Inteligencia artificial en el trabajo: más allá del entusiasmo inicial
Por: Jessica Alzamora. Directora de Talento Humano y Cultura de ESAN. Directora de la Maestría en Organización y Dirección de Personas de ESAN Graduate School of Business.
Hoy es difícil encontrar una organización donde la inteligencia artificial no forme parte de alguna conversación. Se habla de nuevas herramientas, productividad, automatización y oportunidades de negocio. Sin embargo, detrás de ese entusiasmo suele aparecer una inquietud mucho más práctica: ¿cómo lograr que las personas incorporen realmente la IA a su forma de trabajar? Porque una cosa es probar una herramienta. Otra muy distinta es convertirla en parte del trabajo cotidiano. Y es precisamente ahí donde muchas organizaciones empiezan a encontrar sus mayores desafíos.
En los últimos meses, conversando con distintos líderes y equipos, he observado una situación recurrente. Las personas reconocen el potencial de la IA, muestran interés por aprender y, en muchos casos, ya la utilizan para algunas tareas específicas. Sin embargo, eso no significa necesariamente que hayan cambiado la forma en que trabajan.
La diferencia puede parecer sutil, pero es importante. Utilizar una herramienta ocasionalmente no es lo mismo que integrarla al trabajo diario de manera consciente y consistente.
No todos parten del mismo lugar
Existen varios motivos que explican esta realidad, pero todos tienen un elemento en común: las personas no inician este proceso desde el mismo punto. Mientras algunas exploran constantemente nuevas funcionalidades y buscan maneras de optimizar su trabajo, otras aún intentan comprender cómo estas herramientas pueden ayudarlas en tareas concretas.
También existen diferencias en las capacidades digitales, en el nivel de confianza frente a la tecnología y en la disposición a modificar hábitos que durante años han permitido obtener buenos resultados.
A ello se suman preocupaciones que muchas veces permanecen fuera de la conversación. Algunas personas temen equivocarse al utilizar estas herramientas. Otras desconfían de la calidad de las respuestas. Y otras se preguntan qué impacto podría tener la inteligencia artificial sobre sus funciones en el futuro. Ninguna de estas inquietudes es irracional. Forman parte de cualquier proceso de cambio significativo.
Por eso, antes de preguntarnos cómo acelerar el uso de la IA, quizás conviene hacernos una pregunta previa: ¿qué tan preparada está realmente nuestra organización para integrarla de manera sostenible?
Capacitar ayuda, pero no siempre cambia hábitos
Frente al desafío de incorporar IA, muchas organizaciones han respondido de una manera lógica: capacitando. Y sin duda la capacitación es importante. Sin embargo, aprender a utilizar una herramienta y decidir incorporarla al trabajo cotidiano son cosas distintas. La primera implica adquirir conocimientos. La segunda supone cambiar hábitos.
Pensemos en dos colaboradores que reciben exactamente la misma capacitación. Uno empieza a utilizar IA para preparar borradores, resumir información y ordenar ideas antes de una reunión. El otro vuelve a sus métodos habituales una semana después. La diferencia no necesariamente está en la capacitación recibida, sino en el valor que cada uno encuentra al incorporarla a su trabajo.
Por eso no es extraño encontrar personas que han asistido a talleres, conocen las funcionalidades básicas de una herramienta y, aun así, continúan trabajando exactamente igual que antes. No necesariamente porque se opongan al cambio, sino porque todavía no encuentran una razón suficientemente poderosa para modificar la forma en que realizan sus tareas.
Las personas rara vez cambian únicamente porque alguien les dice que deben hacerlo. Lo hacen cuando perciben que una nueva forma de trabajar les ayuda a obtener mejores resultados, resolver problemas de manera más eficiente o liberar tiempo para actividades de mayor valor.
Antes de impulsar, conviene comprender
Cuando una organización decide acelerar el uso de inteligencia artificial, suele concentrarse en las herramientas disponibles o en la velocidad de implementación. Sin embargo, comprender el punto de partida puede ser igual de importante.
¿Qué áreas ya están encontrando valor? ¿Dónde existen mayores barreras? ¿Qué capacidades necesitan fortalecerse? ¿Qué preocupaciones están presentes? ¿Existen diferencias generacionales o de familiaridad con la tecnología que deban ser consideradas?
Responder estas preguntas permite diseñar estrategias mucho más realistas que asumir que todos los colaboradores tienen las mismas necesidades o están preparados para avanzar al mismo ritmo. Porque, aunque la tecnología sea la misma para todos, la forma en que las personas se relacionan con ella no lo es
De la curiosidad al hábito
La verdadera integración ocurre cuando la IA deja de sentirse como una herramienta adicional y empieza a formar parte de la manera habitual de trabajar. Eso sucede cuando una persona descubre que puede analizar información más rápido, preparar un primer borrador de una presentación en menos tiempo, resumir documentos extensos o dedicar más energía a tareas que realmente requieren criterio humano.
Pero para que esto ocurra, las organizaciones también deben generar condiciones que faciliten la experimentación. Compartir casos de uso cercanos, promover espacios de aprendizaje entre pares, visibilizar experiencias exitosas o generar pequeños desafíos prácticos suele ser más efectivo que limitarse a ofrecer nuevas capacitaciones. La adopción sostenida no ocurre porque exista una herramienta disponible. Ocurre cuando las personas encuentran valor suficiente para incorporarla a su trabajo.
El reto que viene
Probablemente la pregunta ya no sea si la inteligencia artificial transformará las organizaciones. La verdadera pregunta es qué tan preparadas están las personas para transformar la forma en que trabajan junto a ella. Porque al final, la IA no se integra simplemente porque exista. Tampoco porque una organización compre licencias o desarrolle programas de capacitación. Se integra cuando las personas descubren que les ayuda a trabajar mejor. Y quizás esa sea una de las lecciones más importantes que nos deja esta nueva etapa: las transformaciones más profundas rara vez son exclusivamente tecnológicas. Siguen siendo, ante todo, profundamente humanas.

:quality(75)/blogs.gestion.pe/conexion-esan/wp-content/uploads/sites/213/2023/06/ESANa2.jpg)