Criptomonedas en tiempos de Trump: ¿Origen, beneficiarios y peligros?
La aparición y expansión de las criptomonedas es un fenómeno relativamente reciente en la economía y finanzas internacionales. Esta se asocia a una perspectiva libertaria, ultraliberal, desreguladora y privatizadora contraria al rol de las monedas emitidas por los bancos centrales en el mundo. Asimismo, se promueve desde las economías de mayores niveles de ingreso, en particular en tiempos de Trump, y también en otras de menores ingresos como en la Argentina de Milei o en El Salvador con Bukele.
Esta nota retoma un artículo del Profesor Gerald Epstein, codirector del Instituto de investigación de Economía Política (PERI) de la Universidad de Massachusetts en Amherst, EE.UU. Ahí advierte que el regreso de Trump ha catapultado al poder a los intereses pro-criptomonedas. El artículo de Epstein, experto en temas monetarios y financieros, fue publicado en Boston Review de febrero de 2026. https://www.bostonreview.net/articles/the-crypto-chokehold/
Principales interrogantes
El autor se interroga sobre: ¿por qué existen las criptomonedas? ¿quién se beneficia de su expansión explosiva? ¿qué peligros representan las enormes fluctuaciones en los valores de estos mercados en el funcionamiento de los mercados financieros y de la economía en general?
Epstein explica porque las criptomonedas aumentan el riesgo de una crisis financiera masiva debido a la falta de regulación, su elevada vulnerabilidad al hackeo y la manipulación. Por otra parte, señala que en la medida que estas monedas captan el interés de más políticos demócratas, la voluntad para detenerlas disminuye. En la misma dirección destaca que el control cada vez mayor de las criptomonedas presagia tanto la redistribución de más riqueza por parte de un número relativamente pequeño de capitalistas como el grave riesgo de una crisis financiera.
Antecedentes
Epstein inicia señalando que, sin Trump, la industria de las criptomonedas habría corrido una suerte muy distinta. En los años previos al inicio de su segunda campaña presidencial, estos mercados sufrían una serie de recesiones que, si bien no necesariamente significaban su muerte, amenazaban con debilitar drásticamente la posición de una clase de activos que había creado una nueva generación de élites económicas, relegándola a un nicho de mercado para aficionados a la tecnología, apostadores en línea y narcotraficantes.
2022, en particular, fue un año tan malo para las criptomonedas que los analistas comenzaron a referirse a él como un criptoinvierno. El valor de Bitcoin —la criptomoneda que, en 2009, dio origen a la revolución cripto— en noviembre de 2022 cayó en picada, arrastrando consigo a muchos principiantes. FTX, la plataforma de Sam Bankman-Fried, que en su apogeo fue la tercera mayor plataforma, colapsó.
Trump en acción
Sin embargo, para el otoño de 2025, las criptomonedas volvieron a experimentar un auge. El valor del Bitcoin se multiplicó por seis, pasando de su mínimo de US$ 20,000 en 2023 a US$ 120,000, y el valor total de los criptoactivos se triplicó en el mismo periodo. En el año previo a junio de 2025, el número de criptomultimillonarios aumentó casi un tercio hasta 36 personas. Y Trump, que había dedicado gran parte de su campaña a prometer que la bonanza continuaría, aprovechó ese auge para llegar a la Casa Blanca.
En un principio, durante su primer mandato y tras dejar el cargo, se mostró abiertamente escéptico, denunciando las criptomonedas como una estafa y advirtiendo que podrían debilitar el dólar estadounidense. Pero en 2024, Trump anunció que era el candidato de las criptomonedas y que convertiría a EE.UU en la capital mundial de las criptomonedas. Su conversión fue la culminación de una larga campaña de promoción y, aún más, su toma de conciencia de las posibilidades de enriquecimiento para su familia.
Negocios privados
Las empresas de criptomonedas gastaron más de US$ 245 millones en la campaña presidencial de Trump y de otros candidatos pro- criptomonedas. A la cabeza de esta ofensiva se encontraban: Fairshake, Protect Progress y Defend American Jobs, que recaudaron y canalizaron fondos de empresas como Coinbase, Ripple y Jump Crypto, así como de inversores como Andreessen Horowitz y los gemelos Winklevoss, para elegir la mayor cantidad posible de candidatos bipartidistas a favor de éstas.
Epstein señala que Trump y su familia están bastante satisfechos con usar sus vínculos con la industria de las criptomonedas como una forma de ganar dinero. Mediante el lanzamiento de las criptomonedas $TRUMP y $MELANIA y una participación importante en World Liberty Financial, una empresa financiera vinculada a las criptomonedas fundada por Trump. Se estima que el 70% de los US$ 3,400 millones que la familia Trump ha ganado explotando su papel como presidente provienen de negocios relacionados con las criptomonedas.
Criptomonedas al poder
Según Epstein el mayor logro de estos financistas fue convertir a Trump en su ferviente defensor, quien, una vez en el cargo, no tardó en recompensar la generosidad de sus donantes. En febrero, nombró a un grupo de funcionarios afines a las criptomonedas para dirigir importantes agencias reguladoras financieras.
Entre estos a Paul Atkins como presidente de la Comisión de Bolsa y Valores (SEC), Scott Bessent como secretario del Tesoro y Jonathan Gould como interventor de la moneda. Además, creó un nuevo cargo, el de zar de la IA y las criptomonedas, para el que designó a David Sacks, quien, en su primera rueda de prensa, declararía triunfalmente que la guerra contra las criptomonedas ha terminado.
¿Proyecto político?
Epstein anota que la velocidad, el alcance y la magnitud del resurgimiento de las criptomonedas reflejan el éxito de un proyecto político mucho más que de uno puramente económico. Pero ¿qué pretende lograr este proyecto y a qué precio? Aprovechando la codicia y la corrupción de la familia Trump y sus allegados, así como de muchos demócratas, la industria de las criptomonedas ha conformado un gigante que busca revolucionar el sistema financiero para situar a las criptomonedas y sus empresas en el centro de las finanzas, no solo en EE.UU, sino en todo el mundo.
No solo pretenden controlar el sistema financiero privado, sino también privatizar el activo financiero público más importante de la economía mundial: el dólar estadounidense. Al vincular las criptomonedas al dólar americano mediante las llamadas stablecoins, esperan beneficiarse de las ventajas que EE.UU obtiene gracias al papel fundamental que desempeña su moneda en la economía global.
Desregulación y corrupción
Según Epstein fruto de estos acuerdos Trump firmó una orden ejecutiva que suspendía la aplicación de la Ley de Prácticas Corruptas en el Extranjero durante 180 días. En abril, la administración disolvió por completo el Equipo Nacional de Aplicación de la Ley de Criptomonedas del Departamento de Justicia (DOJ).
Ese mismo mes, el DOJ emitió un comunicado anunciando que dejaría de investigar y presentar casos de lavado de dinero o financiación ilícita contra plataformas de negociación, monederos digitales o servicios que aumentan el anonimato, conocidos como mezcladores y apiladores. Y la SEC redujo drásticamente su personal de aplicación de la ley de criptomonedas y archivó investigaciones y demandas, especialmente contra empresas de criptomonedas con vínculos directos con la familia Trump.
Inestabilidad absoluta
Las criptomonedas carecen de una de las características clave que debería tener una moneda: un valor estable. Han demostrado ser mucho más inestables que otros activos financieros y más impredecibles que el valor del dólar. Si bien la mayoría de las fluctuaciones de las criptomonedas no han alcanzado niveles de hiperinflación, algunas se han desplomado por completo (de hecho, según una estimación, más del 50 por ciento de ellas han fracasado desde 2021).
Para quienes desean expandir el uso de las criptomonedas, esta volatilidad plantea serios problemas. Aquí entran en juego las stablecoins, activos diseñados, como su nombre indica, para mantener un valor estable al vincularlo al de otro activo importante, como el dólar estadounidense. Si se lograra una paridad uno a uno con el dólar, estos solo variarían en la misma medida que el dólar. Ante todo, las stablecoins prometen expandir el mercado de criptoactivos y aumentar las ganancias de quienes los poseen.
El futuro posible, según Epstein, es aún más negativo ya que pretenden que, al menos inicialmente, este sistema esté respaldado por el dólar estadounidense, y que el gobierno y la Reserva Federal lo apoyarán, lo subsidiarán y, de ser necesario, lo rescatarán en caso de dificultades. Para ello, planean controlar el sistema desde dentro, creando un sistema paralelo no regulado basado en criptomonedas y activos, y permitiendo —e incluso incentivando— a los bancos y otras instituciones financieras tradicionales a integrarlos en sus operaciones generales para evitar ser superados por las nuevas entidades centradas en criptomonedas. Todo lo cual incentivaría más su negociación.
Peligros
El primero es la extracción descarada de más riqueza por parte de un número relativamente pequeño de criptocapitalistas adinerados, especialmente aquellos vinculados a Trump y su familia. El otro es el grave peligro de una crisis financiera masiva, no solo por los mismos riesgos de desregulación que causaron las crisis de la década de 1930 y de 2008, sino porque las criptomonedas son susceptibles a la piratería informática y la manipulación, lo que podría provocar que la situación se descontrole aún más, acota Epstein.
Otro es que las criptomonedas son un activo propicio para la exageración y los rumores. Dado que no funcionan como medio de intercambio (como el dinero tradicional) ni generan rentabilidad (porque no generan ingresos), su valor radica en su utilidad para eludir la ley —evasión fiscal, compraventa de productos ilegales, etc.— y como vehículo para la especulación sobre sus propias fluctuaciones. La perspectiva de que se produzca manía (euforia), pánico y cracs estarían a la vuelta de la esquina. El poder destructivo de estas burbujas —tanto al alza como a la baja— son mucho mayores si se alimentan con apalancamiento.
Según Epstein los peligros de las criptomonedas se ven agravados por su expansión en una economía cada vez más dominada por otra tecnología de alto riesgo: la inteligencia artificial. La burbuja de las acciones de IA y la proliferación de centros de datos, financiadas cada vez más por transacciones de riesgo, generan un vector independiente de riesgo económico, financiero y ambiental en la economía estadounidense. Los riesgos de las criptomonedas pueden incrementar los peligros de la IA. El sistema financiero se está volviendo cada vez más frágil debido a la desregulación, el aumento del apalancamiento y menor transparencia.
Colofón
Si bien la locura de las criptomonedas y la IA está a la vanguardia de la demencia económica que asola EE.UU, no es más que el síntoma más visible de un bloque político profundamente destructivo que está tomando el control del gobierno. Poner orden en este tema no es tarea fácil, pero el hecho de que estemos al borde de un colapso financiero altamente probable debería centrar nuestra atención en ello.
Epstein finaliza proponiendo una estrategia triple para enfrentar el caos. En primer lugar, se deben restablecer las regulaciones financieras para evitar la expansión descontrolada de las criptomonedas y las stablecoins en el sistema financiero. Reanudar los procesos por lavado de dinero y fraude por parte del Departamento de Justicia, y reafirmar las normas de estabilidad financiera. En segundo lugar, habría que reforzar el apoyo a los sistemas públicos de pagos digitales. Y en tercer lugar: no a los rescates financieros para los capitalistas de las criptomonedas y la IA a costa del resto del país.

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