Inversión en ETFs: cuando la pasividad rinde
Por: Luis Mendiola. Profesor de Finanzas de ESAN University.
El ETF de inversión pasiva dejó de ser un instrumento reservado para inversionistas sofisticados. Hoy ocupa una posición central en los mercados financieros, y su expansión es solo el reflejo de un cambio más profundo: la forma en que las personas entienden la inversión está cambiando. Ya no todos buscan “ganarle al mercado”. Muchos simplemente quieren participar en él, con bajos costos, liquidez y menos complejidad.
La lógica detrás de un ETF pasivo es sencilla: replicar un índice. No busca seleccionar empresas “ganadoras” ni anticipar movimientos del mercado. Si el índice sube, el ETF sube; si cae, el ETF cae. Esa simplicidad terminó siendo una ventaja competitiva frente a muchos fondos activos que cobraban comisiones altas y no lograban superar consistentemente a sus benchmarks.
Estados Unidos representa el mejor ejemplo de esta transformación. Según estimaciones de State Street Global Advisors, los ETFs concentran más de la mitad del mercado global de estos instrumentos. Y no se trata solo de inversionistas minoristas; también participan fondos institucionales, aseguradoras y gestores patrimoniales, quienes están aumentando su exposición a ETFs pasivos para construir portafolios completos.
El fenómeno tiene varias explicaciones:
- El costo. Un ETF pasivo suele cobrar comisiones mucho menores que un fondo gestionado activamente. En horizontes largos, esa diferencia impacta directamente en la rentabilidad acumulada.
- Diversificación. Un solo ETF permite acceder a decenas o cientos de activos. Un inversionista puede comprar exposición al mercado global, a bonos soberanos, a tecnología o a mercados emergentes con una sola operación. Plataformas como Vanguard y justETF muestran cómo esta lógica de inversión global se ha masificado entre pequeños inversionistas.
- Psicológica. Muchos inversionistas perdieron confianza en la idea de encontrar constantemente al “mejor gestor”. Después de años observando fondos activos que no superaban a los índices, el ETF pasivo empezó a verse como una alternativa racional y disciplinada.
En América Latina, la tendencia avanza con más lentitud, pero sigue la misma dirección. Chile lleva ventaja por el tamaño relativo de su mercado de capitales y por la experiencia de sus inversionistas institucionales. Perú recién empieza a desarrollar una mayor presencia de ETFs locales, aunque el crecimiento reciente resulta llamativo. La Bolsa de Valores de Lima reveló que más del 80 % de la negociación de ETFs en bolsa corresponde a personas naturales. Ese dato importa porque muestra que el ETF pasivo está democratizando el acceso al mercado: el inversionista minorista ya no necesita grandes montos para construir una cartera relativamente diversificada.
El caso del ETF de bonos soberanos peruanos refleja bien esta tendencia. El instrumento permite invertir en una cartera de bonos del gobierno peruano con montos bajos. El producto ganó notoriedad por ofrecer rendimientos superiores a depósitos tradicionales en un entorno de inflación moderada y tasas todavía atractivas. Para muchos pequeños inversionistas, el ETF funciona como una puerta intermedia entre ahorrar y participar en el mercado de capitales.
El ETF de acciones peruanas tiene otra lógica: replica principalmente compañías mineras y financieras, sectores que dominan la composición del mercado local. El fuerte ciclo de commodities impulsó rendimientos extraordinarios en el corto plazo, atrayendo mayor atención hacia estos instrumentos.
Pero aquí aparece el primer problema estructural de la inversión pasiva en mercados pequeños como Perú. La diversificación tiene límites: un ETF peruano replica un mercado altamente concentrado. En la práctica, muchos inversionistas terminan expuestos a pocos sectores económicos, aunque perciban que están diversificando riesgos.
Otro tema es que la inversión pasiva funciona bien en mercados amplios y líquidos, donde existen cientos de empresas y suficiente profundidad bursátil. Estados Unidos puede sostener este modelo porque el mercado mantiene una enorme base de emisores, analistas y participantes activos que siguen evaluando compañías. Perú enfrenta una realidad distinta. El número de empresas líquidas es reducido y la cobertura de análisis financiero es limitada. Si el flujo de capital se dirige principalmente hacia ETFs pasivos, el mercado podría perder todavía más incentivos para desarrollar análisis independiente y nuevas emisiones. El ETF pasivo simplifica la inversión, pero no necesariamente fortalece el ecosistema bursátil por sí solo.
Hay otro elemento que merece atención: la inversión pasiva puede amplificar movimientos del mercado. Cuando ingresan recursos al ETF, el dinero se distribuye automáticamente hacia las empresas del índice, incluso si algunas presentan fundamentos débiles. El precio deja parcialmente de reflejar análisis individual y empieza a responder al flujo agregado hacia el vehículo indexado. En mercados desarrollados, esta discusión ya genera preocupación. En Perú, donde la liquidez es menor, el efecto podría sentirse con más intensidad.
Eso no significa que los ETFs pasivos sean negativos. Sería un error plantearlo así. Estos instrumentos están ayudando a ampliar el acceso al mercado financiero, reducen costos y facilitan la educación financiera. Para muchos jóvenes inversionistas representan el primer contacto con la bolsa. El problema aparece si se piensa que el crecimiento de ETFs equivale automáticamente al desarrollo del mercado de valores. No son lo mismo.
El mercado peruano necesita más emisores, más profundidad, más liquidez y mayor participación empresarial. Necesita que más compañías encuentren atractivo financiarse en bolsa. Necesita fortalecer el análisis financiero local. Ninguno de esos objetivos se resuelve únicamente con inversión pasiva.
Los ETFs pueden ser un excelente punto de partida. Acercan personas al mercado, familiarizan al inversionista con conceptos financieros y reducen el miedo de entrar a bolsa. Pero el reto verdadero empieza después. El sistema financiero necesita que parte de esos inversionistas evolucionen hacia una participación más activa y sofisticada.
La inversión pasiva seguirá creciendo, no hay duda. Pero ¿el mercado peruano será capaz de usar esa ola para profundizar su desarrollo o terminará convirtiéndose simplemente en un pequeño componente dentro de grandes flujos pasivos globales?

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