El hegemón depredador: ¿Cómo Trump ejerce el poder estadounidense?
Las actuales condiciones internacionales exigen conocer las características de cómo EE.UU ejerce el liderazgo respecto del mundo para entenderlo y poder negociar, no someterse. En la revista Foreign Affairs del mes de marzo-abril de 2026 se publicó el artículo con el título y materia de esta nota. Su autor es Stephen M. Walt, Profesor de Asuntos Internacionales de la Escuela Kennedy de Harvard; también director del Programa de Seguridad Internacional y profesor afiliado del Proyecto Futuro de la Diplomacia y de la Iniciativa para Oriente Medio de la misma universidad. https://www.foreignaffairs.com/united-states/predatory-hegemon-walt
Al Pdte. Trump, anota Walt, se le ha calificado de realista, nacionalista, mercantilista a la antigua, imperialista y aislacionista. Si bien cada uno de estos términos refleja algunos aspectos de su enfoque, la estrategia de su segundo mandato presidencial se describe mejor como hegemonía depredadora. Su objetivo principal es utilizar la posición privilegiada de Washington para obtener concesiones, tributos y muestras de sumisión tanto de aliados como de adversarios, buscando beneficios a corto plazo en lo que considera un mundo de suma cero.
Definición
Un hegemón depredador, según Walt, es una gran potencia dominante que intenta estructurar sus transacciones con otros de modo que los beneficios siempre se distribuyan a su favor. El objetivo principal no es construir relaciones estables y mutuamente beneficiosas que beneficien a todas las partes, sino asegurarse de obtener más de cada interacción. Un acuerdo que lo beneficie y perjudique a sus socios es preferible, según ellos, a uno en el que ambas partes ganen.
Se anota que puede recurrir a embargos, sanciones financieras, políticas comerciales perjudiciales para el país vecino, manipulación monetaria y otros instrumentos de presión económica para obligar a otros a aceptar condiciones comerciales que favorezcan su economía o a modificar su comportamiento en cuestiones no económicas de interés.
Vinculará la prestación de protección militar a sus exigencias económicas y espera que sus aliados apoyen sus iniciativas de política exterior más amplias. Los Estados más débiles tolerarán estas presiones coercitivas si dependen en gran medida del acceso al mercado más grande de la potencia hegemónica o si se enfrentan a amenazas aún mayores de otros Estados y, por lo tanto, deben depender de su protección, incluso si esta viene con condiciones.
Otras hegemonías
Todas las grandes potencias, por supuesto, recurren a actos de depredación y, invariablemente, compiten por obtener una ventaja relativa. Al tratar con rivales, todos los Estados intentan salir beneficiados de cualquier acuerdo. Sin embargo, lo que distingue la hegemonía depredadora del comportamiento típico de las grandes potencias es la disposición de un Estado a obtener concesiones y beneficios asimétricos tanto de sus aliados como de sus adversarios.
Un hegemón benevolente impone cargas injustas a sus aliados solo cuando es necesario, porque cree que su seguridad y riqueza se fortalecen cuando sus socios prosperan. Reconoce el valor de las normas e instituciones que facilitan la cooperación mutuamente beneficiosa, que son percibidas como legítimas por otros y que son lo suficientemente duraderas como para que los Estados puedan asumir con seguridad que dichas normas no cambiarán con demasiada frecuencia ni sin previo aviso.
Asimismo, acoge con beneplácito las alianzas de suma positiva con Estados que comparten intereses similares, como mantener a raya a un enemigo común, e incluso puede permitir que otros obtengan ganancias desproporcionadas si ello beneficia a todos los participantes. En otras palabras, una potencia hegemónica benevolente se esfuerza no solo por afianzar su propia posición de poder, sino también moldear el entorno internacional de manera que el ejercicio directo del poder sea menos necesario.
Hipótesis
Contra lo que muchos pensarían, Walt postula que dados los considerables activos y ventajas geográficas que aún posee EE.UU, la hegemonía depredadora puede funcionar durante un tiempo. Sin embargo, a largo plazo, está condenada al fracaso. No es adecuada para un mundo de varias grandes potencias que compiten entre sí, especialmente uno en el que China es un par económico y militar, porque la multipolaridad ofrece a otros Estados formas de reducir su dependencia de los estadounidenses.
Si Trump continúa definiendo la estrategia norteamericana en los próximos años, la hegemonía depredadora debilitará tanto a EE.UU como a sus aliados; generará un creciente resentimiento global, creará oportunidades tentadoras para los principales rivales de Washington y dejará a los estadounidenses menos seguros, menos prósperos e influyentes.
Evolución temporal
El autor señala que, en los últimos 80 años, la estructura general del poder mundial ha pasado de la bipolaridad a la unipolaridad y a la multipolaridad desequilibrada actual, y la estrategia de EE.UU ha cambiado junto con esos cambios. En el mundo bipolar de la Guerra fría Unidos actuó como una potencia hegemónica benevolente hacia sus aliados cercanos en Europa y Asia, pues los líderes estadounidenses creían que el bienestar de sus aliados era esencial para contener a la URSS.
Utilizaron libremente su supremacía económica y militar, y en ocasiones adoptaron una postura inflexible con socios clave, como cuando Gran Bretaña, Francia e Israel atacaron Egipto en 1956, pero Washington también ayudó a sus aliados a recuperarse económicamente tras la Segunda Guerra Mundial; creó y, en su mayor parte, respetó normas destinadas a fomentar la prosperidad mutua; colaboró con otros para gestionar crisis monetarias y otras perturbaciones económicas; y otorgó a los Estados más débiles voz y voto en las decisiones colectivas. Los funcionarios estadounidenses lideraban, pero también escuchaban, y rara vez intentaron debilitar o explotar a sus socios.
Mundo unipolar
Durante la era unipolar, la arrogancia lo convirtió en una potencia hegemónica bastante descuidada y caprichosa. Sin oponentes poderosos y convencido de que la mayoría de los Estados estaban deseosos de aceptar el liderazgo estadounidense y adoptar sus valores liberales, los funcionarios estadounidenses prestaron poca atención a las preocupaciones de otros Estados y se embarcaron en costosas, desacertadas y fallidas cruzadas en el exterior.
Asimismo, impulsaron la apertura de los mercados globales de manera que aceleraron el ascenso de China, aumentaron la inestabilidad financiera mundial y, finalmente, provocaron una reacción interna que contribuyó a la llegada de Trump a la Casa Blanca. Tanto los funcionarios demócratas como los republicanos creían que usar el poder estadounidense para construir un orden liberal global sería beneficioso para EE.UU y para el mundo, y que la oposición seria se limitaría a un puñado de pequeños Estados rebeldes.
Trump
Según Walt, EE.UU se ha convertido en una potencia hegemónica depredadora. Esta estrategia no es una respuesta coherente y bien pensada al retorno de la multipolaridad; de hecho, es precisamente la forma equivocada de actuar en un mundo con varias grandes potencias. Es un reflejo directo del enfoque transaccional de Trump hacia todas las relaciones y de su creencia de que EE.UU tiene una influencia enorme y duradera sobre casi todos los países del mundo.
Durante el primer mandato de Trump, asesores más experimentados y capacitados, como el secretario de Defensa, el secretario del Tesoro, el jefe de gabinete de la Casa Blanca y el asesor de seguridad nacional mantuvieron a raya los impulsos depredadores de Trump. Pero en su segundo mandato, su deseo de explotar las vulnerabilidades de otros Estados se ha desatado por completo, respaldado por un grupo de personas designadas por su lealtad personal y por la creciente, aunque infundada, confianza del presidente en su propio conocimiento de los asuntos mundiales.
Ahora, según Walt, la naturaleza depredadora de la política exterior de Trump se hace más evidente en su obsesión con los déficits comerciales y sus intentos de utilizar aranceles para redistribuir las ganancias económicas en beneficio de Washington. También ha utilizado los aranceles para obligar a otros a modificar políticas no económicas a las que se opone (por ejemplo, con Brasil, Canadá y México). En fin, las muestras de su acción depredadora son abundantes buscando beneficios para EE.UU y para su familia.
Los problemas
Walt anota que Trump y sus partidarios ven en estas acciones de predatorias y en los gestos de deferencia como prueba de que la mano dura trae consigo importantes beneficios tangibles para EE.UU. Sin embargo, hay muchos problemas. El primero es que los beneficios que pregona la administración han sido exagerados. Otro problema es que la economía china ahora rivaliza con la estadounidense en muchos aspectos: PBI, exportaciones, acceso a ciertos recursos estratégicos, entre otros.
Además, si bien otros Estados aún desean acceder a la economía estadounidense y a sus consumidores adinerados, ya no es la única opción viable. Dado que reorganizar las cadenas de suministro y los acuerdos comerciales es costoso y requiere mucho tiempo, y que los hábitos de cooperación y dependencia no desaparecen de la noche a la mañana, algunos países han optado por apaciguar a Trump a corto plazo (ej. Japón y Corea del Sur). Mientras tanto, funcionarios chinos, japoneses y surcoreanos celebraron sus primeras negociaciones comerciales en cinco años en marzo de 2025, y los tres países están considerando un intercambio trilateral de divisas. Por otra parte, Canadá está afianzando relaciones comerciales con Indonesia.
Límites
Walt señala que los aliados de EE.UU toleraron cierto grado de intimidación en el pasado debido a su alta dependencia de la protección estadounidense. Sin embargo, dicha tolerancia tiene límites. La hegemonía depredadora también es ineficiente. Evita depender de normas y reglas multilaterales y, en cambio, busca relacionarse con otros Estados de forma bilateral; pero en un mundo con casi 200 países, depender de negociaciones bilaterales consume mucho tiempo y seguramente producirá acuerdos apresurados, mal diseñados y fomenta la evasión, ya que saben que será difícil supervisar su cumplimiento.
Por otra parte, renunciar a las instituciones, restar importancia a los valores comunes e intimidar a los Estados más débiles facilitará que los rivales de EE.UU reescriban las reglas globales a su antojo. Recientemente China se presenta como una potencia global responsable y altruista que busca fortalecer las instituciones internacionales en beneficio de toda la humanidad. Las declaraciones públicas de China son obviamente interesadas, pero algunos países ven esta postura como una alternativa atractiva a unos estadounidenses cada vez más depredadores.
En definitiva, según Walt, actuar como una potencia hegemónica depredadora debilitará las redes de poder e influencia en las que EE.UU se ha apoyado durante mucho tiempo. Algunos Estados trabajarán para reducir su dependencia de Washington, otros establecerán nuevos acuerdos con sus rivales, y muchos anhelarán la oportunidad de vengarse por ese comportamiento egoísta. Quizás no hoy, quizás no mañana, pero la reacción podría llegar con sorprendente rapidez.
Colofón
La política exterior estadounidense tuvo más éxito cuando los líderes estadounidenses ejercieron el poder a su disposición con moderación. Colaboraron con países afines para crear acuerdos mutuamente beneficiosos, conscientes de que otros estarían más dispuestos a cooperar con EE.UU si no temían su ambición; aunque nadie dudaba de que podía aplicar mano dura que disimulaban con tacto.
La hegemonía depredadora es una estrategia perdedora, desperdicia ventajas en busca de beneficios a corto plazo e ignora las consecuencias negativas a largo plazo. A la larga, según Walt, EE.UU se empobrecerá, se volverá menos seguro e influyente a lo largo del tiempo. Los futuros líderes estadounidenses operarán desde una posición más débil y se enfrentarán a una ardua tarea para restaurar la reputación de Washington como un socio que, si bien busca su propio beneficio, es justo.

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