Resiliencia territorial y reducción de la vulnerabilidad en Lurigancho–Chosica: una propuesta de modelo operativo para el desarrollo sostenible
Mary Mollo Medina. Profesora de la Maestría en Gestión Pública de ESAN. Secretaria técnica de la Red RiesGIRD-ACC Perú y América Latina y el Caribe.
Los desastres que afectan recurrentemente a Lurigancho–Chosica evidencian que el problema central no es la amenaza natural, sino la persistencia de condiciones de vulnerabilidad física, social, ambiental, económica e institucional. Este artículo sostiene que la resiliencia territorial debe entenderse como la capacidad de un territorio para reducir de manera sostenida dichas vulnerabilidades mediante una gobernanza colaborativa, la producción de conocimiento científico y la promoción de inversiones públicas y privadas orientadas a la prevención.
En este contexto, se presenta el Laboratorio Territorial de Lurigancho–Chosica como un modelo operativo impulsado por la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI), la Universidad ESAN, la Universidad Nacional Agraria La Molina (UNALM) y la Municipalidad Distrital de Lurigancho–Chosica, con la participación progresiva de entidades públicas, organismos técnico-científicos, organismos de cooperación internacional, empresas privadas y organizaciones sociales.
Un cambio de paradigma en la gestión del riesgo de desastres y la reconstrucción
La resiliencia territorial no consiste únicamente en reconstruir después de un desastre. Representa la capacidad de un territorio para anticipar, prevenir, adaptarse y transformarse frente a amenazas cada vez más intensas asociadas al cambio climático. En un territorio estratégico como Lurigancho–Chosica, donde convergen la seguridad hídrica de Lima, la conectividad nacional y una importante infraestructura crítica, la resiliencia constituye una condición indispensable para el desarrollo sostenible.
La apuesta consiste en reducir la vulnerabilidad para construir resiliencia. El modelo propuesto parte de un principio sencillo: la resiliencia aumenta cuando disminuye la vulnerabilidad multidimensional. En consecuencia, la medición del desempeño territorial debe centrarse en resultados verificables y no únicamente en la ejecución de proyectos aislados sin una evaluación de su impacto.
El modelo operativo del Laboratorio Territorial constituye una experiencia pionera porque propone una plataforma permanente de articulación entre la academia, el Estado, la empresa y la ciudadanía. Su lógica de intervención comprende seis componentes: (1) generación de evidencia científica; (2) diagnóstico territorial integrado; (3) gobernanza multiactor; (4) priorización de inversiones resilientes; (5) implementación y monitoreo; y (6) evaluación de la reducción de la vulnerabilidad y del incremento de la resiliencia territorial.
La efectividad del modelo se evaluará mediante los siguientes indicadores:
No solo es ciencia, es gestión, es interaprendizaje por ello se valorará un Índice de resiliencia territorial. Se propone desarrollar un Índice de Resiliencia Territorial de Lurigancho–Chosica, construido a partir de un Índice de Vulnerabilidad Multidimensional. Bajo este enfoque, la resiliencia se incrementa conforme disminuyen las vulnerabilidades física, social, ambiental, económica e institucional, permitiendo evaluar objetivamente el impacto de las inversiones y de la gobernanza territorial.
Conclusión
El Laboratorio Territorial de Lurigancho–Chosica representa una innovación institucional con potencial para convertirse en un referente nacional y latinoamericano. Su principal aporte consiste en demostrar que la resiliencia territorial puede gestionarse, medirse y fortalecerse mediante una gobernanza multinivel, la integración del conocimiento científico y la participación coordinada de múltiples actores.
Más que responder a los desastres una vez ocurridos, el desafío consiste en transformar el territorio reduciendo sus vulnerabilidades estructurales y orientando la inversión pública hacia la prevención y la adaptación al cambio climático. De este modo, la resiliencia deja de ser únicamente una aspiración y se convierte en un objetivo medible, gestionable y fundamental para el desarrollo sostenible de los territorios.

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