor de Economía, Política Pública y Finanzas de la Universidad de Princeton. Se plantea que el aumento de la desigualdad puede obligar a los gobiernos a incurrir en déficits mayores y más prolongados. Los déficits deben ser suficientemente grandes como para mantener a la economía lejos del límite cero (cuando las tasas de interés nominales llegan a cero y la política monetaria deja de ser eficaz) y evitar las recesiones. Ojalá nuestras autoridades fiscales y monetarias entendieran el fenómeno. https://www.imf.org/es/publications/fandd
Enfoques previos
El tema general no es nuevo, ya que se descubrió a partir de economistas postkeynesianos (aprovechando la lógica de J.M. Keynes). Ellos sostienen que este corresponde a un fenómeno característico de la fase Neoliberal del Capitalismo a partir de los años ochenta del siglo XX a la fecha, a diferencia de lo que ocurrió en la Edad de Oro desde la finalización de la Segunda Guerra Mundial hasta mediados de los años setenta.
Mientras que el crecimiento económico de la edad dorada se basaba principalmente en los salarios, en una suerte de balance con las ganancias, ahora en el neoliberalismo es extremadamente desigual —donde salarios son un componente por minimizar— y se fundamenta en mayores niveles de endeudamiento. La deuda genera crecimiento de corto plazo, pero se puede convertir en el origen de crisis futuras.
Antecedentes históricos
Atif Mian recuerda que, durante la Gran Depresión, al ver que el poder adquisitivo de la gente común se estaba desplomando, el entonces presidente de la FED, Marriner Eccles, advirtió de que el ahorro excesivo de los ricos estaba agotando la demanda y agravando la desaceleración económica. Al respecto, señaló que para protegerlos de las consecuencias de su propia insensatez se debería quitarles una cantidad suficiente de su excedente para que los consumidores puedan consumir y las empresas puedan operar con beneficios.
La desigualdad en EE.UU había alcanzado un nivel altísimo: el 1% más rico acaparaba 42% de la riqueza. En cambio, una década después el panorama cambió radicalmente. La movilización de la Segunda Guerra Mundial y la tributación progresiva redujeron la desigualdad y restauraron el equilibrio entre el gasto y la producción. El problema subyacente se desvaneció cuando la economía estadounidense entró en un largo período de crecimiento sostenido y más equitativo.
Tiempos recientes
A comienzos de la década de 1980 la desigualdad volvió a aumentar: la participación en la riqueza del 1% más rico pasó de 22% en 1980 al 35% aproximadamente en 2010. A medida que el ingreso se iba concentrando en los niveles superiores, las fuerzas que se habían advertido volvieron a surgir: el elevado ahorro de los ricos estaba debilitando el poder adquisitivo general.
Con todo, la escasez de demanda que se preveía no se produjo de inmediato: el gasto se financiaba con la deuda, cada vez más cuantiosa, que contraían los hogares situados por debajo de los niveles más altos. Desde mediados de la década de 1980 hasta comienzos del siglo XXI, la rápida acumulación de deuda de los hogares absorbió el exceso de ahorro de los ricos y sostuvo la demanda agregada.
La crisis financiera mundial de 2008 puso punto final a la prolongada racha de gasto de los hogares financiado con deuda. Cuando el sector privado empezó a desendeudarse, el desequilibrio estructural regresó con toda su fuerza: exceso de ahorro en los estratos superiores e insuficiente demanda generalizada en los inferiores. La FED redujo las tasas a cero, pero la política monetaria no pudo cerrar la brecha. La carga recayó en la política fiscal: aceptar un bache profundo y prolongado o incurrir en grandes déficits primarios para estabilizar los ingresos y el empleo. EE.UU eligió la segunda opción.
Déficits públicos
Atif Mian cita a Keynes quien señaló que los déficits ayudan a la economía a recuperarse más deprisa después de un revés, pero solo se necesitan durante un tiempo. Cuando la escasez de demanda es estructural, es decir, responde a una situación persistente de ahorro elevado en los hogares con más ingresos, que capturan una gran parte del ingreso total, la necesidad de incurrir en déficits se prolonga durante más tiempo.
Un exceso de ahorro obliga a la economía a depender cada vez más del gasto financiado con deuda para sostener la demanda agregada. Antes de 2008, el sistema financiero ampliaba el crédito a los hogares, lo que favorecía el consumo, aunque aumentara la desigualdad. Cuando el sector privado perdió la capacidad para seguir endeudándose durante la crisis, la carga de la creación de crédito se desplazó al sector público, como demuestran los datos.
Después de 2008
Según Atif Mian después de 2008, aunque la tasa de los fondos federales estaba cerca de cero, el sector privado no pudo (o no quiso) endeudarse más, de modo que sostener la demanda exigió un aumento del crédito proveniente del sector público. Cuando la capacidad de endeudamiento del sector privado está limitada, la deuda pública puede compensar la brecha de demanda y ayudar a evitar una prolongada depresión económica.
Un exceso de ahorro en un contexto de tasas de interés cercanas a cero obliga al gobierno a incrementar la deuda y los déficits, pero su capacidad para endeudarse no es infinita. Si se ejerce demasiada presión sobre el déficit, con el tiempo las tasas de interés de la deuda pública pueden aumentar, lo que haría insostenible su trayectoria. Una elevada desigualdad y el consiguiente exceso de ahorro por parte de los ricos plantea un dilema para la política fiscal: los déficits no pueden ser insuficientes ya que hay que cerrar la brecha de demanda ni tan grandes que desestabilicen la dinámica de la deuda.
2019 en adelante
Los datos sugieren según Atif Mian que EE.UU en 2019 estaba operando cerca de ese límite superior, es decir, cerca del mayor déficit sostenible a largo plazo. Los déficits públicos más elevados y persistentes desde entonces podrían estar llevando la dinámica de la deuda estadounidense por una senda menos sostenible.
La presión sobre las finanzas públicas de EE.UU no tiene precedentes en su historia moderna: la deuda del gobierno federal y los costos netos de intereses como porcentaje del PBI se encuentran cerca de sus máximos históricos. Se proyecta que el déficit se aproximará al 6% del PBI, con lo que la deuda seguiría aumentando en relación con la economía y amenazaría la sostenibilidad.
Fenómeno mundial
El exceso de ahorro está aumentando en todas partes. La proporción del ingreso que corresponde al 1% más rico ha aumentado (y sigue creciendo) en todo el mundo. Las empresas son un vehículo con ventajas fiscales que permite a los ricos ahorrar y, por tanto, el ahorro de las sociedades ha aumentado considerablemente en todo el mundo en las últimas décadas.
Los estados soberanos ricos están favoreciendo el aumento del ahorro, pero la inversión mundial no ha seguido el ritmo, y esto ha llevado a una saturación del ahorro que requiere más crédito improductivo para mantener la demanda de consumo. Atif Mian hizo referencia a la dinámica llamándola demanda endeudada: crecimiento sostenido por medio de préstamos debido a que el poder adquisitivo subyacente es insuficiente.
Muchas de las principales economías se encuentran en situación parecida a la de EE.UU: mayor dependencia de la deuda para generar demanda, primero a través de la deuda privada de los hogares y después a través de la deuda pública. La deuda total en el Reino Unido aumentó rápidamente en la década de 1980, impulsada por préstamos privados hasta 2008 y, después, por la deuda pública.
Japón siguió una trayectoria parecida, pero empezó antes. El auge del crédito privado terminó a comienzos de la década de 1990 y, posteriormente, la deuda pública absorbió el ajuste. En la zona del euro, el lanzamiento del euro en 1999 coincidió con un rápido aumento del crédito privado que culminó en la crisis de 2008; luego se acompañó de un giro hacia una mayor deuda pública. China también observa un fenómeno similar por diferentes razones.
Inversión estancada
¿Por qué los mercados financieros no canalizaron los abundantes fondos hacia la inversión productiva? A pesar del aumento de la razón de deuda total a PBI, la razón de inversión a PBI en las principales economías se ha mantenido, en general, estable; a veces incluso se ha reducido un poco. ¿Se debe esto a que el sistema financiero no es propicio para el financiamiento paciente a largo plazo? ¿No será que la elevada desigualdad que inhibe la demanda también desincentiva la inversión privada?
Cuando el exceso de ahorro se canaliza hacia deuda improductiva que financia el consumo en lugar de la inversión, los deudores no generan ingresos adicionales que permitan reembolsar la nueva deuda en términos agregados. El resultado es una razón de deuda a PBI en aumento y una presión a la baja sobre las tasas de interés para que la deuda siga siendo sostenible.
Fragilidad definitiva
El autor señala que el riesgo fundamental de depender de la demanda endeudada es su inherente fragilidad. Una vez que los deudores privados agotan su capacidad de endeudamiento, sostener la demanda requiere un respaldo fiscal mayor y más persistente, lo que explica el aumento de los déficits y la deuda pública. La fragilidad de las finanzas públicas de hoy en todo el mundo no es una decisión de política aislada, sino el resultado de la incapacidad de un sistema económico para convertir el abundante ahorro en inversión productiva.
La cuestión que se plantea hoy es si el gobierno de EE.UU puede contener los déficits públicos en caso de que los mercados se pongan nerviosos. La polarización política y la paralización de la actividad legislativa significan que la confianza es limitada. Sin embargo, la lección más trascendental es que los desequilibrios estructurales —que son consecuencia del ahorro excesivo de los ricos— exponen a la economía a tales riesgos.
Colofón
Atif Mian termina señalando que muchas veces hablamos de la desigualdad como si se tratara de un concepto moral, pero hay otra enseñanza más dura: cuando se concentra demasiado ingreso en los niveles más altos, la demanda se debilita, los déficits persisten y la dependencia de la deuda nos debilita a todos.
Eccles capturó esa lógica en 1933: su recomendación era quitar parte del excedente a los más ricos para que los consumidores pudieran consumir y las empresas pudieran operar con beneficios. Como dijo Eccles, no se trata de exprimir a los ricos, sino de salvarlos, o como anotó Keynes en sus recomendaciones orientadas a salvar el capitalismo en general.

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