Hacia una antropología de los premios nobel de economía: Rituales, estructuras de poder y su incidencia en la teoría del desarrollo
El objetivo de esta nota es recordarnos la importancia de identificar los aportes y también los límites de las teorías diseñadas fuera de nuestras realidades. Es también un llamado a desarrollar planteamientos propios; no simplemente copiar y pegar lo que se dice o hace afuera, como ocurre en nuestro país; más aún en tiempos convulsionados como los actuales.
Desde la antropología y la sociología económica, esta reseña elaborada a partir de un artículo del profesor Isaac Enríquez Pérez examina el poder epistémico —capacidad de influir, controlar o determinar qué se considera conocimiento legítimo— y los rituales políticos de los Premios Nobel de Economía en su incidencia sobre la agenda pública y el tratamiento del subdesarrollo.
Argumentación
Se argumenta que la ciencia económica convencional no es neutral, sino que se amalgama con una ideología tecnocrática orientada a gestionar las contradicciones del capitalismo. El análisis de laureados muestra que sus recomendaciones ofrecen soluciones cosméticas que no cuestionan las estructuras de poder y dominación. El artículo concluye con un llamado a las ciencias sociales latinoamericanas a pensar con cabeza propia frente al etnocentrismo de esas posturas teóricas.
El profesor Enríquez Pérez es Doctor en Economía Internacional y Desarrollo de la Unidad Académica de Antropología de la Universidad Autónoma de Zacatecas en México. El artículo original se publicó en la Revista de Economía Institucional de la Universidad del Externado de Colombia, vol. 28, n.º 55, segundo semestre de 2026. https://revistas.uexternado.edu.co/index.php/ecoins/article/view/11779/20069
Importancia
Enríquez Pérez parte señalando que comprender las contribuciones, los alcances y, sobre todo las limitaciones de la ciencia económica suponen desentrañar y cuestionar las dimensiones axiomáticas —premisas o supuestos no demostrados— de esta disciplina, así como asimilar los rituales —prácticas para lograr moldear el sentido común—y la lógica de las estructuras de poder que subyacen en la formación, el ejercicio profesional y en la construcción, enseñanza y difusión del conocimiento por parte del economista.
De ahí la relevancia de abordar el estudio sistemático del Premio de Ciencias Económicas en memoria de Alfred Nobel, otorgado anualmente desde 1969. Quienes son galardonados con este premio gozan de una amplia influencia no solo dentro de la academia y en los insumos que emplean los estudiantes durante su formación, sino que dicha influencia y poder se extienden al ámbito de las políticas públicas, del debate de las ideas e, incluso, en torno a la construcción de narrativas entre la opinión pública y en las agendas de los organismos internacionales y de no pocos gobiernos nacionales.
Contenido
El autor explora los supuestos, postulados y constructos teóricos, así como los referentes políticos y éticos de algunos de los galardonados más destacados en aras de comprender cómo —desde sus posturas y significaciones— se construyen constelaciones de poder que inciden en la agenda pública, en la gestión del proceso económico y en los debates en torno a la dialéctica desarrollo/subdesarrollo.
El abordaje es, en esencia, interdisciplinario —un ejercicio del análisis antropológico que se cruza con la sociología del conocimiento científico y la economía política crítica— e imbricado con el ejercicio del pensamiento crítico en el estudio de la historia de las ideas económicas, así como orientado a abrir el diálogo entre la economía y otras ciencias sociales a partir del análisis de la manera en que los economistas construyen, enseñan y difunden el conocimiento científico e inciden en el diseño, adopción de políticas públicas y modelo de sociedad.
Supuestos clave
Enríquez Pérez es transparente desde el inicio; para él, la ciencia económica convencional no es neutral, sino que su mainstream —escuelas económicas dominantes— se vincula con las estructuras de poder y con el diseño de las agendas públicas desde las organizaciones que despliegan una influencia global; al tiempo que se vincula con una cierta modalidad de ideología promercado supeditada al imperativo de gestionar y atemperar las contradicciones del capitalismo.
Los laureados no deciden directamente en torno a la agenda económica mundial, pero sí construyen una semiótica —disciplina que estudia los signos y cómo los seres humanos crean, transmiten e interpretan los significados en la comunicación—y una serie de rituales políticos para que la opinión pública interiorice un determinado tratamiento, visibilización o invisibilización de los problemas públicos.
Según el autor, con el premio nobel se trata de crear un escenario y una plataforma artificial para proyectar alguna teoría que se pretenda instalar en la difusión mediática, en el debate público y en los ámbitos del diseño y ejercicio de la política económica. Desde la proyección mediática se crea un clima simbólico para que ciertas ideas económicas y recomendaciones se posicionen en el debate público revestidas con cierta fama y prestigio internacionales, hasta el extremo de parecer incuestionables e imbuidas de infalibilidad y credibilidad.
Los problemas
El autor destaca que los economistas gozan de una autosuficiencia dada por la sofisticación técnica de sus modelos; lo que los conduce a aislarse de la colaboración e intercambio con académicos y profesionistas provenientes de otros campos del conocimiento. De ahí que la multidisciplinariedad y/o la interdisciplinariedad sean ejercicios poco comunes para el grueso de los economistas.
Asimismo, que en no pocas ocasiones se omite el reconocimiento explícito de que los datos adolecen de limitaciones o insuficiencias al momento de ofrecer referentes que sustenten las modelizaciones. Por otra parte, el meollo del problema de la ciencia económica se sitúa en torno a la tajante y errónea división en economía positiva y economía normativa, que pretende encubrir la gravitación de la ideología en la construcción de la teoría económica. Asimismo, que se fusiona con la creencia de que el economista crea una ciencia aséptica e infalible.
Excepciones
Enríquez Pérez anota que, salvo honrosas excepciones, el trabajo académico y divulgativo de los economistas laureados con el Premio Nobel se dota de perspectivas teóricas y de prescripciones de política económica preñadas de juicios de valor y de una cosmovisión del mundo signada por el eficientismo, la meritocracia y la racionalidad tecnocrática.
Los críticos no tienen cabida en esos rituales académicos y políticos, puesto que sus ideas fracturarían el consenso neoclásico en torno al mantra o fetichismo del mercado. Incluso voces y plumas como la de Joseph E. Stiglitz —galardonado en el año 2001— que cuestionan el mantra del mercado autorregulado, se diluyen al no cuestionar a fondo los fundamentos del consenso neoclásico en el análisis económico.
Errores comunes
El autor señala que el neopositivismo —donde el único conocimiento válido es el que se basa en la ciencia experimental y en la experiencia empírica— es la concepción que prevalece entre los economistas galardonados. Otro talón de Aquiles es el enfoque que muestran respecto a las crisis económicas, siendo una constante la incapacidad de previsión respecto a acontecimientos como la crisis del 2007-2009 o el análisis sesgado que hicieron en el marco de la pandemia de la Covid-19.
En el caso de laureados como Eugene Fama en 2013 —que introdujo la hipótesis de los mercados eficientes— no explica abiertamente cómo se suscitan las crisis en los mercados de valores ni cómo es posible prevenirlas.
Supuestos infundados
Otro problema común, anota Enríquez Pérez, es el relativo a los modelos económicos neoclásicos —capturados por la noción del equilibrio— que parten de supuestos infundados, incoherentes y faltos de realismo, simplifican la realidad en extremo al obviar múltiples variables, y no representan el carácter complejo de un capitalismo signado por las fluctuaciones cíclicas, las contradicciones, el conflicto y la desigualdad social e internacional.
Esas modelizaciones —que además se fundamentan en el individualismo metodológico— omiten factores y circunstancias no económicas y privilegian solo la fase de intercambio, así como una racionalidad regida por la ganancia y el compulsivo afán de compra/venta. Son esas dimensiones no económicas y que lindan lo simbólico/cultural, las desiguales relaciones de poder y de dominación, lo institucional, los problemas de confianza, las decisiones discrecionales, la opacidad en la información, la corrupción, entre otros factores, los que realmente explican, en buena medida, las crisis económicas.
El problema también se ubica en el plano de la comunicación de las ideas y de la falta de correspondencia que las modelizaciones de los economistas tienen con las preocupaciones, intereses e interrogantes de los grandes públicos.
Tendencia premios
Según el autor, se puede rastrear las tendencias ideológicas que orientan la entrega del galardón desde 1969, y que revelan la estrecha relación entre el Premio y la consolidación del consenso neoclásico. Entre los galardonados con el Premio de Ciencias Económicas destacan en su mayoría estudiosos de la economía formados en —y que nutren— las corrientes teóricas hegemónicas en distintos momentos.
Sin embargo, también existen laureados formados en la matemática, la historia, el derecho, la ciencia política y, recientemente, en la psicología. Esta diversificación de perfiles se hizo latente a raíz de los cuestionamientos respecto al paradigma dominante, a la urgencia de readecuar y matizar sus supuestos principales.
Momentos
En un primer momento es posible identificar economistas keynesianos o que se adscribieron en la síntesis neoclásica/keynesiana, que mostraron una alta calidad académica en sus investigaciones y que tuvieron como prioridad estudiar el crecimiento económico desde vocaciones y perspectivas diversas y heterodoxas dentro de la ciencia económica.
Un segundo momento que representó un momento de transición o viraje hacia la formación y expansión de un consenso neoconservador en la teoría económica y que significó una ruptura con el consenso neoclásico/keynesiano hegemónico desde la segunda posguerra. Un tercer momento se produce por el apuntalamiento y perfeccionamiento del núcleo duro del consenso neoclásico en el análisis económico, a partir del reconocimiento de que existe algo más que la economía de mercado.
Un cuarto momento está marcado por un vuelco de la economía convencional hacia los problemas económicos mundiales, en un intento por posicionar en la agenda pública global y en la opinión pública temáticas de interés generalizado y que se diluían en los trabajos académicos de quienes fueron galardonados durante las primeras cuatro décadas.
Impactos
Enríquez Pérez anotan que las tendencias y momentos identificados tienen consecuencias directas sobre la forma en que el pensamiento económico dominante aborda el subdesarrollo y la política del desarrollo. El autor señala que, si bien los galardonados pueden no participar directamente en las decisiones públicas, con su obra académica y su actividad pública generan un clima simbólico y una construcción de significaciones en torno a los problemas públicos a partir de ese poder del cual disponen.
Por ejemplo, Acemoğlu y Robinson recurren a un análisis político determinista que pretende interpretar el fracaso —o prosperidad— de los países a partir de condicionamientos políticos internos, sin ensamblar el análisis con el carácter desigual y estratificado de la estructura económica mundial, así como con la relevancia de la política industrial con factores culturales y territoriales propios de las sociedades nacionales.
Colofón
Enríquez Pérez termina señalando que más allá de ignorar o subestimar los aportes de los galardonados es imperativo que —desde el sur del mundo— las universidades debatan críticamente con esas posturas y que sus académicos brinden diversas respuestas respecto al desastre y crisis estructural de la economía mundial y apuesten a pensar con cabeza propia en torno a los problemas públicos y a las posibilidades de desarrollo nacional en los márgenes estrechos que ofrece el capitalismo contemporáneo.

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