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Economía para todos Carlos Parodi Carlos Parodi

Respuestas frente a las Burbujas Especulativas

En las tres entregas anteriores hemos desarrollado el
concepto de burbuja especulativa; aquí una síntesis:
 

En las tres entregas anteriores hemos desarrollado el
concepto de burbuja especulativa; aquí una síntesis:

 

  1. Una burbuja aparece cuando el aumento en el precio de un activo tiene como causa la especulación, es decir, la creencia de poder venderlo a un precio más alto. Es posible que el aumento inicial tenga alguna razón fundamental, pero ello desata la euforia especulativa; por esa razón, el precio de un activo tiene un componente fundamental y otro especulativo. 
  2. Un boom crediticio sostiene el desarrollo de una burbuja. El crédito es procíclico, pues de lo contrario, ¿cómo mantener el aumento en la demanda? 
  3. No es simple identificar una burbuja, pues no todo boom corresponde a una burbuja, si el movimiento en el precio ha tenido como única causa un cambio en los factores fundamentales.  
  4. No toda burbuja genera una crisis financiera. Los booms tienden a originar una crisis cuando están asociados a un alto nivel de apalancamiento, que corresponde al caso usual de las viviendas. 
  5. Más allá del uso del término burbuja a lo largo de la historia han existido comportamientos extraños en los precios de ciertos activos los que sin razón alguna experimentan aumentos explosivos para luego colapsar. Una observación de la evolución del precio de las viviendas en los Estados Unidos entre 1995 y 2006 lleva a la misma conclusión. 
¿Qué hacer ante un boom en el precio de un activo?  El problema de partida es cómo actuar ante un fenómeno difícil de detectar, además de no conocer con precisión el momento de su inicio. Sin embargo, la repetición de crisis financieras a lo largo de la historia muestra que en la mayoría de casos han sido precedidas por una burbuja; por lo tanto, siempre existe el riesgo de una nueva asociada a períodos de boom crediticio. Existen varias posiciones sobre qué hacer frente a una burbuja:
En primer lugar, la posición ortodoxa fuerte sugiere esperar el estallido para actuar y está basada en tres argumentos: 
  • La identificación y detección de una burbuja es una tarea compleja, por la dificultad de conocer el valor fundamental de un activo y por ende la desviación del mismo. Un aumento en el precio de un activo puede tener una parte explicada por fundamentals y otra por expectativas; ¿cómo precisar las proporciones, dado que los fundamentals  no son observables? 
  • Bajo el supuesto que la burbuja haya sido detectada, la política monetaria no es la herramienta de política apropiada para enfrentarla. Una burbuja en el precio de un activo no responde a pequeños cambios en la tasa de interés. 
  • Una elevación drástica de la tasa de interés puede desinflar la burbuja, pero causa más costos que beneficios a la economía en términos del nivel y volatilidad del nivel de producción futuro. 
Por lo tanto, como una burbuja solo puede identificarse luego del colapso, la política monetaria debe esperar que estalle la burbuja  para intervenir. A juzgar por lo ocurrido en la crisis de 2007 en los Estados Unidos, los efectos negativos sobre el producto son mayores con la inacción; de ahí que con posterioridad a la crisis, la posición de esperar para actuar ha sido cada vez más cuestionada. 
En segundo lugar, la postura ortodoxa moderada convencional o estándar sugiere al menos dos temas: en primer lugar, enfrentar la burbuja, pues existen y causan daño pese a los problemas de detección; en segundo lugar, el banco central debe conducir los precios de los activos fuera de un presumible sendero de una burbuja. El instrumento es la elevación de la tasa de interés. Dicho de otro modo, el BCR previene el desarrollo de una burbuja y con ello evita los impactos posteriores sobre el producto y los precios. El riesgo es que no exista la burbuja y por ende los efectos negativos sobre el producto sean innecesarios. No obstante, la incertidumbre respecto de la detección de la burbuja justifica la acción; la metáfora con un seguro es ilustrativa: tomar un seguro supone un costo en caso no ocurra el evento catastrófico,  pero un beneficio (que supera al costo) en caso sí ocurra.    
Si existen temores sobre los efectos negativos de una política monetaria contractiva sobre el producto, ¿qué hacer frente a las burbujas? Usar el otro instrumento, es decir, la supervisión y regulación, pues el daño sobre el sector productivo ocurre a través del sistema financiero.  A mayor desarrollo del sistema financiero, mayor amplitud del impacto. Por lo tanto, la regulación directa debe avanzar al ritmo de la innovación y creación de nuevos productos financieros, que buscan evadirla. 
En tercer lugar, la visión alternativa a la ortodoxa, conocida como leaning against the wind,  argumenta que la autoridad monetaria debe considerar responder directamente al boom en el precio del activo; en otras palabras, la respuesta debe ser pinchar la burbuja. Actuar y no esperar resume la posición.  El instrumento es una elevación más agresiva de la tasa de interés, por encima de lo que sugiere la posición ortodoxa moderada o convencional, a pesar de la dificultad de no conocer el momento preciso del boom. El resultado será una contracción del producto y del empleo en el corto plazo, que representa el costo de mitigar el riesgo de un caos financiero y económico posterior. 
Entonces, ¿qué divide a la posición ortodoxa (esperar para actuar) de aquella que sugiere enfrentar la burbuja (actuar y no esperar)? En primer lugar, la posición ortodoxa cuestiona la existencia misma de la burbuja, al menos en su versión fuerte; como los precios siempre reflejan toda la información disponible, las burbujas no existen. En segundo lugar, aceptando la existencia de las burbujas, la identificación a tiempo es una tarea complicada, pues no son simples de detectar. En tercer lugar, asumiendo que es posible la identificación de una burbuja, ¿es el desafío tan serio que amerita una respuesta inmediata de la política monetaria?
Sobre la base de la ausencia de precisión, parece que la herramienta convencional de la política monetaria (cambios en la tasa de interés interbancaria) no es la más adecuada para enfrentar una burbuja;  la opción es la supervisión y regulación financiera para evitar la aparición de la burbuja. Una de las lecciones de la crisis es la necesidad de prevenir la formación de burbujas a través de regulaciones más estrictas en el sistema financiero.  Evitar la toma de riesgos excesivos y controlar los niveles de apalancamiento aparecen como opciones a implementar. 

 

 

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