La próxima crisis económica mundial podría originarse en China: ¿Cómo se resuelve el exceso de capacidad instalada?
No es que queremos agregar problemas a la economía internacional y en particular a la peruana, pero en la revista Foreign Affairs de septiembre-octubre de 2026 se presenta un artículo con el título de esta nota. Obviamente, sus implicaciones serían graves para nuestro país, sumadas a las otras serias dificultades internacionales en curso y futuras, los desafíos estructurales soslayados y coyunturales de diverso origen y, el Fenómeno del Niño. https://www.foreignaffairs.com/china/next-global-economic-crisis-made-china-michael-froman
El autor del artículo es Michael B.G. Froman, presidente del Consejo de Relaciones Exteriores. Fue Representante Comercial de EE.UU en las cumbres del G-20 y el G-8 durante la administración Obama. Anteriormente, fue Subsecretario Adjunto del Departamento del Tesoro y Asesor Adjunto de Seguridad Nacional para Asuntos Económicos Internacionales durante la presidencia de Clinton.
La propuesta
Según el autor, una crisis es evitable. La economía china es resistente y, al menos en teoría, su liderazgo ha manifestado reconocer el problema y mostrar interés en abordarlo. Pero el liderazgo chino sigue reacio a realizar el cambio más importante: reorientar fundamentalmente la estrategia de crecimiento del país hacia un modelo más sostenible.
Froman anota que la forma más segura de evitar esta costosa cadena de acontecimientos es un reequilibrio preventivo y gradual de la economía china. Este ha sido durante mucho tiempo el mejor camino para que logre un crecimiento más sostenible. Pero si bien en décadas pasadas era una decisión acertada, ahora es una necesidad. Obviamente es una mirada estadounidense, con lo que ello puede significar geopolíticamente.
Antecedentes
Froman señala que, en los últimos años, no han faltado las quejas sobre el exceso de capacidad productiva de China. El empeño de Beijing por impulsar las exportaciones y aumentar su superávit comercial ha socavado las aspiraciones manufactureras de economías avanzadas como EE.UU y Europa, así como de países en desarrollo de África, Asia y América Latina. Existe un consenso global sobre la naturaleza de este desafío, pero este ha tenido escaso impacto en la política china.
Ahora, el problema se está transformando en uno cualitativamente nuevo y más peligroso: la capacidad mundial para absorber el exceso de capacidad china se acerca a un punto crítico. Y si se alcanza ese punto crítico, la consecuencia podría ser una crisis económica mundial en un momento en que los gobiernos están particularmente mal preparados para gestionar sus repercusiones.
Explicación y consecuencias
El autor anota que la notable trayectoria de desarrollo económico de China fue posible gracias a un entorno internacional favorable, donde otros países estaban dispuestos a aceptar productos manufacturados de bajo costo a cambio de cadenas de suministro eficientes y bienestar para el consumidor. Sin embargo, ese entorno internacional se ha vuelto tóxico. La disposición política para aceptar la desindustrialización y las dependencias críticas que conlleva la avalancha de importaciones chinas es limitada y cada vez menor. A medida que estas tendencias persisten, es probable que aumente el proteccionismo, lo que restringirá el acceso al mercado de los fabricantes chinos.
Pero el problema va mucho más allá de la reacción política; es una cuestión de números. Cuando la economía china era considerablemente más pequeña, era posible una estrategia basada en impulsar el crecimiento de las exportaciones al doble o al triple del ritmo de crecimiento económico mundial, ya que existía suficiente demanda global para absorberlas. Sin embargo, hoy tiene una economía mucho mayor y no puede continuar por este camino sin quedarse sin clientes. En resumen, Pekín ha superado su modelo económico.
Cuando la maquinaria exportadora china se paralice, las consecuencias serán sumamente dolorosas para China; y una desaceleración significativa de su economía provocaría una conmoción mundial, especialmente entre sus principales socios comerciales, no solo en Asia-Pacífico, sino también en otros países cuyas economías están estrechamente vinculadas a la esta. EE.UU tampoco sería inmune a la conmoción.
Orígenes
Froman recuerda que la OCDE estima que el 60% del aumento de la cuota de mercado manufacturera mundial de China se debe a las subvenciones gubernamentales. Quizás la más significativa, aunque implícita, sea el acceso de las empresas manufactureras chinas al sistema financiero estatal de Beijing, que canaliza un vasto crédito a sectores prioritarios, lo que permite a las empresas expandirse sin la misma preocupación por las ganancias y la rentabilidad que sus pares internacionales.
El resultado es una carrera contraproducente hacia la precarización, en la que las empresas reducen los precios por debajo del costo, aceptan márgenes mínimos o negativos y continúan creciendo para conseguir una mayor cuota de mercado. Casi el 30% de las empresas industriales chinas operan con pérdidas, frente al 20% antes de la pandemia de la Covid-19. En los sectores con el mayor crecimiento de la inversión esta cifra asciende al 34%.
Apoyos internos
Según Froman en lugar de permitir que las empresas en quiebra cierren, los gobiernos locales rescatan a las compañías no rentables para preservar el empleo y los ingresos fiscales, y los bancos estatales refinancian la deuda de los prestatarios insolventes. Este sistema, sumado a un yuan persistentemente infravalorado que abarata las exportaciones, permite a las empresas chinas cobrar hasta un 30 % menos que sus competidoras extranjeras.
Estas guerras de precios y el exceso de capacidad instalada tienen efectos negativos no solo en el extranjero, sino también en el país. El término chino para este fenómeno se traduce como involución, y se refiere a la competencia desmedida que empuja a las empresas chinas al límite, con rendimientos cada vez menores. Las empresas invierten más para producir más y exportar más con márgenes bajos o negativos, subvencionadas por gobiernos locales cuya propia salud fiscal depende de que las fábricas permanezcan abiertas. El resultado es una maquinaria industrial que no puede detenerse ni ralentizarse, pero que, debido a las limitaciones de la demanda, no puede seguir funcionando.
Los problemas chinos
Froman comenta que China ha continuado reprimiendo el consumo interno, con el objetivo de maximizar la producción industrial tanto en sectores estratégicos como en sectores de bajo valor añadido. Un país que compite simultáneamente con EE.UU en IA, vehículos eléctricos y electrónica, y con las naciones más pobres de África en la fabricación de textiles, prendas de vestir y artículos para el hogar. Esto desafía cualquier precedente histórico que siguen la mayoría de los demás países. Incluso los gobiernos que adoptaron estrategias como los de Corea del Sur y Taiwán, abandonaron la manufactura de bajo valor añadido a medida que aumentaban los salarios internos.
Beijing se muestra reacio a cambiar de rumbo porque su modelo de crecimiento basado en las exportaciones es a la vez una gran estrategia económica y un proyecto político. Esta aprovecha las ventajas de China en la producción a gran escala, la energía, la infraestructura, la mano de obra y la experiencia en ingeniería. Asimismo, desde la perspectiva del partido comunista (y su líder en particular), el consumo es una distracción individualista que amenaza con desviar recursos de la principal fortaleza económica de China: su base industrial.
Dilemas
El dilema político que plantea la reestructuración, según Froman, va más allá de la afinidad por la industria. Para lograr un reequilibrio adecuado, Beijing tendría que reconstruir el modelo fiscal del que dependen todas las provincias y municipios, aceptar el consiguiente desplome de los ingresos de los gobiernos locales y absorber despidos masivos.
Tal cambio requeriría alinear los incentivos con un objetivo económico sustancialmente diferente al que los funcionarios e instituciones de todos los niveles han perseguido durante las últimas dos décadas. Los ascensos de los funcionarios locales están ligados al cumplimiento de objetivos de crecimiento, independientemente de si dicho crecimiento es sostenible. Para alcanzar esos objetivos y financiar el gasto local, venden terrenos, invierten los ingresos en parcelas industriales subvencionadas y parques industriales, movilizan crédito de sucursales bancarias locales y entidades financieras gubernamentales locales, y construyen aún más fábricas.
Dado que las provincias y los municipios sufren déficits crónicos y carecen de medios alternativos para generar ingresos a gran escala, este ciclo orientado a la producción se perpetúa indefinidamente. Este problema y sus soluciones —principalmente, un modelo económico más orientado al consumo— son bien conocidos en China. Sin embargo, esto no significa que el problema sea más fácil de abordar.
Reacciones externas
Mientras Beijing debate si adoptar las reformas necesarias para evitar el desastre, es probable que otros países intenten frenar el flujo de exportaciones chinas. Estas medidas podrían cerrar repentinamente el acceso de China a una amplia gama de mercados extranjeros, acelerando el fracaso —según Froman— de su modelo de crecimiento basado en las exportaciones y aumentando la posibilidad de una crisis económica mundial.
En la primera década de este siglo, los países ricos toleraron la pérdida de la manufactura de bajo margen a manos de las empresas chinas. Sin embargo, el reciente impulso hacia la manufactura de alto valor y lo relativo al proceso de manufactura de minerales críticos (y sus productos relacionados) representa una amenaza directa para las estrategias económicas de esos países, preparando el terreno para una ola de proteccionismo incluso en los tradicionales refugios del libre comercio que ya inicio en Europa y no solo en EE.UU.
Las principales economías importadoras ya están intensificando la aplicación de aranceles, requisitos de contenido local y exclusiones por motivos de seguridad nacional. Si esta tendencia continúa, ya sea mediante un esfuerzo coordinado o una serie de medidas unilaterales, China podría sufrir una caída repentina y prolongada de la demanda externa. Con el tiempo, el mercado de nuevas fábricas en China se agotará, al igual que sucedió con el mercado inmobiliario. El superávit comercial de China podría, en efecto, colapsar.
Excesos de capacidad y reacciones
Froman destaca que las distorsiones actuales son más severas en los sectores que Beijing ha designado como estratégicos. Las fábricas chinas han desarrollado la capacidad de producir aproximadamente anualmente casi el doble de la cantidad instalada a nivel mundial el año pasado. Este problema es aún mayor para los vehículos eléctrico donde tiene la capacidad de fabricar aproximadamente 25 millones de vehículos eléctricos e híbridos enchufables frente a una demanda anual de 23 millones este año. En algún momento, es posible que simplemente no haya más compradores para todos los automóviles chinos.
Es probable que Pekín haga todo lo posible por mantener el crecimiento de las exportaciones: Podría debilitar el yuan, ampliar los subsidios a los sectores prioritarios, e impulsar con mayor fuerza la siguiente generación de industrias que China aún no domina, como la aviación comercial y el hardware de IA. Si los socios comerciales intentan interponer más obstáculos a las exportaciones chinas, podría recurrir a medidas de coerción económica, como la restricción del acceso a minerales críticos refinados, para obligar a otros países a mantener sus mercados abiertos.
Colofón
Según Froman China debe coordinar, junto con EE.UU y otras economías importantes, un reequilibrio preventivo y gradual de su economía. El yuan se debería apreciarse por etapas. Los subsidios a los sectores prioritarios se tendrían que reducir gradualmente.
Beijing tendría que implantar una reforma más enérgica para permitir una mayor movilidad social y económica, establecer una red de seguridad social más sólida y promover más el consumo interno. Ninguna de estas tareas será fácil, pero las alternativas son peores finaliza el autor.

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