Geoeconomía y geopolítica global: ¿contenidos generales, pros, contras y algunas enseñanzas?
Al nuevo poder ejecutivo peruano habría que entenderlo por sus acciones concretas más que por sus discursos y anuncios generales. Quizás hay un interés de evitar confrontaciones iniciales y en cambio consolidar un bloque con personajes vinculados a su línea ideológica; pero que desechó la opción de un gabinete de amplia base ignorando al centro y a las fuerzas progresistas del país. Estos son los casos de los nuevos ministros de Relaciones Exteriores, Defensa, Transportes y Comunicaciones, Salud, Educación, y Justicia, algunos de ellos sin experiencia en sus respectivos temas.
Un caso particular es el del titular de Relaciones Exteriores— muchos años encargado de prensa de la embajada norteamericana en Lima —que pone en entredicho rápidamente las importantes relaciones económicas y políticas con China. Asimismo, con otro tema importante en cartera relativo a restablecer las relaciones diplomáticas con México que pasa por la entrega del salvoconducto respectivo, donde se deberá optar entre la ideología de los grupos conservadores rivales del gobierno de Pedro Castillo o el pragmatismo de fortalecer las oportunidades de negocio a través de la Alianza del Pacífico.
Objetivos
El propósito de esta nota es profundizar en el principal riesgo a dos años reseñado en el Mapa de riesgos Globales del Foro Económico Mundial (WEF, 2026): las confrontaciones geoeconómicas, que deberá ser tratado en primera instancia por el Ministerio de Relaciones Exteriores. Esta realidad exige un manejo fino que logre un balance con las diversas potencias mundiales y contribuya a la construcción de un nuevo orden global que sea particularmente beneficioso a las economías en desarrollo. Tenemos en el Perú mucho por aprender y concretar.
Los documentos base para nuestra nota provienen de la revista Finanzas y Desarrollo del FMI, del mes de junio de 2026, enfocado en este tema. En particular se reseñan los artículos de Josh Lipsky y de Jeffry Frieden, titulados: El retorno de la geoeconomía y El costo de la coerción geoeconómica, respectivamente.
El primero de los autores es titular de Economía Internacional y director fundador del Centro de Geoeconomía del Atlantic Council; mientras que el segundo es profesor de Relaciones Internacionales y Públicas y de Ciencia Política en la Universidad de Columbia, y profesor emérito de Ciencia Política en la Universidad de Harvard. https://www.imf.org/es/publications/fandd
Antecedentes
Lipsky anota que, si bien muchos están redescubriendo el concepto de geoeconomía, para la mayor parte del mundo no es más que la forma habitual de hacer las cosas. La idea de separar la seguridad nacional de la economía tiene poco sentido para los encargados de definir las políticas económicas en países como la India, y Brasil, pues todos los días se despiertan preocupados por un shock geopolítico que podría limitar el suministro de energía, o por un conflicto político de ámbito regional que quizás ahuyente a los inversionistas externos y desencadene un éxodo repentino de capital.
En la actualidad ya no cabe la posibilidad de aislar la política económica de la seguridad nacional. EE.UU está volviendo a descubrir la geoeconomía, y lo están haciendo en el contexto de un sistema que al mismo tiempo es el corazón de las finanzas mundiales. Como se ha podido constatar en los últimos cinco años en vista de la intensificación de las políticas industriales, la participación del gobierno en empresas privadas y las sanciones generalizadas que reorientan sectores enteros y bancos, esta evolución es —y seguirá siendo— un proceso doloroso y en ocasiones también costoso.
Miradas y contenidos
Algunos lamentarán este cambio y otros lo celebrarán, señala Lipsky, pero la realidad es que, durante la mayor parte de la historia de EE.UU, la geoeconomía fue la norma. Los tres últimos decenios han sido la excepción. La geoeconomía de hoy se encuentra en la encrucijada de las finanzas, la seguridad nacional y la macroeconomía. Se trata en definitiva de cómo la rivalidad estratégica redefine en tiempo real el comercio y los flujos de capital.
Lipsky divide la geoeconomía en tres pilares. El primero es el futuro del capitalismo y el comercio, entendidos en el contexto del sistema de Bretton Woods y el reto del crecimiento inclusivo. El segundo es el futuro del dinero y abarca las monedas estables, las criptomonedas, las monedas digitales de bancos centrales y los sistemas de pagos. El tercero es la diplomacia económica: los instrumentos de la geoeconomía, incluidas las sanciones, los controles a la exportación y los aranceles.
Geoeconomía hoy
Según Lipsky la era de la geoeconomía actual es más complicada y peligrosa. Tanto EE.UU como China quieren ver sus respectivas versiones de la geoeconomía en acción. Además, en varios sentidos, los papeles se han invertido. Ahora China es responsable de alrededor del 30% del producto manufacturado mundialmente, en comparación con el 16% que corresponde a EE. UU.
Para los responsables de formular políticas económicas, esto supone dar preponderancia a las preocupaciones en torno a la subida de las primas de riesgo y unos flujos de capital más volátiles.
Peligros
El peligro de esta nueva era de la geoeconomía anota Lipsky, es que, una vez que los gobiernos recurren a ella, puede llegar a ser el pretexto para justificar casi cualquier política. En un mundo así, los negocios pierden la predictibilidad necesaria para invertir. Las empresas cambian su manera de relacionarse con el gobierno y el capitalismo de camarilla prevalece. El dinero se malgasta. Se pierden puestos de trabajo. La fragmentación, el proteccionismo y un mundo plagado de conflictos salen muy caros.
El sistema basado en normas, que muchos parecen estar tan dispuestos a dejar a un lado, dio lugar a la mayor reducción de la pobreza de la historia de la humanidad y a un aumento extraordinario del nivel de vida, tanto en EE.UU como en el extranjero, y esto se logró en buena medida a través del comercio, la inversión y la difusión de la tecnología.
Sin embargo, el mundo que produjo esos avances no estaba exento de fallas. Aunque por lo general la prosperidad se abrió camino dentro y fuera de los países, la mundialización también acabó por socavar las oportunidades y la resiliencia en demasiados lugares. La pandemia —y los shocks de oferta que la acompañaron— dejó esa realidad al descubierto. Por esa razón, los que apuesten por la vuelta a la era del libre mercado rampante seguirán llevándose decepciones.
Camino sin regreso
Lipsky termina señalando EE.UU no volverá atrás. El país está buscando un nuevo sistema —o tal vez redescubriendo uno antiguo— y está dispuesto a romper con las convenciones del pasado en lo que respecta al comercio y las finanzas.
La geoeconomía siempre ha formado parte de la política económica y exterior de Norteamérica. El propio sistema de Bretton Woods es la creación geoeconómica por excelencia: no se fundó después sino durante la guerra, al cabo de seis semanas del Día D. Al comienzo de la conferencia, el presidente Franklin Roosevelt señaló que es apropiado que, aun en el momento culminante de la guerra de liberación, nos reunamos para considerar cómo dar forma al futuro que habremos de ganar.
El reto
Lipsky señala que el desafío ahora es diferente: encontrar el camino en esta nueva era, con toda la complejidad e interdependencia que caracterizan al sistema financiero mundial, no para construir un sistema nuevo, sino para adaptar uno que ha dejado de cumplir su función, para ver si la mayor economía del mundo es capaz de reorientar la formulación de sus políticas económicas sin causar grandes alteraciones dentro y fuera de sus fronteras. La distancia entre las capitales financieras y políticas del mundo se está reduciendo a gran velocidad.
El cambio requiere que los economistas entiendan conceptos como la rivalidad entre grandes potencias, y que se exija a los profesionales de la política exterior una formación en macro y microeconomía como requisito previo para ocupar sus puestos. Y esto significa que, en Occidente, todos tenemos que aprender de nuevo lo que la mayor parte del planeta nunca olvidó: que la geoeconomía es, sencillamente, el modo en que opera el mundo.
Pros y contras
Por su parte Frieden recuerda que, en el mundo entero, los gobiernos recurren con creciente frecuencia a políticas económicas como prohibiciones de exportación, sanciones financieras y aranceles comerciales para alcanzar objetivos no económicos. Los beneficios pueden ser significativos, ya que es posible alcanzar un objetivo geopolítico sin amenazar con fuerza militar ni desplegarla, evitando así el gran costo humano y económico de la guerra.
Ese quizá sea el lado positivo, pero la coerción puede resultar costosa para las naciones que la imponen. Por muy atractivo que sea el uso de políticas económicas con fines coercitivos, a veces las ventajas no compensan los costos.
Las ventajas
Frieden anota que el atractivo de las políticas geoeconómicas quizás esté claro, pero medirlo puede ser complicado. Muchos objetivos geopolíticos son difíciles de cuantificar, e incluso de concebir en términos monetarios. ¿Cuánto vale la seguridad nacional? ¿Cuál es el valor de aislar a un adversario, fortalecer una alianza, prevenir un ataque o evitar una guerra desastrosa?
Aunque los beneficios de las políticas geoeconómicas pueden ser intangibles, muchos costos son más directos en términos económicos y susceptibles de análisis. Las autoridades, los analistas y la ciudadanía deberían pensar en lo que el país puede estar sacrificando al imponer sanciones o aranceles con fines geopolíticos. No se trata de descartar del todo ese tipo de medida, pero sí es necesario sopesar los pros y los contras.
Costos de la coerción
Según Frieden, las políticas geoeconómicas alejan la economía nacional de sus fines más productivos: costos para la eficiencia económica. Restringir las importaciones limita el acceso a bienes producidos con más eficiencia en otro país; restringir las exportaciones limita el acceso a mercados rentables. Las trabas a la circulación de bienes y capitales pueden coartar la ventaja comparativa y la eficiencia productiva de un país.
La especialización es fundamental para la productividad y el crecimiento económico: costos para la especialización. La división del trabajo es esencial para promover la eficiencia económica; como escribió Adam Smith. Renunciar deliberadamente a un mercado más amplio restringe el grado de especialización útil de la economía de un país.
Al limitar artificialmente el mercado, un país pierde tanto capacidad de especialización como incentivos para innovar: costos para la innovación. Los productores invierten en investigación y desarrollo para sacar ventaja en los mercados, y redoblan la apuesta cuanto más grande es el mercado y más feroz es la competencia.
Credibilidad dañada
Para un país, según Frieden, gozar de buen prestigio es algo valioso porque anima a otros a concertar acuerdos comerciales, financieros y de inversión posiblemente arriesgados. Si se violan contratos implícitos o explícitos, las medidas geoeconómicas como las sanciones y la congelación de activos sacuden la confianza de los demás países, y a medida que la confianza se erosiona, otros gobiernos y empresas privadas estarán menos dispuestos a arriesgar compromisos económicos que podrían vulnerarse.
Por último, es posible que los costos y los beneficios de las políticas geoeconómicas no se distribuyan equitativamente entre la población, generando quizá conflictos políticos internos. En algunos casos se generan efectos negativos graves y en otros pueden crear oportunidades especialmente rentables para empresas e industrias que consiguen acceso al mercado o un trato favorable.

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