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Economía para todos Carlos Parodi Carlos Parodi

El Balance de una Institución Financiera









Una de las manifestaciones de una crisis financiera es el deterioro de los balances bancarios. El colapso de una burbuja especulativa reduce el valor de los activos y lleva a una insolvencia bancaria. La quiebra o bancarrota debido a la insolvencia aparece cuando los activos son menores que los pasivos y la entidad financiera no tiene capital para cubrir las pérdidas. Aclaremos algunos conceptos.

Una de las manifestaciones de una crisis financiera es el deterioro de los balances bancarios. El colapso de una burbuja especulativa reduce el valor de los activos y lleva a una insolvencia bancaria. La quiebra o bancarrota debido a la insolvencia aparece cuando los activos son menores que los pasivos y la entidad financiera no tiene capital para cubrir las pérdidas. Aclaremos algunos conceptos.

En términos generales los activos son

el valor monetario de todos los bienes,
tangibles o intangibles que la empresa posee.

De acuerdo con las Normas
Internacionales de Información Financiera (NIIF), un activo es un recurso
controlado por la empresa como resultado de eventos pasados y cuyos beneficios
futuros fluirán hacia la empresa; como un activo tiene un valor monetario,
puede obtenerse liquidez, producto de su venta. Los pasivos son

el valor
monetario de todo lo que la empresa debe

; en otras palabras, son
obligaciones presentes surgidas de eventos pasados y que deberán ser canceladas
en el momento indicado. El capital (también llamado patrimonio) es lo que queda
luego de pagar los pasivos y pertenece a los dueños de la empresa, es decir, es
la diferencia entre lo que tiene y lo que debe.

  

Un balance es un estado contable de una
empresa financiera o no financiera que muestra el total de activos, pasivos y
capital. En otras palabras, consiste en una lista de pasivos o fuente de fondos
(de dónde obtiene el dinero) y activos o usos de los fondos de una entidad (en
que usa el dinero obtenido); por ejemplo, para un banco el depósito de un
ahorrista es un pasivo, pues no es dinero del banco (es como si el depositante prestara
dinero al banco); el banco invierte el dinero (en la acepción más simple, lo
presta) y obtiene un interés que tiene dos fines: retribuir al ahorrista

 

y obtener una ganancia; para que lo anterior
sea posible, la tasa de interés que el banco le paga al ahorrista (pasiva) debe
ser menor que la tasa que cobra a al inversionista (activa). La ganancia es el
capital o patrimonio. El sustantivo

balance


alude a siguiente ecuación contable:

Activos
totales = Pasivos totales + capital

La ecuación anterior sirve para
comprender la crisis inmobiliaria de Estados Unidos y algunos países europeos desde
el punto de vista de los bancos; desde los primeros años del siglo XXI, el
aumento de los préstamos hipotecarios generó un crecimiento en la demanda por
viviendas y elevó sus precios. La garantía del préstamo era la vivienda. Al aumentar
el precio, ocurría lo mismo con los activos de los bancos, pues los créditos hipotecarios son un activo
para la entidad financiera.
Como los pasivos mantenían su valor, el capital
o patrimonio aumentaba.  Dicho de otro
modo, si el banco vendía sus activos podía pagar sus pasivos y quedaba dinero
para los accionistas.

Alrededor del tercer trimestre de 2006
disminuyeron los precios de las viviendas, evento conocido como el estallido de
la burbuja hipotecaria; como consecuencia, las hipotecas y los títulos
respaldados por las mismas (activos para las entidades financieras) tuvieron
que ser registrados a un valor menor (del inglés,

writedown

). En otras palabras, ocurrió un fenómeno similar, pero a
la inversa: el valor de los activos mostró una reducción al ritmo de la
disminución del precio de las viviendas. La insolvencia apareció cuando el
valor de los pasivos superó al de los activos y el capital no alcanzó para
pagar las deudas. Una opción era aumentar el capital, operación conocida como recapitalización.
Había que inyectar dinero a los bancos para cubrir las pérdidas originadas en
la tenencia de activos que ya no tenían valor y que la literatura bautizó como tóxicos.

 

Veamos la secuencia anterior con un
ejemplo. Imaginemos a un banco hipotético, que tiene tres categorías de
activos: préstamos hipotecarios por un valor de US$1000, inversiones en bonos
del tesoro por US$ 900 y US$ 100 en efectivo y reservas (cantidad que el banco
mantiene en el banco central de manera obligatoria). El total de activos,
obtenido mediante la suma de los tres componentes asciende a US$ 2000, es
decir, tienen un valor monetario; como consecuencia, pueden ser vendidos a
cambio de dinero.

Por otro lado, supongamos que el banco
tiene tres clases de pasivos: US$ 1000 en depósitos de los ahorristas,
préstamos de corto plazo que el banco toma de otras entidades del sistema por
US$ 400 y préstamos de largo plazo por un valor de US$ 400; así, el total de
los pasivos asciende a US$ 1800 y es dinero que representa deuda con terceros.
El capital o patrimonio es la diferencia entre los activos totales y los
pasivos totales y representa el valor de la institución para los accionistas.
En el ejemplo, el capital es de US$ 200.

La insolvencia o bancarrota de un banco
ocurre cuando los activos son menores que los pasivos y el capital no alcanza
para cubrir la diferencia. Las autoridades regulatorias determinan los
requerimientos de capital, definidos como el capital que deben mantener las
entidades financieras como porcentaje de los activos. Los acuerdos de Basilea I
establecen requerimientos por 8%. [1]



[1] Los acuerdos de Basilea I son un conjunto de recomendaciones cuyo
objetivo fue el establecimiento del capital mínimo que debía tener un banco
tradicional, es decir, que recibe depósitos de ahorristas (por oposición a
bancos de inversión).  El monto dependía
del riesgo de los activos que mantenía en su balance.  

 

 

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