Minería, inversión y desarrollo: ¿qué es lo que el Perú necesita?
Por: Enrique Alania. Director de Negocios Corporativos de ESAN.
Nuestro país es, gracias a Dios, un país minero. Tenemos recursos en nuestro subsuelo y eso es un hecho que debiera alegrarnos y ser motivo de celebración. Ahora bien, explotar un recurso minero no es un tema sencillo. Puedo intuir que parte de nuestra población piensa que es como si uno hiciera un hueco y sacara dinero, y eso está ciertamente muy lejos de la realidad.
Lo primero que habría que afirmar es que la minería es un negocio de largo plazo, lejano de toda especulación. Uno hace minería, especialmente de cobre, para varias décadas. Así que la predictibilidad de las reglas es un requisito indispensable para atraer inversiones. En el trabajo de ser un país predecible, debemos garantizar la estabilidad de la legislación que recibe a un inversionista. Como cualquiera de nosotros, pondremos nuestro dinero donde sepamos cuánto vamos a recibir de intereses. No creo que nadie ahorre en un banco que le cambie las condiciones si uno tiene un depósito a plazo fijo.
La inversión minera consigue rentabilizar el recurso que tenemos en el subsuelo. La riqueza del subsuelo es propiedad de todos los peruanos y debe ser utilizada para mejorar las condiciones de vida de los más pobres. Qué hacemos con el dinero generado no es responsabilidad del inversionista, sino de nosotros, los ciudadanos. La educación pública, la salud pública y la seguridad ciudadana deben mejorar, y los recursos para ello están en explotar la riqueza minera del Perú. El Estado es un “accionista” que cobra a través de los impuestos.
Es cierto que el Estado debe buscar y lograr que las poblaciones cercanas a las operaciones mineras tengan y sientan su presencia. Por esa razón, la consulta previa es una herramienta para conocer cómo el Estado debe hacerse presente y también para que la empresa conozca qué puede hacer para coadyuvar al progreso social de la zona. Es muy importante que la empresa ayude a fortalecer la presencia del Estado, mas nunca a reemplazarlo. Así, todos los actores de la sociedad debemos trabajar en ello, pero también es cierto que se deben democratizar los beneficios. No es sostenible que existan distritos en el Perú que tengan recursos en demasía mientras otros no tengan lo necesario. Debemos ser solidarios entre todos los pueblos.
Asimismo, debemos fortalecer la presencia del Estado antes de depender únicamente de mecanismos como la consulta previa. Sin desdeñar que cualquier operación debe respetar el medio ambiente y tener planes de mitigación, estos mecanismos no pueden convertirse en herramientas ideológicas; deben buscar la eficiencia social. Y esa eficiencia social no debe beneficiar solo a una población, sino a todo el país.
La minería puede hacer que nuestro país alcance niveles del primer mundo. Cada vez es más fácil comprender que vivimos en un mundo completamente interconectado y que debemos tener buenos “administradores de la cosa pública”, a quienes se debe evaluar por la mejora en los niveles de vida de todos los peruanos. Que no pase como con Camisea, que demoró muchos años en convertirse en un beneficio real para la población.

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