Economía peruana 2026-2031: ¿Más allá de las expectativas sobredimensionadas y el Fenómeno del Niño?
Desde los últimos meses los poderes económicos y mediáticos con el soporte de las autoridades monetaria y económica del país comentaban que la economía peruana se estaba desempeñando maravillosamente. Obviamente había algunos elementos objetivos que los avalaban como el nivel récord de los términos de intercambio, una tasa de crecimiento del PBI ligeramente superior al 3% y otras variables. Se trataba de decirnos que todo iba muy bien; quizás abonar en la idea de que el país tenía que mantener la actual estrategia económica de seguir haciendo lo mismo de siempre, sin necesidad de ajuste alguno.
Cuando se conoció que Fuerza Popular (FP) ganaría las elecciones, por el voto de los peruanos residentes en el exterior, las expectativas macroeconómicas de las principales empresas del país registradas por el BCRP —en todos los indicadores actuales y futuros— alcanzaron sus marcas máximas de varios años. Sin embargo, ahora en una mezcla de realismo y/o bipolaridad de los formadores de opinión, las expectativas se están tornando más negativas por los impactos esperados a propósito del Fenómeno del Niño (FEN).
Hipótesis
Sin reducir la importancia de los impactos negativos previsibles del FEN al momento entre fuerte-extraordinario y moderado-fuerte dependiendo de si se trata del global o el costero respectivamente, se presentan un conjunto de fenómenos internacionales y endógenos del propio modelo que pueden deteriorar el panorama económico nacional en los próximos años.
A estos se debería sumar los mayores choques negativos que un manejo económico muy ortodoxo y políticamente autoritario-represivo que FP podría generar. Al respecto, la posibilidad de las cuerdas separadas: economía que va más o menos frente a lo social y político en circunstancias más complejas es remota en función de la gran fractura social histórica y su intensificación a propósito de las pasadas elecciones.
Los conflictos geoeconómicos que se plasman en las guerras en curso y particularmente en lo que ocurre en el estrecho de Ormuz, la desaceleración del crecimiento mundial a propósito de las recientes presiones inflacionarias y la nueva política arancelaria, y especialmente la situación de la China no pinta el panorama positivamente (con un menor crecimiento de 5% a 4.3% anual).
La elevada desigualdad global y nacional, la política cambiaria y sus impactos al elevar la propensión a importar; y factores estructurales como la elevada heterogeneidad estructural, el crecimiento basado en sectores extractivos de elevada intensidad de capital —con reducida generación de empleo decente y encadenamientos de producción y empleo—y otros no son señales positivas.
Asimismo, una política de gasto público austera por la decisión de no elevar la presión tributaria —para no perturbar a los sectores empresariales—, y una política monetaria restrictiva no son una buena señal que impiden activar la demanda, atender las necesidades de infraestructura a propósito del FEN y las necesidades sociales. Solo la paradójica presencia de las economías ilegales (especialmente minera) con impactos medioambientales, sociales y políticos severamente negativos puede coadyuvar a seguir impulsando la demanda y el crecimiento económico en algunas regiones y localidades del país.
Riesgos globales
La revisión de los riesgos globales a dos y diez años del Foro Económico Mundial (WEF, 2026) es útil para entender nuestro futuro inmediato. A dos años se pueden agrupar en tres bloques. Los derivados de los conflictos geoeconómicos que incluyen los conflictos armados y las migraciones involuntarias; los asociados a los cambios climatológicas extremos y problemas ambientales; los vinculados a las nuevas tecnologías y otras tendencias que generarían polarización social, mayores desigualdades y desinformación-mal información y ciber inseguridad.
Al respecto, el futuro gobierno enfrentará importantes presiones del gobierno norteamericano y de China —como el principal socio comercial e inversionista— que requieren un difícil ejercicio de relojería fina. Simultáneamente, aunque tardíamente deberá enfrentar los embates del FEN global y costero, donde desafortunadamente no se debe esperar progresos significativos por los desmanejos de los anteriores gobiernos y la indiferencia del Congreso de la República liderado por FP. Sobre las nuevas tecnologías, polarización social y mayores desigualdades desafortunadamente no se ha dicho ni se esperaría un comportamiento proactivo en el Perú.
A diez años hacia adelante dominarían los riesgos asociados al cambio climático, destrucción de la biodiversidad y polución, donde sin recursos económicos y voluntad de cambio lamentablemente no se deberían esperar muchos resultados. Nuevamente, los impactos adversos de la IA y robótica, la polarización social y elevada desigualdad estarían fuera de la agenda gubernamental. Por otra parte, a corto plazo se tienen que enfrentar tanto las grandes fracturas sociales, económicas y culturales que nos dividen como a las economías delictivas e ilegales que azotan al país.
Fracturas internas
El reciente proceso electoral ha evidenciado las fracturas que de todo tipo dividen a los peruanos y que se abrieron aún más por los más de 50 fallecidos a finales de 2022 e inicios de 2023 —amparados por el Congreso de la República— y los recientes resultados electorales. Al respecto, estas no se resuelven simplemente con más dialogo. Primero hay que reconocer la lesión y pedir perdón; luego se requiere de justicia y reparación del daño restituyendo la dignidad y voz; y, por último, nos podremos aproximar a la reconciliación y la paz.
Sin paz y armonía, sin mercados internos en crecimiento —con más empleo decente que incluye derechos laborales — no es el mejor entorno para promover la inversión privada. Asimismo, sería difícil impulsar nuevos proyectos mineros. Por otra parte, se debe recordar que el motor del crecimiento económico, en el próximo gobierno, sería con una lógica neoliberal la inversión privada. A su vez con esta se produce la denominada paradoja de la pobreza en medio de la abundancia reseñada por J.M. Keynes que exige cada vez mayores niveles de inversión para crecer más— que no se generarían— y donde la reducida propensión media a consumir por una elevada desigualdad frenaría el multiplicador del gasto y por tanto un menor crecimiento de la demanda, el PBI y el empleo decente.
Factores clave
Insistir en una estrategia de crecimiento con base a sectores extractivos genera en el corto plazo más exportaciones y divisas, pero solo alrededor de la cuarta parte de estas últimas se convierten a moneda nacional con los impactos dinamizadores respectivos — datos de 2025—. El resto se transforman tanto en mayores importaciones de insumos, servicios y equipos que dinamizan a los de afuera y utilidades que van al exterior o se reinvierten parcialmente en nuevos y/o viejos yacimientos —50% de las utilidades en promedio cuando las expectativas son positivas—. De esta forma, los estímulos a la economía nacional son solo de la cuarta parte de las exportaciones sectoriales.
Asimismo, como se ha comentado anteriormente se trata de sectores intensivos en capital — US$ 2 millones para generar un empleo directo en la gran minería— y un multiplicador del gasto entre 1.5 y 2 por la elevada propensión a importar y la reducida propensión media a consumir por la elevada desigualdad asociada a la actividad y a la economía. Debe anotarse también que, de los 250 mil empleos directos, solo la mitad corresponden al sector minero y la otra mitad a trabajadores en empresas subcontratistas con menores salarios y prestaciones. Se debe señalar que tampoco se esperaría en el nuevo gobierno una estrategia para promover la diversificación productiva.
Política cambiaria
La apreciación de la moneda nacional es un hecho significativo que afectaría el desempeño de la economía peruana que parece se mantendría en los próximos años. Es claro que aumenta los ingresos de las personas en términos de las divisas extranjeras, en particular del dólar americano, lo cual genera una mayor propensión a importar y un aumento significativo de las importaciones de bienes y servicios. Por otra parte, afecta la competitividad de algunas exportaciones no tradicionales.
Sin embargo, el mayor impacto negativo ocurre cuando se genera el síndrome de la denominada enfermedad holandesa que afecta la producción local de alimentos y de bienes manufacturados, ya que los diferentes agentes económicos optan por importarlos en lugar de producirlos localmente —lo cual reduce en términos netos el contenido de mano de obra por unidad de producto—. Al respecto, tanto en 2025 como lo que va 2026 el crecimiento de la manufactura no vinculada a los sectores extractivos ha sido entre 1 y 2% anual menor al crecimiento del PBI total superior al 3%. La apreciación cambiaria no solo desindustrializa, sino que, al aumentar la propensión a importar, reduce el multiplicador del gasto, la demanda, el PBI nacional y el empleo decente.
Elevada desigualdad
La información oficial más reciente sobre la distribución funcional del ingreso va en línea con lo que ocurre a nivel internacional: la elevada desigualdad en ingresos y riqueza se está acrecentando a lo largo del tiempo. Asimismo, de acuerdo con lo señalado por el WEF (2026) estas distancias se elevarían en el futuro inmediato y en un horizonte de 10 años como resultado de las nuevas tecnologías en curso, en particular por los impactos de la IA y Robótica.
Al respecto, esto no solo impactaría negativamente en la equidad, sino que reduciría la cohesión social (agravando las fracturas sociales), reduciría el crecimiento sostenido (reduciendo la propensión media a consumir, el multiplicador del gasto, la demanda y el PBI) y podría agravar la inestabilidad política y gobernabilidad del país.
Solo entre 2019 y 2025 con información del INEI se ha reducido la participación de los sueldos y salarios en 3.4 puntos porcentuales del PBI que equivalen a US$ 14,900 millones; los ingresos de los independientes disminuyeron en 1.8 puntos porcentuales correspondiente a US$ 6,100 millones; mientras que el excedente de explotación (ganancias) se elevó en 6.5 puntos porcentuales similar a US$ 22,100 millones. Asimismo, entre 2019 y 2014 según una estimación del BCRP el Gini que mide la desigualdad en la distribución personal del ingreso se elevó de 0.601 a 0.684 cercano este último al valor del año 2007.
Componente político
Todos los elementos que hemos comentado pueden magnificarse o minimizarse dependiendo de los responsables sectoriales que designe el nuevo gobierno de FP; lo cual es una incógnita a la fecha. Si estos fueran de una perspectiva más ortodoxa alineada al pensamiento de que solo se necesita más crecimiento económico y que este es suficiente para reducir la pobreza, es probable que el resultado final sea contrario al esperado.
Los reducidos encadenamientos del sector minero extractivo, la mayor desigualdad económica resultante, la reducción de la cohesión social y mayor conflictividad social y política redundarían en menores niveles de inversión privada y por tanto un crecimiento económico inferior. Si a esto se agregará mayores niveles de represión social y política los resultados negativos se agravarían conformando un círculo vicioso de conflictividad social y política y menor crecimiento económico.
Colofón
Un poco probable nuevo gobierno con responsables sectoriales ubicados más hacia el centro y con una perspectiva más amplia alejarían algunos de los peligros anteriores. Sin embargo, sin reconciliación nacional, una acertada conducción del entorno externo, sin enfrentar las elevadas desigualdades, sin violentar derechos laborales, sin una reforma tributaria profunda, sin diversificación productiva, sin más democracia e institucionalidad, con ajustes a la política monetaria y transición ecológica, entre otras, no se podrían esperar cambios significativos a favor de todos los peruanos.

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