El fenómeno El Niño, inversión pública y vulnerabilidad en el Perú: el costo de no prevenir
Por: Mary Mollo Medina. Profesora e investigadora de ESAN School of Government. Secretaria Técnica Nacional de la Red de Universidades comprometidas con la Gestión Integral del Riesgo de Desastres y la Adaptación al Cambio Climático de Perú y LAC.
El Perú enfrenta nuevamente un escenario crítico. La persistencia del fenómeno de El Niño Costero hasta 2027, combinada con la probable ocurrencia de un Niño global, configura un contexto de riesgo climático compuesto que amenaza el crecimiento económico, la estabilidad social y la gobernanza territorial. Sin embargo, el problema no es solo climático: es estructural.
El Fenómeno El Niño, parte del sistema global ENOS, altera los patrones de lluvias, temperaturas y producción a escala planetaria. En el caso peruano, su versión costera tiene impactos más localizados, pero altamente destructivos: lluvias intensas, inundaciones y huaicos que afectan directamente a las ciudades, la infraestructura y las actividades productivas.
Históricamente, estos eventos han tenido efectos significativos sobre la economía. En episodios fuertes, el Perú puede perder entre 1 % y 2 % del PBI, afectando sectores clave como agricultura, pesca e infraestructura. Más aún, millones de personas están expuestas: hasta 11.2 millones en riesgo y cerca de 3.6 millones de viviendas vulnerables en el territorio nacional. Pero el verdadero problema es otro: el país sigue enfrentando El Niño con un modelo de inversión pública desbalanceado.
Actualmente, el Perú destina menos del 0.5 % del PBI a la Gestión del Riesgo de Desastres (GIRD), e incluso el principal programa presupuestal (PP0068) no alcanza el 0.1 % del PBI. En contraste, la inversión en agua y saneamiento asciende aproximadamente al 0.6 % del PBI, reflejando una mayor prioridad sectorial, aunque aún insuficiente para cerrar brechas.
Esta diferencia revela una contradicción crítica: el país invierte más en infraestructura que en protegerla. El agua, principal vector del riesgo en el Perú —con inundaciones, sequías y huaicos—, no está suficientemente articulada con la gestión del riesgo. Como resultado, la infraestructura construida se vuelve vulnerable y recurrentemente destruida.
El problema, entonces, no es solo cuánto se invierte, sino cómo se invierte dentro del sistema territorial. El Perú sigue atrapado en un ciclo reactivo: baja inversión en prevención genera alta vulnerabilidad, lo que produce mayores pérdidas, presión fiscal y, nuevamente, menor capacidad para invertir en prevención. Este círculo vicioso reproduce el riesgo y debilita el desarrollo.
Romper este patrón exige un cambio profundo en la política pública multisectorial.
Primero, es imprescindible pasar de un enfoque reactivo a uno prospectivo y correctivo del riesgo, donde la prevención sea el eje central del gasto público. Esto implica incrementar sostenidamente la inversión en GIRD hacia estándares internacionales cercanos al 1 %–2 % del PBI.
Segundo, se requiere un ordenamiento territorial vinculante. No es viable continuar ocupando quebradas, riberas y zonas inundables. El riesgo en el Perú no es natural: es socialmente construido por decisiones de uso del suelo.
Tercero, la inversión en agua y saneamiento debe ser resiliente. No basta ampliar la cobertura; se debe incorporar drenaje pluvial, protección de cuencas y diseño adaptado a eventos extremos. Sin esta integración, cada evento climático seguirá destruyendo lo construido.
Cuarto, es clave fortalecer la gobernanza multisectorial y multinivel. La articulación entre entidades como PCM, MEF, CENEPRED, SENAMHI, MVCS y gobiernos subnacionales debe pasar de la formalidad a la operación efectiva en el territorio.
Finalmente, el conocimiento debe ser un pilar. Universidades, centros de investigación y laboratorios territoriales pueden proveer evidencia, monitoreo y soluciones adaptadas a cada región.
El Niño no puede evitarse. Pero sus impactos sí pueden reducirse. La diferencia entre un evento climático y un desastre radica en la capacidad de anticipación del Estado. Hoy, el Perú no enfrenta solo un fenómeno natural, sino las consecuencias de décadas de desarticulación entre inversión, territorio y gestión del riesgo.
Y mientras esa brecha no se cierre, cada Niño seguirá costando más que el anterior.

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